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Las fotos con que EE.UU. intentó inventariarse en 1976 se reúnen por primera vez en el Smithsonian

Las fotos con que EE.UU. intentó inventariarse en 1976 se reúnen por primera vez en el Smithsonian

El 29 de abril de 2026, el Smithsonian American Art Museum anunció una muestra que toma una decisión rara y precisa: reunir por primera vez las fotografías hechas para los relevamientos financiados durante el Bicentenario de Estados Unidos. La exhibición se llama Much Here Is Beautiful: Photography Surveys of the U.S. Bicentennial, abrirá en Washington el 18 de septiembre y seguirá hasta el 18 de abril de 2027. Importa porque no recupera una moda estética ni una colección privada, sino un intento institucional de mirar el país entero en un momento de balance histórico, crisis urbana y reordenamiento cultural.

El dato más fuerte está en la escala. Según el museo, el National Endowment for the Arts financió más de 70 relevamientos fotográficos entre fines de los años setenta y comienzos de los ochenta; de ese programa salieron miles de imágenes tomadas por más de 200 fotógrafos. En 1983, 1.000 de esas fotografías fueron transferidas al Smithsonian American Art Museum. La muestra actual reúne 225 piezas y también incorpora obras y documentos rastreados en colecciones de todo el país. No es una selección menor: es la primera vez que ese proyecto disperso aparece como un cuerpo histórico legible.

Un programa federal para mirar el país desde adentro

La base del asunto está en 1976. Para celebrar los 200 años de la independencia, el NEA no eligió producir una iconografía solemne de próceres, banderas y edificios oficiales. Armó un programa de subsidios para que fotógrafos y equipos regionales documentaran comunidades, calles, fábricas, barrios, rutas y paisajes concretos. El modelo de referencia era claro: la tradición de relevamientos federales del siglo XIX y, sobre todo, la Farm Security Administration, que en los años treinta convirtió la fotografía documental en un instrumento de observación nacional.

La exhibición del Smithsonian subraya esa genealogía. Antes de entrar en los trabajos del Bicentenario, presenta imágenes vinculadas al U.S. Geological Survey, con nombres como Carleton E. Watkins, William Bell, Timothy O’Sullivan y William H. Jackson. Después enlaza esa línea con la FSA de Dorothea Lange, Walker Evans, Arthur Rothstein, Russell Lee, Marion Post Wolcott y John Collier. La operación curatorial es concreta: mostrar que el programa del Bicentenario no cayó del cielo, sino que retomó una vieja ambición estadounidense, la de producir un autorretrato territorial por medio de cámaras financiadas por el Estado.

De Ohio y Baltimore a Memphis y San Francisco

La muestra organiza ese archivo por regiones. En el Nordeste aparecen Lee Friedlander con sus imágenes de fábricas y obreros en pueblos industriales de Ohio y Pensilvania, Bruce Davidson con su serie Subway sobre Nueva York, y el relevamiento de East Baltimore encabezado por Elinor Cahn, Joan Clark Netherwood y Linda Rich. En el Sur, el museo destaca fotografías inéditas de Robert Townsend Jones Jr. sobre Beale Street, en Memphis, recuperadas a partir de negativos encontrados durante la investigación curatorial, además del registro de Martin Stupich sobre la construcción del sistema MARTA en Atlanta.

El Medio Oeste gira en parte alrededor de St. Louis, donde Joel Meyerowitz fotografió una ciudad marcada por el Gateway Arch, la obra de Eero Saarinen. También aparecen las atracciones de ruta registradas por John Margolies: moteles, diners, estaciones de servicio y rarezas comerciales que hoy funcionan casi como catálogo de un paisaje vernacular en retirada. En el Oeste, la exposición reúne trabajos del Rephotographic Survey Project de Mark Klett y JoAnn Verburg con imágenes históricas de Watkins y O’Sullivan tomadas un siglo antes. Esa yuxtaposición convierte a la muestra en algo más que una retrospectiva: permite medir qué cambió en el terreno y qué persistió en el modo de encuadrarlo.

Mil fotografías transferidas, trece proyectos conservados

Hay otra cifra decisiva en esta historia: 1983. Ese año, 1.000 fotografías producidas con apoyo del NEA pasaron al Smithsonian American Art Museum y ayudaron a fundar su programa de fotografía. Entre ese material había copias de 13 proyectos del Bicentenario, además de documentos y efímera vinculados con el programa completo. La muestra actual parte de ese núcleo, pero no se limita a él. John Jacob, curador senior de fotografía, y Krystle Stricklin, curadora asistente, trabajaron durante años para ubicar piezas dispersas, identificar series incompletas y volver visibles trabajos que no habían sido revisitados de manera integral desde que los subsidios fueron administrados.

Ese punto explica por qué la noticia excede el calendario de exposiciones. Muchos de estos relevamientos nacieron como documentación regional y circularon poco fuera de su contexto inmediato. El propio museo señala que parte del material que ahora se verá permanecía inédito o prácticamente inaccesible. Cuando una institución reúne, describe y vuelve a poner en sala estas imágenes, no sólo conserva objetos. También recompone una infraestructura de lectura: quién fotografió qué, para qué programa, en qué ciudad, en qué fecha y bajo qué idea de país.

Lo que muestra un Bicentenario cuando no mira monumentos

El título de la muestra sale de “American Journal”, un poema de Robert Hayden publicado en 1978. La frase funciona porque estas fotos no se comportan como souvenir patriótico. En lugar de fijar una identidad estable, registran fricciones. Hay viviendas obreras en Jenkins, Kentucky; túneles y vagones del subte neoyorquino; la transformación de Beale Street; Chinatown en San Francisco según Reagan Louie; y el proyecto de Penny Wolin sobre el desarrollo energético en Wyoming, Jackalopes, Cowboys and Coalmines. En conjunto, el Bicentenario aparece menos como celebración cerrada que como pregunta visual sobre trabajo, movilidad, memoria local y paisaje construido.

La elección también dialoga con el presente. En 2026, cuando Estados Unidos se prepara para el 250 aniversario de su fundación, el Smithsonian decide revisar el momento en que el país se había fotografiado a sí mismo medio siglo antes. Jane Carpenter-Rock, directora interina del museo, lo planteó como parte del compromiso institucional de conservar imágenes de la experiencia cotidiana estadounidense. Leído hoy, el archivo hace otra cosa: deja ver qué sectores entraron en el encuadre federal y cuáles quedaron apenas en los bordes.

La consecuencia concreta no está sólo en las 225 obras que se colgarán en Washington. Está en la pregunta que la muestra reactiva: cuando un país financia una gran operación para verse a sí mismo, ¿termina produciendo un retrato compartido o un mapa de ausencias que recién décadas después alguien aprende a leer?

Fuente original: Smithsonian American Art Museum

Fuente: Smithsonian American Art Museum