Un Mundo Loco ●

Llovió, los cultivos crecieron, y los mayas igual se fueron. El hallazgo que complica la explicación más aceptada sobre el colapso de su civilización.

Llovió, los cultivos crecieron, y los mayas igual se fueron. El hallazgo que complica la explicación más aceptada sobre el colapso de su civilización.

Durante décadas, la explicación más extendida del colapso de la civilización maya clásica fue la sequía. Entre los siglos IX y X de nuestra era, las grandes ciudades del período Clásico —Tikal, Calakmul, Palenque— fueron abandonadas o despobladas en el lapso de pocas generaciones. Los sedimentos de varios lagos de la región mostraban indicios de condiciones secas severas durante ese período. El argumento parecía sólido: el cambio climático secó la tierra, los cultivos fallaron, la gente se fue.

Un nuevo estudio publicado en la revista Biogeosciences complicó esa imagen de manera significativa. En Itzan, un sitio arqueológico en el sudoeste de Guatemala, los sedimentos del lago cercano cuentan una historia diferente: durante el período en que la población desapareció abruptamente, no había sequía. El clima era estable. Llovía con regularidad. Y sin embargo, la ciudad fue abandonada.

3.300 años en el fondo de un lago

Benjamin Gwinneth, profesor de geografía de la Université de Montréal que estudia el cambio ambiental y su impacto en las civilizaciones antiguas, lleva años analizando el sitio de Itzan a través del lago que lo acompaña: Laguna Itzan. Los sedimentos del fondo de ese lago guardan una crónica ambiental y demográfica que se extiende 3.300 años hacia atrás, desde aproximadamente 4.000 años antes del presente hasta el abandono del sitio hace unos 1.000 años.

El método es el mismo que usan los paleoclimatólogos para reconstruir climas del pasado sin termómetros ni registros históricos: extraer núcleos de sedimento del fondo lacustre y analizar los marcadores químicos preservados en cada capa. El equipo midió tres tipos de indicadores. Los hidrocarburos policíclicos aromáticos revelan la intensidad histórica de los incendios de roza para la agricultura. Las ceras foliares —compuestos orgánicos producidos por las plantas— reflejan los patrones de vegetación y lluvia en el tiempo. Los estanoles fecales, producidos por bacterias intestinales humanas y animales, permiten estimar el tamaño de la población con sorprendente precisión.

Con esas tres señales superpuestas sobre las capas de sedimento, el equipo reconstruyó simultáneamente la historia climática, agrícola y demográfica del sitio.

Lo que reveló la estratigrafía

El registro es detallado. Los primeros asentamientos permanentes en Itzan aparecen hace unos 3.200 años, acompañados de marcas claras de agricultura de roza: mucha presencia de hidrocarburos en los sedimentos del período, lo que indica quemas frecuentes para abrir terreno. La población creció gradualmente durante el período Preclásico.

La transición al período Clásico —aproximadamente entre 1.600 y 1.000 años antes del presente— marca un cambio notable: la señal de incendios cae bruscamente aunque la población aumenta. Eso indica una transformación en las prácticas agrícolas, desde la roza extensiva hacia métodos más intensivos como los campos de camellones y la horticultura concentrada. El sitio se urbanizó y la agricultura se volvió más sofisticada para alimentar una densidad de población mayor.

Gwinneth describió ese momento: "Ya no era un componente importante de sus prácticas agrícolas. Esta transformación refleja una urbanización gradual y sugiere que los mayas estaban cambiando las estrategias agrícolas para alimentar a una población en crecimiento."

Luego viene el Clásico Terminal —entre 1.140 y 1.000 años antes del presente— y ahí está el misterio. Los estanoles fecales caen en picada. La señal de población desaparece. La agricultura cesa. El sitio es abandonado.

Y las ceras foliares, que reflejan la humedad, no muestran nada inusual. No hay sequía en Itzan.

Por qué Itzan era diferente

La explicación geográfica es directa. Itzan se encuentra cerca de la Cordillera guatemalteca, en una posición donde las corrientes atmosféricas del Caribe generan precipitaciones orográficas regulares: la humedad que llega del mar Caribe choca contra las montañas, asciende y condensa en forma de lluvia. Esa dinámica protegió a Itzan de las mismas condiciones secas que afectaron a otras ciudades mayas en las tierras bajas del norte.

Gwinneth señaló la paradoja que eso crea para la narrativa convencional: "Incluso cuando no había condiciones de sequía localmente, la población de Itzan declinó bruscamente durante el período Clásico Terminal, entre 1.140 y 1.000 años atrás."

Si la sequía no tocó a Itzan, no puede ser la causa directa de su colapso.

Colapso de red, no catástrofe uniforme

Lo que el estudio propone en cambio es una dinámica de colapso en cascada. Las ciudades mayas no eran unidades independientes. Formaban una red densa de relaciones comerciales, alianzas políticas y dependencias económicas. Cuando la sequía golpeó duramente a varias ciudades del norte y el este durante el Clásico Terminal —algo que los sedimentos de otros lagos sí documentan— las consecuencias no se limitaron a las ciudades directamente afectadas.

Las sequías desencadenaron escasez de alimentos, presión sobre los recursos, conflictos y guerras entre ciudades-estado rivales. Las élites políticas fueron desestabilizadas o derrocadas. Las rutas comerciales se interrumpieron. Las migraciones masivas de poblaciones desplazadas rediseñaron el equilibrio demográfico regional. Y todo eso viajó por la red, afectando incluso a los nodos que no habían sufrido el golpe climático inicial.

Itzan, con su clima estable, no fue inmune a ese proceso. Fue arrastrada por la desintegración del sistema del que formaba parte.

Gwinneth formuló la conclusión de manera que subvierte la causalidad simple: "La transformación o 'colapso' de la civilización maya no fue el resultado mecánico de una catástrofe climática uniforme; fue un fenómeno complejo en el que el clima, la organización social, las redes económicas y las dinámicas políticas estaban entrelazados."

Lo que esto cambia para la arqueología del colapso

El hallazgo de Itzan tiene implicaciones metodológicas importantes. Durante mucho tiempo, los registros paleoambientales de un lago o una región se generalizaron para inferir las causas del colapso de toda una civilización. Si el sitio donde se hizo el muestreo mostró sequía, se asumía que la sequía fue la causa. Lo que el estudio de Gwinneth demuestra es que la variabilidad regional era alta: dos sitios mayas a distancia relativamente corta podían tener historias climáticas completamente distintas durante el mismo período.

Eso no invalida la relación entre sequía y colapso maya —esa relación existe y está bien documentada en múltiples sitios. Lo que sugiere es que la sequía fue una causa entre varias, distribuida de manera desigual, y que los mecanismos sociales de transmisión del colapso fueron tan importantes como el desencadenante climático inicial.

Los pueblos, las ciudades y las civilizaciones colapsan por la misma razón que colapsan los sistemas complejos: no siempre porque el nodo que falla era el más frágil, sino porque la fragilidad se propaga.

Fuente original: Biogeosciences / ScienceDaily / Université de Montréal

Fuente: Biogeosciences / ScienceDaily / Université de Montréal