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Ciudad de México se hunde más de 2 centímetros por mes y NISAR ya lo mide desde el espacio

Ciudad de México se hunde más de 2 centímetros por mes y NISAR ya lo mide desde el espacio

El 29 de abril de 2026, el Jet Propulsion Laboratory de la NASA publicó una de las primeras imágenes urbanas de alto impacto generadas por NISAR, el satélite desarrollado junto con la agencia espacial india ISRO. El mapa muestra que partes de Ciudad de México se hundieron más de 2 centímetros por mes entre el 25 de octubre de 2025 y el 17 de enero de 2026. Importa por una razón simple: sobre ese suelo viven unos 20 millones de personas, y el descenso no ocurre en un bloque uniforme sino en parches que agrietan calles, edificios y cañerías.

El dato más fuerte no está en el espacio sino en la calle. El Ángel de la Independencia, sobre Paseo de la Reforma, mide 36 metros de altura y tuvo que sumar 14 escalones en su base a medida que el terreno alrededor fue bajando. El problema fue documentado por primera vez en 1925, y en las décadas de 1990 y 2000 algunas zonas metropolitanas llegaban a hundirse unos 35 centímetros por año. NISAR no descubrió ese proceso: lo volvió visible con una resolución y una frecuencia que cambian la escala del seguimiento.

Un radar orbital mirando debajo del asfalto

NISAR significa NASA-ISRO Synthetic Aperture Radar. Fue lanzado el 30 de julio de 2025 desde el Satish Dhawan Space Centre, en la costa sudeste de India, y es la primera misión espacial que combina dos radares SAR de distinta longitud de onda en un mismo satélite: una banda L de 24 centímetros, aportada por la NASA, y una banda S de 9,4 centímetros, provista por ISRO. Esa combinación le permite observar cambios sutiles de la superficie terrestre, incluso cuando hay nubes, lluvia o vegetación que complican a los sensores ópticos.

La plataforma también carga un reflector de 12 metros de ancho, el mayor que la NASA ha enviado al espacio para radar, y revisita la superficie terrestre dos veces cada 12 días. Traducido a escala urbana: puede seguir movimientos lentos pero persistentes, como la subsidencia del terreno, con una continuidad que antes dependía de campañas más fragmentarias. Para una ciudad que se deforma por sectores, esa regularidad vale casi tanto como la imagen misma.

La ciudad está apoyada sobre un lago comprimido

Ciudad de México fue construida sobre un antiguo sistema lacustre y sobre un acuífero que todavía sostiene buena parte de su abastecimiento. El mecanismo del hundimiento es conocido, aunque no por eso menos severo: la extracción intensiva de agua subterránea reduce la presión interna de los sedimentos, esos materiales se compactan y la superficie baja. A eso se suma el peso de la urbanización en una cuenca que ya venía geológicamente condicionada.

El mapa difundido por JPL muestra en azul oscuro las áreas con mayor subsidencia. Cerca del centro aparece el Aeropuerto Internacional Benito Juárez; hacia el noreste, el lago Nabor Carrillo funciona como referencia visible dentro de la cuenca. Lo importante es que el descenso no se reparte parejo. Cuando un barrio baja a una velocidad y otro a otra, el daño no se expresa solo en centímetros anuales: se traduce en fracturas diferenciales, pérdida de nivel, tuberías que ceden y tramos de infraestructura que dejan de encajar con su entorno.

El monumento que ganó 14 escalones

Pocas veces un proceso geotécnico tiene una prueba tan comprensible como un monumento que parece haber crecido desde la vereda. El Ángel de la Independencia fue inaugurado en 1910 para conmemorar el centenario de la independencia mexicana. Hoy también funciona como un marcador involuntario de la subsidencia. Sus 14 escalones añadidos no son una anécdota arquitectónica: son una bitácora física del suelo que se fue yendo.

La imagen sirve porque baja un fenómeno abstracto al nivel de una caminata. Lo mismo ocurrió con rutas, líneas de agua y sectores del Metro, uno de los sistemas de transporte rápido más grandes de América. Cuando el terreno cede de forma desigual, la ciudad necesita corregirse de manera continua. A veces lo hace con escalones; otras, con reparaciones invisibles y costosas. La subsidencia no es un desastre repentino. Es un gasto crónico escrito en hormigón.

Qué cambia cuando el satélite pasa varias veces al mes

La novedad de NISAR no está en haber detectado que Ciudad de México se hunde, sino en cómo lo hace. El satélite puede operar de día y de noche, y no depende de cielos despejados. Para ciudades extensas, húmedas o con cobertura vegetal, ese punto técnico deja de ser un detalle. Permite sostener series temporales más estables y medir zonas donde otros sistemas encuentran ruido o directamente no ven nada útil.

El propio equipo de la misión plantea que esta capacidad será clave no solo para capitales asentadas sobre acuíferos exigidos, sino también para comunidades costeras donde la subsidencia local se superpone con la subida del nivel del mar. En ese sentido, Ciudad de México funciona como caso de prueba y advertencia. Si un sistema así logra seguir con precisión una de las capitales que más rápido se hunden del mundo, también puede afinar el seguimiento de deltas, llanuras aluviales y periferias urbanas en otras regiones.

Medir mejor no equivale a detener el descenso

El radar no sella pozos ni recompone sedimentos compactados. Lo que ofrece es otra calidad de evidencia. NISAR ya liberó más de 100.000 productos de datos de nivel 1 a nivel 3 a través de la Alaska Satellite Facility, y esa apertura puede cambiar quién usa la información y con qué velocidad. Urbanistas, ingenieros hidráulicos, operadores de transporte y autoridades del agua ya no dependen solamente de estudios espaciados o de daños visibles para confirmar que algo está cediendo.

La pregunta técnica ahora es más incómoda que la imagen: si el hundimiento de Ciudad de México puede medirse con esta precisión desde órbita, ¿la gestión del acuífero y de la infraestructura va a adaptarse a tiempo, o el satélite solo va a producir el registro más exacto de una ciudad que sigue bajando?

Fuente original: NASA Jet Propulsion Laboratory

Fuente: NASA Jet Propulsion Laboratory