En 1809, Napoleón Bonaparte se sentó frente a un autómata de madera y marfil en el palacio de Schönbrunn, en Viena. El aparato —conocido como el Turco— era una figura humana vestida con ropas otomanas, instalada detrás de un gabinete repleto de engranajes y palancas. Napoleón intentó hacer movimientos ilegales tres veces. Las tres veces, el brazo mecánico del Turco retiró las piezas del tablero y las devolvió a su posición correcta. A la cuarta, la mano de la máquina barrió las piezas. Napoleón perdió la partida.
El Turco había sido construido en 1769 por Wolfgang von Kempelen, ingeniero e inventor húngaro al servicio de la emperatriz María Teresa de Austria. Von Kempelen lo presentó como entretenimiento para la corte, pero terminó creando uno de los fraudes más admirados —y más duraderos— de la historia.
El gabinete y sus compartimentos
La máquina consistía en un gabinete de madera de aproximadamente 120 por 60 centímetros, montado sobre ruedas, con un tablero de ajedrez encima. Sobre el gabinete, una figura masculina articulada vestida con turbante extendía el brazo izquierdo para mover las piezas. Antes de cada función, von Kempelen abría las puertas del gabinete y permitía que el público examinara su interior: cilindros, ruedas dentadas, palancas conectadas entre sí. El espectáculo era convincente.
Lo que no mostraba: el gabinete estaba dividido en compartimentos que podían reordenarse visualmente. Detrás de los engranajes expuestos había un espacio suficiente para que un ser humano se sentara en posición inclinada. Un sistema de palancas transmitía los movimientos de la mano humana al brazo mecánico exterior. La visibilidad del tablero se lograba a través de imanes incorporados a las piezas, que activaban indicadores en la superficie inferior del tablero visibles desde adentro. Una vela pequeña ventilaba el compartimento durante la partida.
Los derrotados notables
Benjamin Franklin jugó contra el Turco en París durante su período como ministro plenipotenciario de los Estados Unidos en Francia, entre 1778 y 1785. Perdió. Charles Babbage —inventor británico considerado pionero de las computadoras mecánicas— jugó dos partidas contra la máquina en años distintos. Perdió las dos. Frederic-Louis Lhardy, uno de los mejores ajedrecistas de Europa en ese período, fue derrotado en exhibición pública.
Von Kempelen murió en 1804. Johann Nepomuk Mälzel, inventor alemán conocido por fabricar metrónimos, adquirió la máquina y la llevó en gira por Europa y luego por América del Norte. En los Estados Unidos, el operador oculto era William Schlumberger, ajedrecista alsaciano que viajaba con Mälzel bajo el título de asistente de escena. Schlumberger se ubicaba dentro del gabinete antes de cada función y salía sin que el público lo advirtiera.
Poe no pudo resolverlo
En 1836, Edgar Allan Poe publicó "Maelzel's Chess Player", un ensayo de análisis en el Southern Literary Messenger en el que examinaba el Turco durante varias páginas y concluía que debía haber un ser humano dentro. Su conclusión era correcta. Su descripción del mecanismo real era errónea en varios puntos. Poe nunca tuvo acceso al interior de la máquina.
El interés persistente del Turco residía precisamente en eso: descartarlo era difícil. Cada persona que lo intentaba podía identificar algo impreciso en su razonamiento. La máquina era una trampa para la lógica, no solo para el ajedrecista.
El incendio de Filadelfia
El 5 de julio de 1854, un incendio destruyó el Museo Chino de Filadelfia, en Chestnut Street. El Turco llevaba años sin operar, guardado en el depósito del edificio. Las llamas arrasaron la estructura completa. Lo que quedó del autómata no fue recuperado.
La exposición detallada del mecanismo llegó en 1857, tres años después del incendio. Silas Weir Mitchell, hijo del último propietario estadounidense de la máquina, publicó en The Chess Monthly una descripción completa basada en testimonios de personas que habían conocido a Schlumberger y observado el funcionamiento interno.
Desde su construcción en Viena hasta su destrucción en Filadelfia, el Turco estuvo en operación durante 85 años. Derrotó a generales, diplomáticos, inventores y escritores. No era una máquina inteligente: era un ajedrecista con talento para soportar calor, oscuridad y una postura incómoda durante horas, detrás de un mecanismo diseñado para que nadie quisiera creer que él estaba ahí.
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Imagen: ilustración del mecanismo del Turco publicada en 1789 por Joseph Friedrich zu Racknitz en Über den Schachspieler des Herrn von Kempelen, mostrando la figura exterior y el compartimento interno. Wikimedia Commons, dominio público.
Fuente original: The Turk — Wikipedia