Un Mundo Loco ●

Una placa tectónica se está desgarrando en tiempo real bajo el Pacífico. Es la primera vez que los científicos ven una zona de subducción morir.

Una placa tectónica se está desgarrando en tiempo real bajo el Pacífico. Es la primera vez que los científicos ven una zona de subducción morir.

Debajo del fondo del océano Pacífico, frente a las costas de Oregon, Washington y la Columbia Británica, hay una placa tectónica que se está muriendo. No de golpe, no en un evento catastrófico, sino lentamente, desgarrándose pieza por pieza mientras se hunde bajo el continente norteamericano. Un equipo de científicos acaba de publicar las primeras imágenes que muestran ese proceso en detalle, capturando algo que nunca había sido observado directamente: una zona de subducción en el acto de terminar.

El estudio, publicado el 29 de abril de 2026 en la revista Science Advances, fue liderado por Brandon Shuck, geofísico de la Universidad Estatal de Luisiana que realizó el trabajo en el Observatorio Terrestre Lamont-Doherty de la Universidad de Columbia, junto a sus colegas Suzanne Carbotte y Anne Bécel. Los datos provienen de la Campaña de Imágenes Sísmicas de Cascadia 2021 (CASIE21), realizada a bordo del buque de investigación Marcus G. Langseth, que utilizó un arreglo de sensores submarinos de 15 kilómetros de largo para emitir ondas sonoras hacia el fondo oceánico y capturar sus ecos: una ecografía del interior de la Tierra.

Lo que esas imágenes revelan es una fractura activa en la placa Juan de Fuca y su vecina, la placa Explorer. Una de las fallas principales muestra un desplazamiento vertical de aproximadamente cinco kilómetros. Hay también una desgarro de 75 kilómetros de longitud con actividad sísmica mezclada. La conclusión del equipo es que la placa no va a colapsar toda de una vez: se está fragmentando en un proceso gradual que los investigadores denominan "terminación por partes".

"En lugar de apagarse de una sola vez, la placa se está desgarrando pedazo por pedazo", dijo Shuck. "Es la primera vez que tenemos una imagen clara de una zona de subducción atrapada en el acto de morir."

Una zona de subducción agonizante

La placa Juan de Fuca es un remanente de lo que alguna vez fue una masa tectónica mucho más grande llamada la placa Farallón, que dominó el fondo del Pacífico oriental durante decenas de millones de años. A medida que la Farallón se fue hundiendo bajo Norteamérica, se fragmentó en varias piezas menores. La Juan de Fuca es uno de esos fragmentos, y es excepcionalmente pequeña para ser una placa tectónica: mide apenas unos 250.000 kilómetros cuadrados, una fracción del tamaño de los gigantes como la placa del Pacífico o la placa Norteamericana.

Esa pequeñez es parte del problema. Las placas pequeñas que subducen —que se hunden bajo otras placas más grandes— pierden gradualmente la masa y el impulso necesarios para seguir arrastrándose hacia abajo. Eventualmente, la física simplemente deja de funcionar a su favor: ya no hay suficiente material frío y denso para que la gravedad siga hundiendo la placa, y el proceso se detiene. Lo que el equipo de Shuck demostró es que ese final no ocurre de manera abrupta sino como un desgarro progresivo que puede tomar millones de años.

El resultado es fascinante desde el punto de vista geológico porque explica algo que los científicos habían observado durante mucho tiempo sin poder explicar bien: la existencia de pequeños fragmentos de antiguas placas oceánicas incrustados en el interior de los continentes. Esos microfragmentos —llamados terranes o teranes— son los restos de placas que murieron exactamente así, desgarrándose antes de ser completamente absorbidas. Ver ese proceso ocurriendo en tiempo real le da a los geólogos una ventana directa a fenómenos que normalmente solo pueden inferirse del registro fósil de rocas.

La amenaza que no desaparece con la muerte de la placa

El desgarramiento de la placa Juan de Fuca no elimina el riesgo sísmico en el Pacífico noroccidental. De hecho, el estudio mejora los modelos de peligro sísmico regional al proporcionar una imagen más precisa de la geometría de la placa que se hunde, pero los investigadores aclaran que no altera significativamente las evaluaciones actuales de amenaza.

La zona de subducción de Cascadia es una de las fuentes de riesgo sísmico más importantes del continente americano. El último gran terremoto en esta zona ocurrió en enero de 1700, con una magnitud estimada entre 8,7 y 9,2. Generó un tsunami que cruzó el Pacífico y llegó hasta Japón, donde quedó registrado en documentos históricos que permitieron, varios siglos después, identificar su origen en la costa noroeste de Norteamérica.

Las ciudades de Seattle, Portland y Vancouver están todas dentro del radio de impacto de un eventual megaterremoto de Cascadia. Las nuevas imágenes de la placa Juan de Fuca muestran que el sistema es más complejo de lo que se pensaba: la fragmentación interna de la placa podría modificar cómo se propagan las ondas sísmicas durante un futuro gran terremoto. Los modelos actuales asumen una placa relativamente uniforme; la realidad es una estructura fracturada con variaciones verticales de varios kilómetros.

Lo que nunca se había visto

La técnica empleada, imágenes de reflexión sísmica, no es nueva en sí misma. Lo que la hizo posible en esta escala es la capacidad del buque Langseth de desplegar sensores en un arreglo de 15 kilómetros y procesar los datos resultantes con suficiente resolución para distinguir estructuras a esa profundidad. Shuck describió el método como "hacer una ecografía del interior de la Tierra", y la analogía es precisa: se emiten ondas, rebotan en las diferentes capas de roca, y los ecos revelan la arquitectura interna.

Lo que hace único al hallazgo es el nivel de detalle. Se habían registrado antes indicios sísmicos de que la placa Juan de Fuca podría estar fragmentándose, pero nunca había sido posible ver directamente las fallas, su desplazamiento vertical, y la extensión de los desgarramientos. El estudio convierte una hipótesis en observación directa.

Para los geólogos que estudian la historia tectónica de la Tierra, ver una zona de subducción en vivo en su fase terminal es el equivalente a lo que sería para un biólogo observar la extinción de una especie en tiempo real: un proceso que normalmente solo puede reconstruirse a partir de fósiles, ocurriendo frente a los instrumentos. La placa Juan de Fuca lleva millones de años en ese camino y todavía tardará millones de años más en desaparecer completamente. Pero el momento en que los humanos pudieron verla morir fue el 29 de abril de 2026.

Fuente original: Science Advances / Lamont-Doherty Earth Observatory (ScienceDaily)

Fuente: Science Advances / Lamont-Doherty Earth Observatory