Parque Lezama tiene una habilidad bastante porteña: no funciona como un parque de postal, sino como un lugar donde pasan cosas al mismo tiempo.
Un sábado cualquiera puede empezar con artesanos armando sus puestos, seguir con ciclistas cruzando los senderos, sumar grupos de hinchas con camiseta y terminar con un mitin político en el anfiteatro o en algún sector abierto del parque. No es un capricho. Es parte de su uso histórico y de su ubicación: San Telmo, bordeando La Boca y Barracas, con una barranca amplia y un espacio público que nunca quedó encerrado en una sola función.
Esa mezcla también quedó clavada en la literatura y el cine. En Sobre héroes y tumbas, Ernesto Sábato hace arrancar buena parte de la historia en Parque Lezama: Martín, Alejandra y Bruno terminan ligados a ese espacio porteño que funciona como observatorio emocional de Buenos Aires. Después, la película Parque Lezama de Juan José Campanella volvió a poner el parque en el centro de la escena cultural, aunque desde otra historia: la de dos personajes, León Schwartz y Antonio Cardozo, que se encuentran en un banco y discuten sobre la vida, la política y el tiempo.
Un parque que siempre fue de mezcla
Parque Lezama está en una zona donde Buenos Aires cambia de tono a pocas cuadras. Tiene historia, turismo, feria, vecinos, movimiento barrial y también una carga simbólica que lo hace útil para todo tipo de reunión pública.
La propia estructura del parque ayuda. Hay senderos, pendientes, sectores abiertos y un anfiteatro que le da forma de escenario natural. Por eso conviven ahí la caminata tranquila, la feria de artesanías, la bicicleta de fin de semana y los encuentros más ruidosos.
Artesanos, feria y calle
La feria artesanal es una de las postales más reconocibles del parque. Mesas, objetos hechos a mano, ropa, pequeños adornos y gente que se queda mirando más de lo que pensaba. No es sólo venta: es una forma de ocupación del espacio.
En un parque como Lezama, la feria no compite con el paisaje. Lo completa. Le agrega una capa de ciudad vivida, de paseo que no termina en el pasto sino en la conversación y en la compra pequeña que después se lleva en la mano.
Hinchas y bicicletas
Los hinchas también se adueñan de Lezama cuando hay clima de partido o cuando el barrio entra en esa frecuencia tan propia de Buenos Aires en la que todo se comenta caminando.
Y las bicicletas hacen el resto. Parque Lezama es de esos lugares donde pedalear no parece tránsito sino costumbre. El ciclista pasa, bordea, cruza, baja la velocidad, mira la feria y sigue. El parque funciona como cruce, no como detención.
Política a cielo abierto
La política, cuando llega, no desentona. Un mitin en Lezama encuentra un fondo natural que no necesita escenografía: árboles, barranca, gente que entra y sale, y un espacio donde la palabra puede amplificarse sin volverse solemne.
Eso es lo que vuelve interesante al parque. No está reservado para una sola tribu. Puede servirle al vecino, al feriante, al hincha, al ciclista y al acto partidario sin cambiar de identidad.
La clave
Parque Lezama no es sólo un parque histórico.
Es un lugar de encuentro.
Y por eso, los sábados, todo puede pasar al mismo tiempo.
El 20, además, se espera una convocatoria masiva, lo que vuelve a poner al parque en ese papel tan porteño de escenario abierto para ferias, hinchadas, bicicletas y actos políticos.
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Fuentes: Wikipedia - Parque Lezama · Wikipedia - Sobre héroes y tumbas · Wikipedia - Parque Lezama (película)
