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África se está partiendo en dos. Por primera vez, los científicos lo midieron mientras ocurre.

África se está partiendo en dos. Por primera vez, los científicos lo midieron mientras ocurre.

En algún punto entre cinco y diez millones de años, el océano Índico inundará una grieta que hoy atraviesa Kenia y Etiopía, y lo que hoy es un continente se convertirá en dos. No es una hipótesis especulativa: es la conclusión de un estudio publicado el 23 de abril de 2026 en Nature Communications por investigadores de la Universidad de Columbia, que midieron por primera vez en tiempo real el proceso geológico que precede inmediatamente a la ruptura de un continente.

El nombre técnico de ese proceso es necking, y lo que hace especial al hallazgo es que nunca antes había sido observado mientras ocurría.

Lo que midieron

El Rift de Turkana es una fractura de aproximadamente 500 kilómetros que atraviesa Kenia y Etiopía, parte del sistema del Gran Valle del Rift del Este de África. Geológicamente, es la zona donde las placas africana y somalí se están separando a una velocidad de 4,7 milímetros por año —apenas el ritmo al que crecen las uñas de la mano.

Eso no suena dramático. Pero lo que el equipo liderado por Christian Rowan, doctorando de la Observatorio Lamont-Doherty de Columbia, descubrió al analizar datos sísmicos de alta resolución es que la corteza terrestre en el centro del rift tiene entre 12,7 y 13 kilómetros de espesor. A los lados de la misma fractura, la corteza mide más de 35 kilómetros. En términos concretos: el punto de máxima tensión ya perdió el 63 por ciento de su grosor original.

Ese es el necking: la fase en que la corteza se adelgaza tan drásticamente que el proceso de ruptura se vuelve termodinámicamente irreversible. Cuanto más delgada se vuelve, más débil y más propensa a seguir rompiéndose. "La corteza más delgada que encontramos en el rift significa que el rifting en esta zona está más avanzado, y la corteza es más delgada, de lo que nadie había reconocido", dijo Rowan.

Por qué este hallazgo es único

Todos los grandes océanos de la Tierra —el Atlántico, el Índico, el Mar Rojo— pasaron por una fase de necking antes de abrirse. Pero esos eventos ocurrieron hace decenas o cientos de millones de años. Lo que quedó es geología fosilizada: registros en roca de algo que ya terminó.

El Rift de Turkana es el único lugar del planeta donde este proceso puede estudiarse con instrumentos modernos, en tiempo real, mientras sucede. No hay otro equivalente en la Tierra actual.

Eso lo convierte en una ventana sin precedentes hacia la mecánica que formó las cuencas oceánicas. Entender cómo se rompe la corteza aquí es entender cómo se rompió la corteza que separó América del Sur de África hace 130 millones de años, o la que formó el Mar Rojo hace unos 30 millones.

La historia geológica del lugar

El adelgazamiento actual no empezó de cero. Hace aproximadamente cuatro millones de años hubo un episodio de rifting fallido en la misma zona: la corteza intentó separarse, no lo logró completamente, pero quedó debilitada. Ese debilitamiento previo fue el punto de partida de la fase actual.

Los investigadores identificaron evidencia de ese episodio anterior en los sedimentos y en la estructura de la corteza. La corteza no solo es más delgada por el rifting reciente —ya llegó debilitada de un intento anterior. Eso explica por qué el adelgazamiento del 63 por ciento ocurrió en un tiempo geológicamente corto.

Qué pasa cuando se rompe

El escenario final, en los próximos cinco a diez millones de años, es que el agua del océano Índico comenzará a infiltrarse por la fractura desde el norte. El magma del manto, que ya está relativamente cerca de la superficie debido al adelgazamiento de la corteza, comenzará a aflorar por las grietas y formará nuevo fondo oceánico.

El resultado: una nueva cuenca oceánica, similar a lo que hoy es el Mar Rojo —que tiene exactamente esa historia— pero de dimensiones mayores. La placa somalí, que incluye el Cuerno de África y una franja significativa del este del continente, se alejará hacia el este. La placa africana permanecerá en su lugar.

Los países directamente sobre el rift —Kenia, Etiopía, Somalia, Uganda, Tanzania— no verán este proceso en ninguna escala de tiempo humana. Cuatro milímetros y medio por año equivalen a 4,5 metros por milenio, 45 metros por siglo. En términos de vidas humanas, el paisaje es estático.

El valor de observar lo que ya ocurrió en otra parte

Anne Bécel, geofísica de Columbia y co-autora del estudio, señaló que el valor del Rift de Turkana trasciende el continente africano. Cada margen oceánico pasivo del mundo —las costas donde los continentes terminan y empieza el fondo oceánico— fue alguna vez un rift activo. Entender cómo funciona el actual es entender cómo se formaron todos los anteriores.

Los márgenes oceánicos pasivos son también donde se encuentran algunas de las mayores reservas de petróleo y gas del mundo. La comprensión de su formación tiene implicaciones directas para la exploración de recursos.

Pero quizás lo más notable del estudio es la posibilidad que abre: observar un proceso planetario de escala enorme —la formación de un océano— desde el principio. La geología generalmente trabaja hacia atrás, reconstruyendo a partir de evidencias. Aquí, por primera vez, puede observar hacia adelante.

Fuente original: Nature Communications / ScienceDaily / Scientific American

Fuente: Nature Communications / ScienceDaily / Scientific American