El 1 de mayo de 2026, NASA presentó la misión STORIE, un instrumento que despegará hacia la Estación Espacial Internacional a bordo de la misión CRS-34 de SpaceX, programada para no antes del 12 de mayo. Su objetivo no es mirar una galaxia ni un planeta, sino una estructura mucho más cercana e igual de difícil de observar: la corriente anular terrestre, un cinturón invisible de partículas cargadas que rodea la Tierra y se vuelve más inestable cuando el Sol lanza tormentas. Importa porque esas variaciones pueden afectar satélites, sumar rozamiento en órbita baja y producir corrientes inducidas en sistemas eléctricos en tierra.
El dato más fuerte es la geometría de la misión. STORIE, sigla de Storm Time O+ Ring current Imaging Evolution, quedará instalada en el exterior del módulo Columbus de la ISS como parte de la carga STP-H11, una colaboración entre NASA y la U.S. Space Force. Desde ahí construirá una imagen completa de la corriente anular aproximadamente cada 90 minutos, el tiempo que tarda la estación en dar una vuelta al planeta, y repetirá esa operación durante seis meses. La clave técnica es que buscará átomos neutros energéticos y pondrá atención especial en el oxígeno ionizado, O+, para responder una discusión vieja: si esa corriente se alimenta sobre todo del viento solar o del propio borde atmosférico de la Tierra.
No es el cinturón de Van Allen, aunque se toca con él
La corriente anular suele mezclarse con los cinturones de radiación de Van Allen, pero no son lo mismo. NASA explica que ambas regiones se superponen parcialmente, aunque la corriente anular contiene partículas de menor energía. Su comportamiento también es distinto. Durante una tormenta solar, los cinturones tienden a cambiar más despacio, mientras la corriente anular puede ensancharse, deformarse y variar de intensidad con mucha más rapidez.
Ese detalle no es académico. En esa zona, partículas con carga positiva y negativa circulan en direcciones opuestas y generan corrientes eléctricas reales. Cuando el sistema se altera, esas corrientes pueden modificar el campo magnético terrestre y contribuir a fallas operativas: acumulación de carga en satélites, perturbaciones magnéticas que alcanzan oleoductos o tendidos eléctricos, y expansión de la atmósfera superior, que aumenta el arrastre sobre naves en órbita baja. El anillo no se ve, pero deja consecuencias medibles.
La misión no fotografía partículas: busca el rastro que dejan al escapar
El problema central es que la corriente anular no puede retratarse con una cámara común. Por eso STORIE usará otra estrategia: rastrear el brillo de los llamados átomos neutros energéticos, o ENA por sus siglas en inglés.
El mecanismo es más interesante que su nombre. Una partícula cargada de la corriente anular puede capturar un electrón de la exosfera, la capa más externa de la atmósfera terrestre. En ese momento deja de sentir el efecto del campo magnético como antes, se vuelve neutra y sale disparada. STORIE va a medir la dirección y la velocidad de esas partículas fugadas. Con esa información, el equipo espera reconstruir qué estaba pasando dentro de la corriente anular sin entrar físicamente en ella.
Mirar desde adentro cambia la pregunta
IMAGE, sigla de Imager for Magnetopause-to-Aurora Global Exploration, y TWINS, Two Wide-angle Imaging Neutral-atom Spectrometers, observaban la corriente anular con una vista más parecida a un mapa cenital. Eso les permitía abarcarla de una vez, pero también les imponía dos límites. Primero, la luz ultravioleta reflejada por la Tierra podía contaminar la observación justo en el centro del sistema. Segundo, esa geometría dificultaba ver bien la población de partículas atrapadas cerca del ecuador magnético.
STORIE invierte la perspectiva. Desde el exterior de la ISS, con la Tierra a sus espaldas, observará hacia afuera y cortará la corriente anular en secciones sucesivas. No verá todo el anillo de una sola vez, pero la órbita de la estación irá componiendo una imagen completa vuelta tras vuelta. NASA calcula que ese mosaico global se actualizará aproximadamente cada hora y media.
Algunos cohetes sonda lograron vistas breves desde dentro hacia fuera, pero sólo durante pocos minutos y sobre una fracción del sistema. STORIE no tendrá esa limitación temporal.
El oxígeno puede decir si la Tierra se alimenta a sí misma
Alex Glocer, investigador principal de STORIE en el Goddard Space Flight Center de NASA, en Greenbelt, Maryland, resumió el punto más delicado de la misión: cuando se detecta oxígeno ionizado en cantidad, la señal casi siempre apunta al origen terrestre. El viento solar aporta muy poco O+. La atmósfera superior, en cambio, sí puede inyectarlo al sistema.
Por eso STORIE fue diseñado para prestar especial atención a ese ion. Si el instrumento encuentra grandes cantidades de oxígeno en la corriente anular, el diagnóstico cambia. Significaría que, en episodios clave de clima espacial, una parte importante del material atrapado no viene del Sol sino de la propia Tierra. La imagen habitual de una tormenta solar golpeando un sistema pasivo quedaría corta: el planeta también estaría aportando combustible a la perturbación.
La otra pregunta que NASA quiere resolver parece simple, pero afecta cómo se modela el riesgo. ¿La corriente anular se llena de partículas a golpes, en pulsos rápidos, o crece de forma gradual? Glocer la comparó con dos escenas distintas: un lago que se llena por una cascada constante o por una lluvia de impactos dispersos. Para un modelo operativo de clima espacial, no es lo mismo.
Qué puede cambiar si el mapa sale bien
La misión durará medio año y comparará el comportamiento de la corriente anular durante tormentas solares y períodos de calma. No alcanza con saber que el anillo existe; hace falta medir cuándo se infla, de qué está hecho y cuánto tarda en vaciarse después de una perturbación.
Si STORIE entrega esa secuencia con el detalle esperado, NASA ganará una pieza que faltaba entre la física básica y la infraestructura real. Mejorar el pronóstico del clima espacial no suena espectacular hasta que una empresa satelital necesita estimar carga superficial, una misión en órbita baja calcula arrastre atmosférico extra o una red eléctrica quiere anticipar corrientes geomagnéticas. La pregunta concreta que deja abierta la misión no es poética: si el anillo invisible alrededor de la Tierra se alimenta con oxígeno terrestre y cambia en ráfagas, ¿habrá que reescribir parte de los modelos con los que hoy se pronostican los efectos de una tormenta solar?
Fuente original: NASA Science