En 2010, un equipo de Harvard liderado por Ted Kaptchuk hizo un experimento que debería haber sido imposible. Tomaron 80 pacientes con síndrome de intestino irritable y los dividieron en dos grupos. A un grupo no le dieron nada. Al otro grupo le dieron píldoras de azúcar —sin ningún principio activo— pero les dijeron exactamente lo que eran: "Estas son píldoras placebo. No contienen ningún medicamento. Han demostrado, en estudios clínicos rigurosos, producir mejoras significativas en los síntomas del síndrome de intestino irritable."
Al cabo de tres semanas, el 59% del grupo placebo reportó mejora en sus síntomas. Solo el 35% del grupo que no recibió nada mejoró.
Los pacientes sabían que estaban tomando azúcar. Mejoraron igual.

Qué es realmente el efecto placebo
La explicación popular del placebo es que "es todo psicológico" —que los pacientes se convencen de que mejoran y entonces reportan sentirse mejor, aunque en realidad no cambia nada. Esta explicación es incorrecta.
El efecto placebo es un cambio bioquímico medible. Cuando un paciente recibe un tratamiento —incluso uno inerte— y espera que funcione, el cerebro activa mecanismos neurobiológicos reales:
Opioides endógenos. El cerebro libera endorfinas —los mismos analgésicos que produce naturalmente durante el ejercicio intenso. Fabrizio Benedetti, neurólogo de la Universidad de Turín y uno de los investigadores más importantes del campo, demostró que si bloqueás los receptores de opioides con naloxona (un fármaco que bloquea esos receptores), el efecto analgésico del placebo desaparece. Es decir: el alivio del dolor no es imaginado. Es producido por sustancias reales que el cerebro fabrica.
Dopamina. En pacientes con Parkinson —cuya enfermedad implica la pérdida de neuronas dopaminérgicas— los placebos pueden producir liberación real de dopamina, medida por PET scan. El cerebro literalmente fabrica el neurotransmisor que le falta.
Serotonina. En estudios con antidepresivos, una parte significativa del efecto terapéutico de los medicamentos reales puede atribuirse al efecto placebo —a la expectativa de mejorar.
El nocebo: cuando el placebo funciona al revés
Si el placebo puede mejorar síntomas, el nocebo puede empeorarlos. El nocebo es el efecto inverso: cuando un paciente espera efectos secundarios, los desarrolla —incluso si la sustancia no puede causarlos.
En ensayos clínicos, los pacientes que reciben píldoras de azúcar pero que leen la lista de efectos secundarios del medicamento real reportan experimentar esos efectos secundarios a tasas significativamente mayores que los que no leen la lista. Náuseas, mareos, fatiga —todos producidos por expectativa, no por farmacología.
Benedetti demostró algo más perturbador: si un médico le dice a un paciente que está reduciendo la dosis de morfina —aunque en realidad no la cambie— el dolor del paciente aumenta. La expectativa de menos medicamento activa el dolor antes de que el medicamento haya cambiado.
Por qué funciona sin engaño
El experimento de Kaptchuk con placebos abiertos —los que el paciente sabe que son placebos— desafía la explicación más intuitiva del efecto: que funciona porque el paciente cree que está recibiendo un tratamiento real.
Si esa explicación fuera completa, el placebo abierto no debería funcionar en absoluto.
La explicación más plausible según los investigadores es que el ritual médico en sí tiene un efecto. Ir a una consulta, recibir indicaciones, tomar una píldora dos veces al día —toda esa estructura activa mecanismos de expectativa y condicionamiento que el cerebro ha asociado con tratamiento y recuperación. No hace falta creer que la píldora tiene ingredientes activos. Basta con participar en el ritual.
Este mecanismo tiene un nombre: condicionamiento pavloviano. Igual que el perro de Pavlov aprendió a salivar con el sonido de la campana, el sistema nervioso humano aprendió —a lo largo de toda una vida de experiencias médicas— a responder con cambios fisiológicos ante los rituales del tratamiento.
Cuánto del efecto de los medicamentos reales es placebo
Esta es la parte incómoda.
Los ensayos clínicos miden si un medicamento es mejor que placebo —no si es mejor que nada. En estudios con antidepresivos, el efecto del medicamento sobre una escala de depresión es significativamente mayor que en el grupo placebo. Pero el efecto del placebo solo también es muy grande.
Irving Kirsch, psicólogo de Harvard, analizó los datos de todos los ensayos de antidepresivos enviados a la FDA entre 1987 y 1999. Encontró que aproximadamente el 80% del efecto antidepresivo medido en los ensayos era replicable con placebo. Los medicamentos funcionan —pero una parte de por qué funcionan es que el paciente sabe que está tomando algo.
Esto no invalida los medicamentos. Los significa en contexto.
Lo que Kaptchuk cambió
El trabajo de Kaptchuk desplazó el campo de una pregunta ("¿el placebo funciona?") a otra más complicada ("¿cómo podemos aprovechar el mecanismo placebo éticamente?"). Si el efecto funciona incluso sin engaño, hay camino para usar rituales terapéuticos, expectativas positivas y condicionamiento como parte del tratamiento —sin mentirle al paciente.
El cerebro tiene una farmacia interna. El truco es saber cómo abrirla.
Fuente original: PLOS ONE — Placebos without Deception (Kaptchuk et al., 2010)