Un Mundo Loco ●

Sobrevivió cuatro campos de concentración nazis. Lo que encontró ahí se convirtió en la terapia más influyente del siglo XX.

Sobrevivió cuatro campos de concentración nazis. Lo que encontró ahí se convirtió en la terapia más influyente del siglo XX.

En septiembre de 1942, Viktor Frankl fue deportado junto a su esposa y sus padres al campo de concentración de Theresienstadt. Tenía 37 años y era un psiquiatra ya reconocido en Viena. Llevaba años desarrollando una teoría psicológica propia, distinta del psicoanálisis de Freud y de la psicología individual de Adler, centrada en la búsqueda de sentido como fuerza motivacional primaria del ser humano.

En los tres años siguientes estuvo en Auschwitz, en Kaufering y en Türkheim. Su esposa murió en Bergen-Belsen. Su madre fue gaseada en Auschwitz. Su padre murió de neumonía y hambre en Theresienstadt.

Frankl sobrevivió. Y lo que observó en los campos —en sí mismo y en los demás prisioneros— confirmó, matizó y profundizó lo que había desarrollado antes de la deportación.

Viktor Frankl, 1965. Fundador de la logoterapia y autor de El hombre en busca de sentido, uno de los libros más leídos del siglo XX.

Qué es la logoterapia

Logos en griego significa sentido. La logoterapia es, literalmente, terapia a través del sentido.

La premisa central es que la fuerza motivacional primaria del ser humano no es el placer —como argumentaba Freud— ni el poder —como argumentaba Adler— sino la búsqueda de sentido. Frankl llamó a esto la "voluntad de sentido".

La consecuencia clínica de este punto de partida es directa: cuando una persona no encuentra sentido en su existencia, desarrolla lo que Frankl llamó vacío existencial. Este vacío se manifiesta frecuentemente como aburrimiento, depresión, agresividad o adicción —no como resultado de un trauma o un conflicto reprimido, sino como expresión de una ausencia de razón percibida para existir.

Frankl distinguía tres vías para encontrar sentido:

Valores de creación: hacer algo, crear algo, contribuir al mundo de alguna forma.

Valores de experiencia: recibir algo del mundo —el amor, la belleza, la verdad— como en la experiencia de amar a alguien o de apreciar una obra de arte.

Valores de actitud: la postura que se toma frente al sufrimiento inevitable. Esta tercera vía es la más radical y la más vinculada con su experiencia en los campos.

Lo que los campos le enseñaron que los libros no podían

Frankl observó en Auschwitz algo que contradecía las expectativas racionales sobre la supervivencia. No eran necesariamente los más fuertes físicamente los que sobrevivían. Era frecuente que personas frágiles corporalmente sobrevivieran más tiempo que otras más robustas. Lo que Frankl vio que diferenciaba a los que mantenían alguna forma de funcionamiento psicológico era la presencia de una razón para seguir adelante: un hijo afuera, una obra por terminar, alguien a quien ver.

La frase que circula como más representativa de esta observación es de El hombre en busca de sentido: "Al hombre se le puede arrebatar todo salvo una cosa: la última de las libertades humanas —la elección de la propia actitud ante un conjunto de circunstancias— para elegir el propio camino."

Frankl era cuidadoso al plantear esto. No estaba diciendo que el sufrimiento es bueno ni que la actitud positiva puede compensar condiciones objetivamente destructivas. Estaba describiendo algo más preciso: que la forma en que una persona se relaciona con su situación —incluso una situación atroz— es irreduciblemente suya. Los guardias podían controlar el cuerpo, el movimiento, la alimentación. No podían controlar cómo Frankl interpretaba internamente lo que estaba viviendo.

La diferencia entre logoterapia y optimismo positivo

Este punto es donde más frecuentemente se malinterpreta la logoterapia.

Frankl no proponía pensar en positivo. Él mismo criticó explícitamente lo que llamó "optimismo de pacotilla": la actitud de negar el sufrimiento o recubrirlo de una positividad forzada. En un campo de concentración, el optimismo forzado era, según él, más destructivo que el realismo duro.

Lo que proponía era distinto: distinguir entre el sufrimiento que tiene una causa modificable —y que debe ser modificado— y el sufrimiento que es parte de una condición inmodificable, donde la única variable disponible es la actitud con la que se sostiene.

En términos terapéuticos concretos, esto se traduce en técnicas específicas. La más conocida es la intención paradójica: pedir al paciente que haga exactamente lo que teme, eliminando la ansiedad anticipatoria que alimenta el síntoma. Alguien con miedo a ruborizarse en público recibe la instrucción de intentar ruborizarse lo más posible. Alguien con insomnio recibe la instrucción de intentar mantenerse despierto. El mecanismo funciona porque la mayoría de los síntomas de ansiedad se sostienen por el intento de evitarlos.

El libro que escribió en nueve días

El hombre en busca de sentido fue escrito en nueve días en 1945, poco después de la liberación. La versión original alemana se tituló Ein Psychologe erlebt das Konzentrationslager (Un psicólogo vive el campo de concentración). Frankl no puso su nombre en la primera edición: quería que el texto fuera leído por sus ideas, no por el testimonio del autor.

El libro ha vendido más de 16 millones de copias y ha sido traducido a 50 idiomas. La Library of Congress lo identificó como uno de los diez libros más influyentes en Estados Unidos. Es obligatorio en algunos programas de psicología clínica, medicina paliativa y filosofía aplicada en universidades de Europa y América.

Frankl siguió ejerciendo la psiquiatría y enseñando hasta avanzada edad. Obtuvo su licencia de piloto a los 67 años. Murió en Viena en 1997, a los 92.

Lo que la logoterapia dice que otras terapias no dicen

La logoterapia no compite con el psicoanálisis ni con la terapia cognitivo-conductual en los mismos terrenos. Opera en una dimensión diferente.

Freud pregunta: ¿qué quiere usted? Adler pregunta: ¿qué puede usted? Frankl pregunta: ¿para qué vive usted?

La pregunta de Frankl no tiene respuesta universal. No hay un sentido general que pueda prescribirse como tratamiento. El sentido, según su sistema, es siempre específico a una persona, a un momento y a una situación. Lo que la logoterapia ofrece no es el sentido sino las condiciones para que la persona lo encuentre.

En un momento donde las crisis de salud mental están creciendo en todas las métricas disponibles —y donde muchas personas describen sus síntomas no como dolor sino como vacío— la pregunta de Frankl sigue siendo la que más directamente apunta al problema que no tiene nombre fácil.

Los paralelos entre la logoterapia y el estoicismo —especialmente el concepto de dicotomía de control de Epicteto— son más profundos de lo que parece. Ver [estoicismo aplicado al trabajo](/estoicismo-aplicado-al-trabajo/) para comparar ambos sistemas.

Fuente original: Viktor Frankl Institute — viktorfrankl.org

Fuente: Viktor Frankl, El hombre en busca de sentido — Beacon Press, 1959 (versión original: Ein Psychologe erlebt das Konzentrationslager, 1946)