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200 chimpancés llevan años en una guerra civil. La última vez que esto pasó fue hace 500 años.

200 chimpancés llevan años en una guerra civil. La última vez que esto pasó fue hace 500 años.

El 24 de junio de 2015, los investigadores del Ngogo Chimpanzee Project en Uganda observaron algo que no tenían registros de haber visto antes: una comunidad de más de 200 chimpancés que hasta ese momento vivía unida comenzó a dividirse en dos grupos que se evitaban mutuamente. Los chimpancés que durante años se habían acicalado, compartido comida y formado alianzas de por vida dejaron de saludarse. Cuando se cruzaban, huían.

El profesor Aaron Sandel, de la Universidad de Texas en Austin, lo describió con una pregunta que le hizo a su colega en el campo: "¿Qué está pasando?" La respuesta que recibió fue: "No sé."

Lo que estaba pasando, según el estudio publicado esta semana en la revista Science, era el inicio de lo que los investigadores denominan "una guerra civil": el único segundo caso documentado en la historia de la primatología de un conflicto letal entre facciones dentro de una misma comunidad de chimpancés. El primero lo observó Jane Goodall en los años setenta. Las estimaciones científicas sugieren que estos eventos ocurren, en promedio, una vez cada quinientos años.

La comunidad más grande del mundo

La comunidad Ngogo en el Parque Nacional Kibale, Uganda, es la más grande de chimpancés silvestres conocida en el mundo. Más de doscientos individuos convivían en un único territorio. Esa escala era la misma razón por la que el grupo llevaba casi treinta años siendo objeto de estudio: representaba una oportunidad rara de observar dinámicas sociales complejas en primates a una escala sin precedentes.

El tamaño, sin embargo, parece haber sido también una de las causas del conflicto. Mantener vínculos sociales funcionales entre más de doscientos individuos que necesitan coordinar patrullajes de territorio, alianzas políticas y sistemas de jerarquía requiere una inversión continua. Cuando esa inversión empieza a fallar —por muertes, por cambios de liderazgo, por epidemias— el tejido social puede rasgarse.

La fractura que los investigadores documentaron empezó a gestarse antes del quiebre visible de 2015. Una serie de muertes por causas desconocidas en 2014 debilitó parte de la red social. Después llegó un cambio en el macho alfa que alteró el equilibrio de poder interno. En 2017 una epidemia respiratoria mató a más individuos. Para 2018, lo que habían sido vecindades dentro de una comunidad se habían convertido en facciones distintas con fronteras contestadas: el grupo Occidental y el grupo Central.

El registro de seis años de guerra

Entre 2018 y 2024, los investigadores documentaron al menos 24 ataques de los chimpancés Occidentales contra los Centrales. El patrón era sistemático: el grupo Occidental organizaba hasta quince patrullajes de territorio cada cuatro meses. Cuando encontraban individuos del grupo Central solos o en pequeños subgrupos, los atacaban.

El resultado en cifras: siete machos adultos del grupo Central muertos. Diecisiete crías muertas. Catorce machos adolescentes y adultos adicionales desaparecieron entre 2021 y 2024 sin que sus cuerpos fueran encontrados. Los investigadores advierten que estas cifras son probablemente subestimaciones.

El grupo Occidental ganó. Para cuando el estudio fue completado, se había convertido en la fuerza dominante en la región.

La primera vez que esto ocurrió

El único caso previo documentado de este tipo de conflicto intraespecífico en chimpancés fue registrado por Jane Goodall en Gombe, Tanzania, entre 1974 y 1978, y se conoce como "la Guerra de los Cuatro Años". Lo que Goodall observó en Gombe fue en su momento tan perturbador que cambió la visión científica dominante sobre los chimpancés, que hasta entonces se creían esencialmente pacíficos. La guerra de Gombe mostró que los chimpancés eran capaces de violencia organizada, patrullaje de fronteras y ataques letales calculados.

Lo que distingue el caso Ngogo es la escala y la documentación. Treinta años de seguimiento continuo de los individuos involucrados permiten a los investigadores trazar exactamente cómo pasaron de ser amigos a enemigos. Sandel lo describió como "una ventana rara hacia la mente del chimpancé": el proceso por el cual identidades grupales pueden desplazar vínculos sociales profundos, incluso en ausencia de las diferencias étnicas, religiosas o ideológicas que los humanos típicamente asocian con la guerra.

El paralelo incómodo

La primatología siempre caminó con incomodidad alrededor de las implicaciones de la violencia de los chimpancés para entender la violencia humana. Los chimpancés son nuestros parientes vivos más cercanos, compartiendo alrededor del 98,7% del ADN humano. Cuando exhiben comportamientos que reconocemos —política de coalición, represalia calculada, guerra por territorio— la pregunta sobre los orígenes evolutivos de esos comportamientos en nuestra propia especie resulta difícil de ignorar.

Sandel es cuidadoso al formularla. "Las identidades grupales pueden desplazar incluso lazos sociales profundos" sin que existan marcadores explícitos de diferencia —sin idioma distinto, sin religión opuesta, sin historia de agravios narrada. El quiebre de la comunidad Ngogo no requirió de ningún motivo explícito. Lo que era una unidad se convirtió en dos grupos distintos, y una vez que esa distinción se consolidó, la violencia siguió una lógica propia.

Los investigadores no afirman que el conflicto de Ngogo explica las guerras humanas. Afirman algo más preciso: que el mecanismo que permite que vínculos sociales profundos sean reemplazados por identidades grupales hostiles existe en primates no humanos, con independencia de todo el andamiaje cultural que los humanos construyen alrededor de sus conflictos.

Ese mecanismo lleva funcionando al menos desde antes de que los homínidos y los chimpancés se separaran evolutivamente, hace unos seis millones de años.

Fuente original: Science AAAS / CNN / BBC Science Focus / NPR

Fuente: CNN / BBC Science Focus / Science AAAS / NPR