Hajime Moriyasu no construyó su nombre desde el grito ni desde la pose. Lo hizo desde una idea más japonesa y más silenciosa: orden, paciencia y continuidad. Por eso su figura explica bastante bien el momento de los Samurai Blue, una selección que dejó de ser promesa exótica para convertirse en un rival incómodo para cualquiera.
Moriyasu dirige a Japón desde 2018. Llegó después del Mundial de Rusia, tomó una generación con talento creciente y le dio una estructura reconocible: presión coordinada, transiciones rápidas, disciplina táctica y confianza en futbolistas formados dentro y fuera del país.
De mediocampista silencioso a seleccionador
Antes de ser entrenador, Moriyasu fue mediocampista. Jugó durante años en Sanfrecce Hiroshima, fue internacional con Japón y formó parte de una etapa clave del fútbol japonés: la transición hacia una liga profesional más fuerte y una selección con ambición mundialista.
Esa experiencia pesa en su manera de dirigir. Moriyasu entiende al futbolista japonés desde adentro: la exigencia colectiva, la importancia del sistema, la necesidad de no romper el equilibrio incluso cuando el partido pide velocidad.
El laboratorio de Hiroshima
Su gran salto como técnico llegó en Sanfrecce Hiroshima. Allí ganó la J1 League en 2012, 2013 y 2015, una trilogía que lo instaló como uno de los entrenadores más importantes del fútbol japonés moderno.
No fue sólo una acumulación de títulos. Fue una demostración de método. Equipos compactos, competitivos, capaces de sufrir y de golpear. Esa identidad después aparecería también en la selección.
Japón en Qatar: el golpe de autoridad
El Mundial de Qatar 2022 cambió la percepción global sobre Moriyasu. Japón derrotó a Alemania y España, dos campeones del mundo, con el mismo resultado: 2-1. No fueron triunfos casuales. Fueron partidos que mostraron lectura, ajustes y una capacidad notable para esperar el momento correcto.
Japón terminó eliminado en octavos de final ante Croacia por penales, pero dejó una imagen fuerte: ya no era una selección simpática que corría mucho. Era un equipo serio, tácticamente adulto, capaz de hacer sufrir a potencias.
El estilo Moriyasu
Moriyasu no vende espectáculo permanente. Su fútbol se apoya en otra cosa: lectura del partido, cambios oportunos y una estructura que permite competir incluso cuando Japón no domina la pelota.
Esa es una de sus marcas. Sus equipos pueden alternar presión alta con bloque medio, velocidad por bandas con paciencia para elegir el pase. Y, sobre todo, sostienen una idea colectiva. Japón no depende de una sola estrella: funciona como selección.
El desafío hacia 2026
El reto de Moriyasu es sostener ese crecimiento. Japón ya no sorprende igual que antes porque el mundo lo toma en serio. Esa es la nueva dificultad: competir cuando el rival ya sabe que enfrente hay un equipo preparado, veloz y mentalmente fuerte.
Para los Samurai Blue, el objetivo ya no es solamente participar. Es avanzar, discutir partidos grandes y empujar el techo histórico del fútbol japonés.
Y ahora llega una prueba enorme: mañana, lunes 29 de junio de 2026, Japón se cruza con Brasil. En los papeles, la selección brasileña parte como favorita. Pero si hay un técnico capaz de preparar una sorpresa, ese es Moriyasu: ya lo hizo en Qatar cuando Japón golpeó a Alemania y España con paciencia, disciplina y contragolpes quirúrgicos.
Frente a Brasil, su equipo necesitará exactamente eso: cerrar espacios, no regalar pérdidas y atacar cada transición como si fuera una oportunidad única. Japón no tiene que jugar el partido perfecto durante noventa minutos. Tiene que encontrar el momento justo.
La idea final
Moriyasu Hajime representa una forma de liderazgo sin estridencias. No necesita ocupar toda la escena para imponer autoridad. Su obra está en el equipo: una selección ordenada, valiente, paciente y cada vez más respetada.
Japón encontró en él algo más que un entrenador. Encontró un proceso.
Fuente original: Japan Football Association - Samurai Blue · FIFA - Hajime Moriyasu · AFC - Asian football
