Cada vez que una roca del espacio sobrevive el viaje a través de la atmósfera y llega al suelo, hay un proceso burocrático que arranca. Alguien la encuentra, la analiza, la clasifica, le da un nombre — generalmente el del lugar donde cayó — y la ingresa en una base de datos. Esa base de datos es el Meteoritical Bulletin Database, administrado por la Meteoritical Society, y tiene registrados más de 70.000 meteoritos.
Es el inventario más completo de fragmentos extraterrestres que existen en la Tierra. Cada entrada tiene coordenadas, masa, tipo mineral, método de clasificación, y referencias a los trabajos científicos donde fue descrito. El catálogo es público y consultable en línea.

¿Cómo se nombra un meteorito?
El sistema de nomenclatura tiene sus reglas. Los meteoritos se nombran por la localidad más cercana al lugar de hallazgo. Si hay varios del mismo lugar, se les agrega un número o una letra: "Allende A", "Allende B". En el caso de los meteoritos de la Antártida — que representan una fracción enorme del total catalogado — se usan siglas y números que identifican la expedición y el campo de hielo.
El nombre más famoso es probablemente "ALH84001", el meteorito de Marte encontrado en la meseta de Allan Hills en 1984, que en 1996 generó titulares mundiales cuando un equipo de la NASA sugirió que podría contener evidencia de vida microbiana. La hipótesis fue luego impugnada, pero el caso es el mejor ejemplo de cómo un meteorito catalogado puede cambiar el debate científico décadas después de su hallazgo.
¿Qué tipos de meteoritos existen?
La clasificación es más compleja de lo que parece. La primera división es entre condritos (rocas que no se fundieron desde su formación, los más primitivos del sistema solar) y acondritos (rocas que sí se fundieron en algún momento). Dentro de esas categorías hay decenas de grupos.
Los condritos tienen condrulos — pequeñas esferas de material silicatado formadas en los primeros millones de años del sistema solar — que actúan como cápsulas de tiempo. Analizar su composición permite reconstruir las condiciones del disco protoplanetario hace 4.600 millones de años. Son piedras corrientes con información extraordinaria adentro.
Los meteoritos de hierro son fragmentos del núcleo de asteroides que se diferenciaron — es decir, que estuvieron fundidos el tiempo suficiente para que los metales pesados se hundieran al centro. Cuando el asteroide se fragmentó en colisiones, esos núcleos quedaron expuestos. Cuando uno llega a la Tierra, es literalmente el corazón metálico de un cuerpo planetario que ya no existe.
Los meteoritos marcianos y lunares son más raros y tienen clasificación propia. Se identifican por su composición química, que coincide con mediciones realizadas por sondas en Marte o por las muestras traídas del Apollo. Hay poco más de 300 meteoritos marcianos conocidos en el mundo.
¿Por qué hay tantos meteoritos en la Antártida?
Más del 60% de los meteoritos catalogados fueron encontrados en la Antártida. Hay dos razones.
La primera es de conservación: el hielo seco y la oscuridad preservan las rocas sin oxidación ni contaminación biológica, a veces durante decenas de miles de años. La segunda es de concentración: los glaciares antarticos fluyen lentamente hacia el mar, pero cuando encuentran una cadena montañosa enterrada bajo el hielo, el movimiento se detiene y el viento erosiona el hielo expuesto. El resultado es que meteoritos dispersos en grandes superficies terminan acumulándose en campos relativamente pequeños. Los equipos de búsqueda los encuentran porque contrastan visualmente con el hielo blanco.
Las expediciones japonesas (JARE) y americanas (ANSMET) llevan décadas recolectando en la Antártida. La eficiencia del sistema es sorprendente: en algunas temporadas se recogen cientos de especímenes en pocas semanas.
¿Qué pasó con el meteorito que cayó en Argentina?
Argentina tiene sus entradas en el catálogo. El más masivo es el Campo del Cielo, en la provincia de Chaco, un campo de dispersión de hierro y níquel que cayó hace aproximadamente 4.000 años. El impacto fue múltiple — no fue un solo meteorito sino una lluvia de fragmentos — y los objetos resultantes tienen una forma particular de cristalización llamada estructura de Widmanstätten, visible cuando se corta y pule la roca. Esa estructura solo puede formarse si el material se enfrió a una tasa de uno o dos grados por millón de años: es la firma temporal de un proceso que ningún laboratorio puede reproducir.
El más grande de los fragmentos conocidos, el "Gancedo", pesa 30,8 toneladas y fue encontrado en 2016 a 5 metros de profundidad. Es el segundo meteorito de hierro más pesado encontrado intacto en la historia.
¿Por qué importa catalogar meteoritos?
El argumento más directo es científico. Los meteoritos son muestras del sistema solar primitivo que ninguna misión puede traer deliberadamente: tienen distribuciones de isótopos, composiciones minerales y edades que permiten reconstruir la historia de la nube de gas que dio origen al Sol y los planetas.
Pero hay un argumento más abstracto. El catálogo es también una decisión institucional: la humanidad eligió nombrar, clasificar y custodiar objetos que llegaron desde afuera. Lo que cae del cielo no siempre se puede ignorar. A veces hay que archivarlo.
Fuente: Meteoritical Bulletin Database — The Meteoritical Society