Un Mundo Loco ●

Francis Bacon lo describió en 1620. Cuatrocientos años después, lo usamos para dividir internet en dos mitades que no se hablan.

Francis Bacon lo describió en 1620. Cuatrocientos años después, lo usamos para dividir internet en dos mitades que no se hablan.

En 1620, Francis Bacon escribió en el Novum Organum: "El entendimiento humano, una vez que adoptó una opinión, arrastra todo lo demás para apoyarla y acordar con ella. Y aunque la fuerza y el número de casos contrarios sea mayor, los ignora o los desprecia, o los distingue por alguna distinción para desecharlos."

Era la descripción más precisa del sesgo de confirmación cuatrocientos años antes de que tuviera nombre.

El nombre llegó en 1960, cuando el psicólogo Peter Wason publicó un experimento que se convertiría en uno de los más citados de la psicología cognitiva. El experimento era insultantemente simple. Los resultados eran perturbadores.

Francis Bacon, Vizconde de St. Alban. En 1620 describió en el Novum Organum lo que hoy llamamos sesgo de confirmación con una precisión que la psicología experimental tardó tres siglos en formalizar.

El experimento de Wason: la tarea de selección

Wason le presentó a participantes una serie de cuatro tarjetas. Cada tarjeta tenía un número en un lado y una letra en el otro. Las tarjetas visibles mostraban: E, K, 4, 7.

La regla a verificar era: "Si una tarjeta tiene una vocal en un lado, entonces tiene un número par en el otro."

La pregunta: ¿cuáles tarjetas hay que dar vuelta para verificar si la regla se cumple?

La respuesta correcta es E y 7. La E porque si tiene un número impar atrás, la regla se viola. El 7 porque si tiene una vocal atrás, la regla también se viola.

La mayoría de los participantes elegía E y 4. Daban vuelta la E para confirmar que tenía un número par —correcto. Y daban vuelta el 4 para ver si tenía una vocal —incorrecto, porque si el 4 tiene una consonante atrás, la regla sigue siendo válida. El 4 no puede refutar la regla.

El error no era de lógica en el sentido tradicional. Los participantes entendían la tarea. Lo que hacían de forma sistemática era buscar confirmación en lugar de buscar refutación. Y eso —buscar lo que confirma en lugar de lo que podría refutar— es exactamente la definición del sesgo de confirmación.

Qué es el sesgo de confirmación

El sesgo de confirmación es la tendencia a buscar, interpretar y recordar información de una manera que confirme las creencias o hipótesis que ya se sostienen, y a darle menos peso a la información que las contradice.

No es un defecto de inteligencia. En el experimento de Wason, el error lo cometían igualmente personas con alto rendimiento académico. No es tampoco una forma de deshonestidad: las personas que lo cometen no mienten. El sesgo opera antes del análisis consciente, en el nivel de qué información se busca y cómo se procesa lo que llega.

El psicólogo Jonathan Evans, que trabajó con el experimento de Wason durante décadas, identificó que el problema es de matching: los participantes seleccionan las tarjetas que coinciden con los elementos mencionados en la regla (E y 4, que aparecen en "vocal" y "número par") sin procesar la lógica de cuáles pueden falsificarla.

Los tres mecanismos que lo componen

La investigación posterior a Wason distinguió tres procesos que juntos forman lo que llamamos sesgo de confirmación:

Sesgo en la búsqueda de información. Cuando queremos testear una creencia, buscamos activamente información que la confirme y no buscamos información que la refute. Alguien convencido de que las vacunas son peligrosas no busca estudios sobre seguridad vacunal; busca casos de reacciones adversas.

Sesgo en la interpretación. La misma evidencia ambigua es interpretada de forma diferente según la creencia previa. Un estudio que muestra resultados mixtos sobre una política económica es "evidencia de que funciona" para quien ya cree que funciona, y "evidencia de que no funciona" para quien ya cree que no funciona. El dato es idéntico; la lectura es opuesta.

