En 2021, Japón nombró un Ministro de la Soledad. El cargo no existía en ningún país del mundo hasta ese momento. La decisión no fue metafórica ni simbólica: fue una respuesta a datos concretos que el gobierno japonés había acumulado durante años sobre aislamiento social, suicidio, y lo que los investigadores llaman "muertes en soledad", personas que mueren en sus apartamentos y no son encontradas durante días, semanas, a veces meses.
El ministerio tiene presupuesto. Tiene empleados. Tiene política pública.
En 2023, el Reino Unido amplió su propio Ministerio de la Soledad, que había creado en 2018. En 2024, varios países europeos empezaron procesos de diseño de agencias similares.
El gobierno de la soledad es ahora una especialidad administrativa.
Por qué Japón llegó antes
Japón tiene condiciones demográficas y culturales que hicieron visible el problema antes que en otros países. La población envejece a una velocidad que no tiene precedente en ninguna sociedad industrializada. El porcentaje de personas que viven solas supera el treinta por ciento en las ciudades grandes. La cultura laboral históricamente desalentó los vínculos fuera del trabajo.
El resultado fue un país donde la soledad dejó de ser un estado emocional privado y se convirtió en un problema de salud pública con costos económicos medibles: atención médica de emergencia para personas que nadie visita, servicios sociales que nadie activa porque no hay quien los active, productividad laboral afectada.
La soledad le cuesta al estado japonés dinero. De ahí el ministerio.
Lo que hace concretamente
El Ministerio de la Soledad japonés no organiza eventos para que la gente se conozca. Trabaja sobre infraestructura: identifica quiénes están más aislados a través de datos demográficos y de servicios, coordina con municipios para intervenciones locales, financia programas comunitarios, y mide resultados.
Uno de los programas más citados es la red de visitas domiciliarias: voluntarios y trabajadores sociales que hacen contacto regular con personas mayores que viven solas. No para hacer compañía en el sentido sentimental, sino para verificar que estén vivas y conectarlas con servicios si los necesitan.
Por qué esto se está expandiendo
La soledad como problema de política pública emergió con más fuerza durante y después de la pandemia. Los datos de salud mental en casi todos los países desarrollados mostraron aumentos en depresión, ansiedad y aislamiento que no revirtieron completamente cuando se levantaron las restricciones.
El argumento que están usando los países que crean estas agencias es simple: la soledad tiene costos de salud equivalentes a fumar quince cigarrillos por día, según la investigación de la epidemióloga Julianne Holt-Lunstad. Si ese dato es correcto, ignorar el problema tiene un precio que los sistemas de salud terminan pagando.
El ángulo que nadie espera
Argentina tiene una de las tasas de psicoterapia más altas del mundo, una cultura de conversación y vínculos sociales que los propios argentinos describen como intensa, y ciudades donde la soledad existe pero raramente es silenciosa.
El modelo japonés del ministerio de la soledad es casi inimaginable en Buenos Aires, donde el problema sería más bien el inverso: necesitarías una agencia para garantizar que la gente pueda estar sola cuando quiere.
La soledad es un problema culturalmente construido. La política pública que intenta resolverla también lo es.
Fuente original: Ministry of Health, Labour and Welfare Japan