En las redes sociales aparecen cada tanto fotos de nubes perfectas, casi geométricas, flotando sobre cumbres de montañas. Son redondas o con capas apiladas como platos, y no se mueven aunque el viento esté soplando fuerte. La mayoría de la gente que las ve por primera vez piensa en ovnis. Los pilotos de planeador las conocen hace décadas: son nubes lenticulares, y son una de las formaciones atmosféricas más espectaculares y mejor entendidas que existen.
La confusión con objetos voladores no identificados es tan sistemática que la Fuerza Aérea de los Estados Unidos documentó decenas de avistamientos de ovnis durante los años 50 y 60 que, al revisarse, correspondían a nubes lenticulares. El Atlas de Nubes de la Organización Meteorológica Mundial (OMM) las clasifica bajo el nombre técnico Altocumulus lenticularis — "lenticular" viene del latín lens, que significa lente, por su forma característica.
¿Por qué las nubes lenticulares se forman siempre sobre montañas?
Una nube lenticular no aparece en cualquier lugar. Necesita dos ingredientes: una montaña y viento estable que sople en la dirección correcta.
Cuando el viento tropieza con una cadena montañosa, el aire se ve forzado a subir. Al subir, se enfría. Si hay suficiente humedad, el vapor de agua se condensa y forma una nube. Hasta ahí, igual que cualquier nube.
Lo diferente con las lenticulares es lo que pasa del otro lado de la cumbre: el aire no sigue recto hacia adelante, sino que sube y baja en oleadas, como el agua de un río cuando pasa sobre una roca. Esas oscilaciones verticales se llaman ondas orográficas o ondas de montaña, y pueden extenderse cientos de kilómetros hacia sotavento de la cumbre.
En los puntos más altos de esas ondas, el aire sube, se enfría y condensa. En los puntos más bajos, desciende, se calienta y el agua vuelve a evaporarse. El resultado es una nube que parece estática: no se mueve porque el punto de condensación está siempre en el mismo lugar. El aire pasa a través de la nube constantemente, pero la nube en sí permanece quieta. Si la condición se mantiene, puede durar horas.
¿Por qué las nubes lenticulares parecen objetos artificiales?
La nube lenticular tiene dos rasgos que el ojo humano asocia con lo construido, no con lo natural: simetría y bordes definidos.
La mayoría de las nubes son asimétricas y tienen bordes difusos porque se forman por convección — el calor sube en columnas irregulares. Las lenticulares, en cambio, se forman en un flujo de aire laminar, suave, predecible. Ese flujo da como resultado bordes nítidos y una forma elíptica o de disco que se mantiene estable mientras dure la onda orográfica.
Cuando se apilan varias capas —lo que los meteorólogos llaman "pila de tortas" o lenticular stack— la apariencia se vuelve aún más extraña. Cada capa corresponde a una onda diferente a distinta altitud. Pueden verse tres, cuatro o cinco discos perfectamente apilados sobre una cumbre.
La imagen más fotografiada de este tipo es la que aparece regularmente sobre el monte Fuji en Japón, el Kilimanjaro en Tanzania y el monte Shasta en California. En los Andes, sobre el Aconcagua, se forman con frecuencia durante el invierno.
Lo que les importa a los pilotos (y por qué)
Para la aviación deportiva, las nubes lenticulares son una señal valiosa. Los pilotos de planeadores las buscan activamente: la onda orográfica que forma la nube también crea corrientes ascendentes que pueden llevar un planeador a gran altitud sin motor. El récord mundial de altitud en planeador —15.460 metros, en 2018— fue establecido aprovechando una onda orográfica sobre los Andes argentinos cerca de El Calafate.
Pero para la aviación comercial, las mismas ondas pueden ser peligrosas. Las turbulencias en zonas de onda orográfica son violentas y repentinas, especialmente debajo y detrás de la nube. Los protocolos de vuelo tienen zonas de restricción cerca de cadenas montañosas cuando hay condiciones de viento que favorecen la formación de estas ondas.
Los tipos que existen
El Atlas de Nubes de la OMM reconoce tres géneros principales de nubes lenticulares según su altitud:
Altocumulus lenticularis — entre 2.000 y 7.000 metros. Las más comunes y fotogénicas. Color blanco o gris, bordes muy definidos.
