Un Mundo Loco ●

El primer retrato fotográfico de Estados Unidos fue también un experimento de paciencia

El primer retrato fotográfico de Estados Unidos fue también un experimento de paciencia

La Library of Congress conserva en Washington un daguerrotipo diminuto que parece una selfie primitiva pero es, en rigor, una prueba temprana de que la fotografía podía capturar un rostro humano. La imagen fue hecha por Robert Cornelius en Filadelfia, en octubre o noviembre de 1839, apenas meses después de que Louis-Jacques-Mande Daguerre anunciara su procedimiento ante la Academia de Ciencias de Francia. Importa porque muestra el instante en que una técnica todavía torpe empezó a convertirse en una herramienta cultural para fijar identidad, presencia y memoria.

El dato fuerte está en la mecánica: Cornelius usó una caja con una lente tomada de un anteojo de opera y tuvo que exponerse al aire libre durante varios minutos, en el patio del negocio familiar de lamparas y arañas. La Library of Congress indica que la daguerrotipia temprana podía exigir exposiciones de entre tres y quince minutos, un tiempo casi absurdo para retratar personas. Por eso este autorretrato muestra un cuerpo inmovil sosteniendo una tecnología en estado experimental.

Una cara antes de la industria del retrato

Robert Cornelius no aparece en la imagen como un personaje solemne. Está corrido del centro, con el pelo desordenado, la mirada fija y una expresion entre alerta y cansada. Esa imperfeccion vuelve más valioso el daguerrotipo. No parece la fotografía oficial de alguien que ya sabe como posar ante una cámara; parece el registró de una persona probando sí el aparato puede, finalmente, quedarse con una cara.

El retrato fue tomado en 1839, el mismo año en que Daguerre hizo público su proceso. La rapidez con que Cornelius intentó adaptarlo en Estados Unidos habla de un circuito técnico muy veloz para la época: noticias científicas que cruzaban el Atlantico, artesanos que improvisaban dispositivos, optica aplicada a usos nuevos y una cultura urbana dispuesta a transformar una novedad química en comercio visual.

La placa visible mide 9 por 6,9 centímetros, aproximadamente un cuarto de placa. Es un objeto pequeño, frágil, materialmente alejado de la idea contemporánea de imagen infinita. No hay copia instantanea, ni archivo duplicado, ni pantalla. Hay una superficie metálica sensible, montada y conservada como pieza única.

La técnica que obligaba a quedarse quieto

El daguerrotipo producia una imagen directa sobre una placa metálica sensibilizada. No funcionaba como un negativo reproducible en serie. Cada pieza era, en buena medida, un objeto irrepetible. Eso explica parte de su aura: la fotografía nacia como procedimiento técnico, pero cada resultado tenía todavía algo de reliquia.

La dificultad principal para el retrato era el tiempo. Un paisaje, una fachada o una calle podian soportar exposiciones prolongadas. Un rostro humano no. Respirar, parpadear, mover apenas la cabeza o cambiar la tension del cuerpo podía arruinar la nitidez. Cornelius resolvio el problema de la manera más directa: se puso al sol, preparo el dispositivo y aguanto.

La Library of Congress describe el uso de una lente de anteojo de opera, un detalle que revela la cercania entre invencion, bricolaje y comercio. Antes de que la fotografía fuera una industria con cámaras fabricadas para retratos, fue un territorio de adaptaciones: cajas, lentes disponibles, química delicada, luz natural y mucha prueba.

La frase escrita detras de la placa

En el respaldo del objeto aparece una inscripcion famosa: "The first light picture ever taken. 1839". La frase no debe leerse como un certificado absoluto para toda la historia de la fotografía, pero sí como una señal de conciencia histórica. Quien la escribio entendia que esa placa ocupaba un lugar especial: una imagen de luz que había capturado a una persona cuando todavía parecia impractico hacerlo.

El objeto llegó a la Library of Congress como parte de la Marian S. Carson Collection y forma parte de la Daguerreotype Collection. La institución lo presenta como el retrato fotográfico estadounidense existente más antiguo. También señala que el original es demasiado frágil para manipularlo de manera corriente, por lo que se recomienda usar la imagen digital o copias de referencia.

Esa restriccion dice algo importante sobre los archivos fotográficos. La fotografía suele pensarse como multiplicacion, pero su historia temprana está llena de piezas vulnerables, objetos que deben ser protegidos de la misma curiosidad que despiertan.

De prueba química a gesto cultural

Llamarlo "la primera selfie" puede servir para atraer la mirada, pero reduce demasiado el fenómeno. Cornelius no estaba subiendo una imagen para construir una identidad social en red. Estaba probando si una máquina podía registrar una presencia humana sin que el cuerpo desapareciera en el tiempo de exposición. La diferencia es enorme.

La continuidad con el presente está en otro lado. Cada vez que una persona se mira en una cámara, negocia con una tecnología que transforma el rostro en dato visual. En 1839 esa negociacion exigia permanecer inmovil durante minutos. Hoy ocurre en una fraccion de segundo. El resultado cultural, sin embargo, conserva una raiz común: la necesidad de verificar que estuvimos ahi.

El daguerrotipo de Cornelius no es una curiosidad por ser viejo. Es raro porque muestra el momento en que el retrato dejó de depender exclusivamente de la mano de un artista y empezó a depender también de optica, química, metal, luz y tiempo. Una cara, quieta en un patio de Filadelfia, abrió una forma nueva de presencia.

Imagen: daguerrotipo de Robert Cornelius, autorretrato de 1839 conservado por la Library of Congress, Prints and Photographs División.

Fuente original: Library of Congress

Fuente: Library of Congress

seguir por tema

Rutas relacionadas con esta búsqueda

seguir en fotografía

Más notas de esta sección