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La visita que León XIV sí prepara vuelve más extraña la gran ausencia del jesuita Francisco en la Argentina

Basílica de Luján bajo un cielo tormentoso
La Argentina católica siguió esperando durante todo el pontificado de Francisco una visita que nunca llegó.

Si León XIV termina visitando la Argentina en noviembre de 2026, la pregunta que vuelve con más fuerza no es sólo qué hará el nuevo papa acá. La pregunta más incómoda es otra: por qué Francisco nunca volvió.

El contraste ya empezó a tomar forma. El 21 de mayo de 2026, Reuters informó que la gira sudamericana de León XIV prevista para noviembre se espera que incluya Uruguay, Perú y Argentina, aunque al 22 de mayo de 2026 ese tramo todavía no figura en el calendario oficial de viajes de la Santa Sede. Es decir: la visita todavía no está formalizada por el Vaticano, pero ya dejó de sonar a rumor menor.

Y eso alcanza para reabrir un vacío argentino que durante doce años quedó suspendido.

El papa argentino que nunca vino como papa

Jorge Mario Bergoglio fue elegido papa el 13 de marzo de 2013. Murió el 21 de abril de 2025. Entre esas dos fechas, según el archivo oficial de viajes del Vaticano, realizó 47 viajes apostólicos y visitó 66 países. Argentina no estuvo entre ellos.

El dato es brutal por simple. El primer papa argentino, el hombre nacido en Buenos Aires y durante años arzobispo de la ciudad, recorrió el mundo entero sin regresar a su propio país como pontífice.

No es que le faltaran invitaciones. No es que el tema no apareciera una y otra vez. En enero de 2024, Reuters reportó que Francisco dijo que esperaba poder viajar a la Argentina en la segunda mitad de ese año. Más tarde, en septiembre de 2024, dijo durante el vuelo de regreso desde Asia que todavía no había decidido si vendría en 2025. La posibilidad existía. Nunca se concretó.

La explicación política existe, pero no alcanza

La lectura automática en la Argentina fue siempre política: Francisco no venía para no quedar capturado por una escena local feroz, donde cualquier misa, abrazo o silencio iba a ser leído como alineamiento.

Esa explicación tiene parte de verdad. La Argentina convierte todo en disputa, y mucho más a una figura así. Francisco lo sabía mejor que nadie.

Pero la política por sí sola no alcanza para explicar la decisión. Si fuera sólo eso, tampoco habría visitado otros países atravesados por conflictos ásperos, polarización o tensiones violentas. Y sin embargo fue.

Para entender mejor su ausencia hay que mirar otra capa: su historia jesuita.

Francisco no fue sólo un papa argentino: fue un jesuita argentino

La biografía oficial de la Santa Sede lo dice sin rodeos: Francisco fue “el jesuita argentino Jorge Mario Bergoglio”. Entró al noviciado de la Compañía de Jesús el 11 de marzo de 1958, fue ordenado sacerdote en 1969 y en 1973 hizo su profesión perpetua en la orden. Ese mismo año fue nombrado provincial de los jesuitas de Argentina.

Eso importa porque los jesuitas no son simplemente un “grupo de curas más”. Son una orden marcada por la disciplina intelectual, la misión, el discernimiento y una relación muy particular con el poder: lo usan, lo estudian, lo negocian, pero al mismo tiempo desconfían del apego a la escena.

En Francisco esa marca se veía mucho. Su papado fue intensamente político, pero no en el sentido partidario. Más bien en el sentido jesuita: leer estructuras, correrse del centro, elegir periferias, intervenir donde parecía haber fractura moral o social.

Y quizás ahí aparece una clave para la ausencia argentina. Volver al país propio como papa no era, para Bergoglio, un simple regreso sentimental. Era entrar en la única escena donde dejaba de ser sólo pontífice para volver a ser también un actor local, un ex arzobispo, un ex cardenal, una memoria viva de internas que nunca se cerraron del todo.

El problema argentino de Francisco era demasiado argentino

Francisco podía ser universal en Roma porque Argentina seguía siendo particular. Y la particularidad argentina, en su caso, era excesiva.

Acá no era únicamente el jefe de la Iglesia católica. Era:

  • Bergoglio,
  • el hombre de Flores,
  • el ex arzobispo porteño,
  • el jesuita de una generación atravesada por dictadura, pobreza y disputa eclesial,
  • y una figura sobre la que se proyectaban amores, odios y culpas nacionales.

Volver físicamente a la Argentina implicaba reactivar todo eso de golpe.

Por eso su ausencia se volvió tan elocuente. No fue un vacío administrativo. Fue una decisión cargada de sentido.

Por qué León XIV cambia la lectura

Porque León XIV no es argentino y tampoco es jesuita. La biografía oficial del Vaticano lo presenta como Robert Francis Prevost, nacido en Chicago, ciudadano también peruano, y además el primer papa agustino de la historia.

Eso lo coloca en otro punto de entrada a la región. Si finalmente incluye a la Argentina en su gira de noviembre, lo hará sin la sobrecarga emocional que hacía de cada eventual viaje de Francisco una bomba simbólica.

Para León XIV, venir puede ser un gesto pastoral, diplomático y regional. Para Francisco, venir era inevitablemente otra cosa: volver a la escena donde su figura nunca había dejado de ser doméstica.

Ahí está la diferencia decisiva.

La visita del nuevo papa no cerraría la herida: la subrayaría

Si León XIV pisa la Argentina antes de cumplir dos años de pontificado, no va a resolver el enigma de Francisco. Lo va a volver más visible.

Porque va a dejar en evidencia que el problema nunca fue solamente logístico, sanitario ni protocolar. Era biográfico, eclesial y argentino.

Francisco fue el papa que salió de la Argentina y se volvió global sin regresar. León XIV podría ser el papa que llegue a la Argentina sin cargar esa imposibilidad.

Y entonces la pregunta cambiaría de forma. Ya no sería “por qué no vino”. Sería algo más fuerte: por qué el único papa argentino fue precisamente el que no pudo volver.

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Fuentes: Reuters, 21 de mayo de 2026 · Biografía oficial de Francisco, Santa Sede · Viajes 2026 de León XIV, Santa Sede · Viajes 2024 de Francisco, Santa Sede · Reuters, 14 de enero de 2024

Fuente: Reuters / Vatican / Santa Sede

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