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NASA liberó LAVA, el software que usa para probar cohetes, alas con hielo y paracaídas supersónicos

NASA liberó LAVA, el software que usa para probar cohetes, alas con hielo y paracaídas supersónicos

El 23 de abril de 2026, la NASA anunció que LAVA, el framework Launch, Ascent, and Vehicle Aerodynamics desarrollado en el Ames Research Center de California, quedó disponible para la comunidad aeroespacial de Estados Unidos a través del catálogo oficial de software de la agencia. Importa por una razón concreta: es la misma herramienta que NASA usa para calcular cómo se mueven el aire, el agua, las ondas de presión y los gases alrededor de cohetes, aviones y naves antes de una prueba física o una misión real.

El dato más fuerte es técnico y político al mismo tiempo. En el registro ARC-19062-1 del NASA Software Catalog, LAVA aparece como un entorno integrado de dinámica de fluidos computacional y multifísica para Linux, con tres paradigmas de malla, resolución de ecuaciones de Navier-Stokes compresibles, precisión de hasta cuarto orden y aceleración por GPU. Pero la misma ficha deja un límite claro: la modalidad de acceso figura como “U.S. Release Only”. No salió como software libre global. Salió como una transferencia estratégica de una herramienta que hasta ahora vivía sobre todo dentro de la infraestructura de NASA.

Un software de Ames que dejó de ser una herramienta de pasillo

LAVA no nació esta semana. Según el catálogo de software de NASA, viene evolucionando desde fines de la década de 2000 dentro de la rama Computational Aerosciences Branch. Su trabajo consiste en algo menos vistoso que un lanzamiento, pero igual de decisivo: traducir fenómenos aerodinámicos y térmicos extremadamente complejos en simulaciones lo bastante confiables como para orientar decisiones de ingeniería.

La nota oficial firmada por Diana Fitzgerald lo presenta sin rodeos: cuando un equipo necesita estimar un reingreso atmosférico, estudiar cuánto sustento pierde un ala cubierta de hielo o anticipar el ambiente acústico de un cohete en despegue, recurre a LAVA. Jared Duensing, líder del equipo en Ames Research Center, planteó la apertura como una forma de llevar precisión de nivel NASA a universidades, empresas pequeñas y laboratorios que no tienen décadas de desarrollo propio detrás.

La liberación quedó encuadrada en el programa Transformational Tools and Technologies, dependiente del Transformative Aeronautics Concepts Program de la Aeronautics Research Mission Directorate. No se trata de un experimento lateral, sino de una pieza que NASA considera útil para acelerar diseño aeroespacial dentro de su ecosistema tecnológico.

La prueba no fue teórica: ya intervino en Artemis II

La mejor manera de medir qué tan serio es LAVA no está en la descripción del catálogo, sino en sus casos de uso. El 20 de marzo de 2026, un mes antes de la liberación oficial, NASA publicó otra nota donde explicó cómo la herramienta ayudó a mejorar el entorno de lanzamiento de Artemis II. Usando datos del despegue de Artemis I en 2022, investigadores de Ames simularon la interacción entre la pluma del cohete Space Launch System, el aire, el agua del sistema de supresión acústica y la plataforma de lanzamiento.

La simulación arrojó un resultado menos intuitivo de lo que parece. El agua efectivamente reducía las ondas de presión sonora, pero los gases de escape también podían redirigir esa misma agua y concentrar presión en zonas específicas de la estructura. Con ese diagnóstico, ingenieros del Kennedy Space Center ajustaron los valores de presión de diseño y adaptaron la mobile launcher platform para soportar mejor esas cargas en Artemis II, la primera misión tripulada del SLS y Orion.

En la nota del 23 de abril aparece otra derivación concreta: para ese vuelo se añadieron dos strakes de seis pies de largo en la etapa central del SLS para suavizar vibraciones generadas por el flujo de aire durante el ascenso. Es un buen ejemplo del rol real de este tipo de software. No produce una imagen bonita para prensa. Produce un cambio físico en el vehículo.

Tres tipos de malla, GPU y problemas que antes llevaban días

Parte del interés de LAVA está en que no es un simulador de propósito único. El catálogo de NASA indica que automatiza pre y posprocesado, generación de grillas y trabajo multifísica dentro de un mismo entorno. También ofrece tres enfoques de malla: overset curvilínea estructurada por bloques, fronteras inmersas cartesianas con refinamiento adaptativo y mallas poliédricas no estructuradas. En la práctica, permite cambiar de representación matemática según el problema sin abandonar la misma plataforma.

Esa flexibilidad se combina con potencia de cálculo. NASA señala que LAVA corre con aceleración en GPU para ciertos métodos avanzados, incluido WMLES, y que ya mostró eficiencia destacada en Cabeus, la supercomputadora insignia basada en GPU de la agencia. La consecuencia práctica es directa: simulaciones que antes podían tardar días o semanas ahora pueden resolverse en horas.

No se limita a cohetes. NASA lo usó para estudiar despliegue de paracaídas supersónicos en misiones marcianas, un problema difícil de reproducir en la atmósfera terrestre, y para estimar cómo afectan las formaciones de hielo el rendimiento de alas aeronáuticas. El equipo de Ames también trabaja en simulaciones que acoplan dinámica de fluidos, mecánica estructural y contacto para inflado de paracaídas, con aplicaciones potenciales en misiones como Dragonfly hacia Titán y DaVinci hacia Venus. Ese cruce entre cohetes, aviones y entradas planetarias es una de las razones por las que LAVA importa fuera del nicho del software técnico.

Apertura parcial: disponible, pero no para cualquiera

La liberación tiene un detalle que cambia bastante su sentido. LAVA está disponible a pedido desde el catálogo oficial, pero no aparece como recurso abierto para cualquier país o desarrollador. La ficha técnica especifica “U.S. Release Only”, una categoría habitual cuando una tecnología pública también conserva valor estratégico o restricciones de transferencia.

Eso deja a LAVA en una zona interesante. Por un lado, la herramienta sale del circuito interno y puede empezar a influir en proyectos de investigación universitaria, startups aeronáuticas, fabricantes de drones, taxis aéreos o contratistas espaciales de Estados Unidos. Por otro, sigue siendo un activo curado, no una descarga libre. La apertura existe, pero tiene fronteras.

La consecuencia inmediata es concreta: una parte del know-how computacional con el que NASA corrige vibraciones, calcula cargas de lanzamiento y ensaya entradas atmosféricas deja de estar encapsulada en la agencia. La pregunta técnica que queda abierta también es concreta: si una herramienta capaz de modificar hardware real ya empezó a circular fuera de NASA, ¿qué nuevas ventajas competitivas deberá reservarse la agencia para su próxima generación de simulación?

Fuente original: NASA

Fuente: NASA