Stratocumulus lenticularis — más bajas, por debajo de los 2.000 metros. Menos frecuentes en forma pura.
Cirrocumulus lenticularis — en altura, por encima de los 6.000 metros. Son más delgadas, casi transparentes. Tienen un aspecto nacarado cuando la luz solar las ilumina desde ángulos bajos.
La variante más espectacular se da cuando la temperatura de la tropopausa es exactamente la adecuada: las capas superiores capturan luz solar de colores distintos, creando las llamadas nubes nacaradas o nubes de nácar, que presentan iridiscencia violeta, rosa y verde. Son visibles justo antes del amanecer o después del atardecer, cuando el sol ilumina las capas altas de la atmósfera desde abajo.
¿Por qué se confunden con ovnis desde hace décadas?
El vínculo entre nubes lenticulares y avistamientos de ovnis no es anecdótico. En los registros desclasificados del Proyecto Blue Book —el programa de la Fuerza Aérea estadounidense que investigó avistamientos de ovnis entre 1952 y 1969— hay decenas de casos que los investigadores atribuyeron eventualmente a nubes lenticulares. Las características que confundían a los testigos eran siempre las mismas: forma de disco, estabilidad, brillo inusual y ausencia de movimiento.
La confusión se amplificó porque las nubes lenticulares aparecen sobre cordilleras, y muchas de las zonas militares y de pruebas aéreas de Estados Unidos están ubicadas cerca de montañas del oeste: Nevada, California, Nuevo México. Un testigo que ve un objeto brillante, simétrico y quieto sobre el desierto cerca de una base aérea tiene todos los elementos para una historia de ovnis.
El meteorólogo británico Gavin Pretor-Pinney, fundador de la Cloud Appreciation Society, documentó en su libro The Cloudspotter's Guide (2006) decenas de avistamientos históricos que corresponden a nubes lenticulares. Señala que la sistematicidad de la confusión dice algo sobre cómo el cerebro humano interpreta formas simétricas en el cielo: asume agencia, intención, construcción.
Cuándo verlas en Argentina
En Argentina, las condiciones más favorables para nubes lenticulares se dan en el corredor andino durante invierno y primavera, cuando el viento del oeste —el Zonda— sopla con fuerza y estabilidad sobre la cordillera. Mendoza, Neuquén y Santa Cruz son las provincias donde se reportan con mayor frecuencia.
El Aconcagua, con sus 6.961 metros, actúa como un generador casi perfecto de ondas orográficas cuando el viento viene del oeste. Expediciones de montaña documentan su aparición como señal de viento fuerte en altura, que puede ser peligroso para los que intentan llegar a la cumbre.
Son formaciones que no necesitan ninguna explicación sobrenatural para ser extraordinarias. La atmósfera, el viento y la geometría de las montañas son suficientes para producir algo que ningún ser humano podría construir con esa precisión.
Preguntas frecuentes sobre nubes lenticulares
¿Las nubes lenticulares son peligrosas?
Para aviones comerciales, sí pueden serlo: indican turbulencia severa en las zonas de onda orográfica que las generan. Los pilotos de planeador, en cambio, las buscan deliberadamente porque las corrientes ascendentes asociadas permiten ganar altura sin motor.
¿Por qué las nubes lenticulares no se mueven?
Porque no son objetos que viajan: son puntos fijos donde el aire se condensa. El viento pasa a través de la nube constantemente, pero la nube permanece en el mismo lugar mientras la onda orográfica que la genera se mantenga estable.
¿Dónde ver nubes lenticulares en Argentina?
Las mejores condiciones se dan en el corredor andino —Mendoza, Neuquén, Santa Cruz— durante invierno y primavera, cuando el viento Zonda sopla con fuerza desde el oeste. El Aconcagua las genera con frecuencia durante expediciones de cumbre.
¿Las nubes lenticulares tienen nombre científico?
Sí. La más común es Altocumulus lenticularis, clasificada por la Organización Meteorológica Mundial. "Lenticular" viene del latín lens (lente), por su forma característica de disco o lente biconvexa.
Fuente original: World Meteorological Organization Cloud Atlas
