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Buenos Aires tiene más psicoanalistas por habitante que cualquier ciudad del mundo y nadie sabe bien por qué

Buenos Aires tiene más psicoanalistas por habitante que cualquier ciudad del mundo y nadie sabe bien por qué

Hay aproximadamente un psicoanalista cada cien personas en Buenos Aires. El número exacto varía según la fuente, pero el orden de magnitud es ese. Nueva York, que durante décadas fue la otra capital del psicoanálisis, tiene una proporción que no llega a la mitad. París, donde Freud era lectura obligatoria en los cincuenta, está todavía más lejos.

Buenos Aires es, por cualquier métrica razonable, la capital mundial del psicoanálisis. Y lo raro no es el dato. Lo raro es que nadie tiene del todo claro cómo llegó a ser así.

Freud llegó tarde pero se quedó para siempre

El psicoanálisis llegó a Argentina en los años treinta y cuarenta, décadas después de que Freud publicara sus primeras obras en Viena. La Asociación Psicoanalítica Argentina se fundó en 1942, entre los primeros cinco grupos psicoanalíticos del mundo.

Pero lo que pasó después no tiene equivalente en ningún otro país. En Europa y en Estados Unidos el psicoanálisis convivió con otras corrientes de psicología clínica y fue cediendo terreno a la psiquiatría biológica, la terapia cognitivo-conductual y los antidepresivos. En Argentina, el psicoanálisis se consolidó en la cultura popular de manera que ningún otro tratamiento psicológico logró.

La carrera de Psicología de la UBA tiene más de cuarenta mil estudiantes. La mayoría se forma en orientación psicoanalítica.

La diáspora psicoanalítica y la dictadura

El período 1976-1983 tiene una relación compleja con la historia del psicoanálisis argentino. Muchos analistas fueron perseguidos, exiliados o desaparecidos. El psicoanálisis tenía en ese contexto una carga política: era una práctica que ponía en el centro la subjetividad individual en un régimen que intentaba borrarla.

Los que se fueron llevaron la práctica a México, España, Francia, Brasil. Los que se quedaron la sostuvieron en condiciones difíciles. Cuando volvió la democracia, el psicoanálisis estaba más consolidado que antes.

Por qué el porteño va al analista

Hay una hipótesis cultural que circula entre los propios analistas: Buenos Aires es una ciudad de inmigrantes. Las oleadas de italianos, españoles, judíos de Europa del Este que llegaron entre 1880 y 1930 trajeron una tradición de verbalizar el conflicto, de contar la propia historia, de buscar explicaciones para lo que no funciona.

El psicoanálisis encajó en esa disposición como una práctica más de la vida urbana. No es exactamente salud mental en el sentido anglosajón del término. Es algo más parecido a una forma de pensar la propia vida con un interlocutor que no juzga.

La terapia en Buenos Aires no es señal de que algo anda mal. Es señal de que alguien toma en serio su vida interior.

El meme y la realidad

"Los argentinos son los únicos que piden turno con el analista antes de llamar a los bomberos" es un chiste que circula en comunidades argentinas del exterior. Como todos los chistes buenos, tiene un núcleo verdadero y una distorsión.

La realidad es que el porteño promedio tiene o tuvo terapeuta con una naturalidad que en otros países se reserva para crisis severas. En Buenos Aires, ir al analista los jueves a las siete de la tarde es un plan de semana como cualquier otro.

Lo curioso es que esa normalidad produce algo concreto: una ciudad donde la gente habla con más fluidez de sus conflictos, sus dudas y sus contradicciones que en casi cualquier otro lugar del mundo. Si eso hace a las personas más felices es una pregunta abierta. Pero hace las conversaciones más interesantes.

Fuente original: Asociación Psicoanalítica Argentina

Fuente: Asociación Psicoanalítica Argentina