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Blanco de Kieślowski: la comedia más oscura sobre un hombre que lo perdió todo y volvió por más

Blanco de Kieślowski: la comedia más oscura sobre un hombre que lo perdió todo y volvió por más

Karol Karol llega al tribunal de París con un problema que él no puede explicar bien en francés y que el juez no quiere escuchar: su esposa, Dominique, pide el divorcio porque el matrimonio nunca fue consumado. Karol es polaco, peluquero, no habla el idioma, y tiene cara de no entender del todo lo que está pasando. Sale del juicio sin dinero, sin trabajo, sin pasaporte, sin departamento y sin la mujer que amaba. Es expulsado del país escondido en un baúl. El baúl termina en Polonia, robado. Lo abren en medio de la nieve, lo sacan a golpes y lo dejan tirado en un descampado de Varsovia. Ahí empieza la verdadera película.

*Tres Colores: Blanco* es la segunda parte de la trilogía que Krzysztof Kieślowski rodó entre 1993 y 1994, junto a *Azul* y *Rojo*. Las tres películas interpretan los valores de la bandera francesa —libertad, igualdad, fraternidad— en términos cinematográficos y humanos, no ideológicos. *Blanco* le corresponde la igualdad. La pregunta que hace Kieślowski no es cómo se alcanza la igualdad sino qué hace un hombre cuando entiende que el mundo no se la va a dar: la toma.

Quién era Kieślowski y por qué *Blanco* es la más rara de la trilogía

Krzysztof Kieślowski nació en Varsovia en 1941. Hizo documentales durante los años 70 y 80, luego una serie de televisión en diez episodios —*Decálogo* (1988)— que muchos críticos consideran el trabajo más completo de su carrera. Cada episodio del *Decálogo* toma uno de los mandamientos y lo coloca en un edificio de departamentos de Varsovia, sin moraleja, con la cámara pegada a los personajes. La frialdad formal y la compasión moral que caracterizan a *Blanco* vienen de ese período.

*Azul*, la primera película de la trilogía, es un drama de duelo con Juliette Binoche que funcionó perfectamente como cine de arte europeo: elegante, contenida, melancólica. *Rojo*, la tercera, es una meditación sobre el azar y la conexión entre personas que no se conocen. *Blanco* es diferente de las dos: es más rápida, más sucia, tiene humor negro, tiene el cuerpo de una comedia y el alma de una tragedia. Zbigniew Zamachowski, en el rol de Karol, es un actor de cara inexpresiva que transmite humillación acumulada mejor que cualquier discurso.

El guion lo escribieron Kieślowski y Krzysztof Piesiewicz, su colaborador habitual. El rodaje fue en París y Varsovia en 1993. La película ganó el Oso de Plata al mejor director en el Festival de Berlín de 1994, en la misma edición en que *Azul* ganó el León de Oro en Venecia el año anterior.

La estructura de una venganza que no es lo que parece

Karol vuelve a Polonia, a Varsovia del período inmediatamente post-soviético, la ciudad de los kioscos improvisados y los mercados negros. Se reconecta con su hermano Jurek, duerme en la peluquería, intenta sobrevivir. Conoce a Mikolaj, un hombre que le paga para dispararse a sí mismo —una escena que Kieślowski presenta sin énfasis y sin explicación—. Eso le abre una puerta: Karol descubre que puede hacer cosas que otros no quieren hacer. Esa capacidad, en la Polonia de 1993, tiene valor económico.

Lo que sigue es una historia de ascenso. Karol acumula contactos, aprende a moverse en el nuevo capitalismo salvaje polaco, compra terrenos que nadie quiere comprar, los vende cuando valen diez veces más. Se convierte en empresario. Adquiere el control de una empresa con métodos que la película no necesita mostrar en detalle. El dinero llega como consecuencia de una lógica moral que Kieślowski no juzga: un hombre que fue humillado de esa manera tiene derecho a reconstruirse como pueda.

Y en algún punto del camino, Karol empieza a planificar su regreso a la vida de Dominique.

El plan que arma es uno de los más inverosímiles y más precisos del cine de los 90: finge su propia muerte, organiza un funeral en Polonia con suficiente documentación para que Dominique viaje desde Francia, la deja heredar su fortuna, y desde la muerte —desde la ficción de la muerte— activa un mecanismo que la destruye. No porque la odie. Porque la ama todavía.

Lo que hace única a esta película dentro del cine europeo de los 90

Hay una escena central que resume por qué *Blanco* sobrevive mejor que muchas películas de su época. Karol, ya rico, ya seguro, observa el funeral falso de sí mismo y llora. No llora de alivio ni de triunfo. Llora porque el plan funcionó y eso significa que terminó algo que no quería terminar. La venganza perfecta tiene el mismo efecto que la pérdida perfecta: te deja vacío.

Julie Delpy interpreta a Dominique con una economía de gestos que hace difícil decidir si el personaje es cruel, frío, o simplemente alguien que también está atrapado en algo que no comprende del todo. Kieślowski no la convierte en villana. No convierte a nadie en villana. Esa es la marca de su cine: los personajes son incomprensibles entre sí de la misma forma en que las personas reales son incomprensibles entre sí.

El color blanco, que da nombre a la película, aparece en la nieve de Varsovia, en la piel de Dominique, en los documentos que Karol falsifica. Kieślowski usa el color como temperatura emocional: el blanco es el color de lo que está en blanco, de lo que espera ser escrito, de lo que todavía no sabe lo que es.

Por qué verla ahora

*Blanco* fue filmada en 1993 y se estrena dentro del contexto del colapso del bloque soviético, la transición al capitalismo en Polonia y la Europa que todavía no había procesado lo que significaba reunificarse. Eso le da una carga histórica que la película no declara explícitamente pero que está en cada kiosco de Varsovia, en cada transacción que hace Karol, en cada billete que cuenta.

Verla en 2026, con treinta años de perspectiva, es ver también el mapa de cómo Europa del Este se integró al capitalismo occidental: por oportunismo, por adaptación veloz, por la capacidad de algunos individuos de moverse en los bordes de la legalidad cuando las reglas todavía no estaban claras. Karol no es corrupto ni heroico. Es alguien que aprendió rápido las reglas del juego nuevo.

La trilogía completa está disponible en streaming y en edición física de Criterion Collection. *Blanco* dura 92 minutos. Es la más breve y la más densa de las tres.

Imagen: afiche oficial de *Tres Colores: Blanco* (1994), dirigida por Krzysztof Kieślowski; distribución MK2 / Criterion Collection.

Fuente original: Criterion Collection

Fuente: Criterion Collection