Sesgo en la memoria. Recordamos mejor los eventos que confirman nuestras creencias que los que las contradicen. Alguien que cree que su vecino es mala persona recordará con mayor facilidad las veces que actuó de manera desconsiderada que las veces que actuó de manera amable.

Por qué el cerebro hace esto

El sesgo de confirmación no es un error de diseño. Es una consecuencia de cómo funciona el procesamiento cognitivo eficiente.

El cerebro no procesa toda la información disponible de forma neutral. Usa atajos —heurísticas— para tomar decisiones rápidas con recursos limitados. Una de esas heurísticas es usar las creencias existentes como filtro: si algo encaja con lo que ya sé, es probablemente verdad y no requiere mucho análisis. Si contradice lo que sé, requiere más procesamiento.

En un entorno donde las decisiones importantes son pocas y la información disponible es limitada —que fue el entorno humano durante la mayor parte de la historia evolutiva— este atajo funciona razonablemente bien. En un entorno de información ilimitada y decisiones complejas, el mismo atajo produce errores sistemáticos.

El filósofo Karl Popper había llegado a una conclusión similar a Wason desde el lado epistemológico en la década de 1930: la ciencia no avanza confirmando hipótesis sino refutándolas. Una teoría científica que no puede ser refutada no dice nada sobre el mundo. El sesgo de confirmación es, en cierto modo, lo opuesto del método científico operando a nivel individual.

Cómo funciona en la era de los algoritmos

El sesgo de confirmación existía antes de internet. Pero las redes sociales y los sistemas de recomendación lo amplificaron de una manera sin precedentes.

Los algoritmos de Facebook, YouTube y TikTok están optimizados para maximizar el tiempo de uso. (Para entender cómo funciona exactamente el sistema de recomendación de YouTube, ver [este análisis del paper técnico de Google](/como-funciona-el-algoritmo-de-youtube/).) Lo que más tiempo de uso genera, empíricamente, es el contenido que produce respuesta emocional intensa. Y el contenido que confirma las creencias existentes genera más respuesta emocional que el que las cuestiona. El resultado es un sistema que, sin ninguna intención política o ideológica, automáticamente filtra el mundo para que cada usuario vea principalmente lo que ya cree.

Esto no es una teoría conspirativa sobre los algoritmos. Es el efecto documentado de optimizar para engagement sin considerar la diversidad informativa como variable.

La investigación de Eli Pariser —que acuñó el término "burbuja de filtro" en 2011— mostró que dos personas buscando el mismo término en Google recibían resultados significativamente diferentes según su historial. La personalización que hace la experiencia más cómoda también la hace más sesgada.

La mala noticia sobre cómo reducirlo

El sesgo de confirmación es notablemente resistente a la corrección mediante información.

Múltiples estudios mostraron que presentarle a alguien evidencia contraria a su creencia no solo no cambia la creencia sino que frecuentemente la refuerza —fenómeno llamado backfire effect o efecto de rebote. La persona interpreta la evidencia contraria como un ataque y responde fortaleciendo su posición.

Lo que sí funciona, en menor medida: los procesos que obligan a considerar la hipótesis opuesta antes de evaluar la información. Preguntarse "¿qué evidencia me haría cambiar de opinión?" antes de buscar información sobre un tema activa el sistema analítico en lugar del sistema de confirmación. Es una técnica deliberada que requiere práctica porque va contra el funcionamiento por defecto.

La frase de Bacon del Novum Organum termina así: "Y esta es la manera perniciosa y funesta por la que todos los hombres, incluso aquellos que de otra manera son capaces, se ven arrastrados y entregados a este error."

Cuatrocientos años. No cambió mucho.

Fuente original: Peter Wason — On the failure to eliminate hypotheses in a conceptual task (1960)

Fuente: Peter Wason, 1960 — On the failure to eliminate hypotheses in a conceptual task, Quarterly Journal of Experimental Psychology