El último gol mundialista de Neymar llegó cuando ya no servía para salvar a Brasil. En el 90+10 ante Noruega, con la eliminación prácticamente cerrada, tomó la pelota, hizo su pausa de siempre y marcó de penal el 1-2. Fue gol, fue descuento y fue despedida. El partido se terminó enseguida. Noruega pasó a cuartos de final. Brasil se fue del Mundial 2026.
La escena tuvo algo cruel: Neymar convirtió el penal que le faltó ejecutar en Qatar 2022, pero esta vez no había tanda, ni remontada, ni tiempo para torcer la historia. Apenas un último gesto técnico dentro de un partido que ya se había escapado.
El penal que llegó tarde
Brasil no cayó por ese penal. Cayó antes. Erling Haaland abrió el marcador a los 79 minutos y volvió a golpear a los 89, después de una asistencia de Andreas Schjelderup. Hasta ahí, el equipo de Carlo Ancelotti había tenido chances, incluso un penal en el primer tiempo que Bruno Guimarães desperdició ante Ørjan Nyland, pero nunca logró convertir la superioridad de nombres en control real.
Neymar había entrado a los 68 minutos por Gabriel Martinelli. No fue titular en la noche que parecía escrita para su regreso grande. Entró con el partido cerrado, con Brasil buscando una grieta y con su cuerpo todavía administrado como si cada carrera tuviera costo.
El penal llegó después de una falta sobre Casemiro. Neymar lo pateó con el oficio de los que conocen ese lugar. Gol. Grito breve. Cara dura. El reloj ya había pasado el minuto 98 y caminaba por ese territorio extraño del descuento final, cuando los equipos que pierden no atacan con esperanza sino con urgencia. Para Brasil, el 1-2 fue una línea en la estadística. Para Neymar, una forma áspera de salir de escena.
La promesa de 2014
La historia mundialista de Neymar empezó con otra luz. En 2014 tenía 22 años y Brasil jugaba en casa. El torneo estaba montado sobre una expectativa gigante: que la selección volviera a levantar la Copa en su tierra, esta vez con un heredero moderno, explosivo, flaco, eléctrico, capaz de cargar una camiseta demasiado pesada.
Neymar respondió al comienzo. Hizo cuatro goles en cinco partidos y sostuvo a Brasil cuando el equipo de Luiz Felipe Scolari ya mostraba problemas. Contra Croacia marcó dos. Contra Camerún, otros dos. En octavos, ante Chile, convirtió en la tanda. Era la promesa y el recurso de emergencia al mismo tiempo.
Después llegó Colombia. Juan Camilo Zúñiga lo golpeó en la espalda en el minuto 88 del cruce de cuartos. El diagnóstico fue fractura de vértebra. Neymar quedó afuera del Mundial y Brasil siguió sin él hacia el 7-1 contra Alemania. Desde entonces, su carrera con la selección quedó marcada por esa mezcla de talento y daño: cuando parecía listo para gobernar un torneo, el cuerpo o el equipo le corrían el suelo.
La mejor versión con Brasil
Si hubo un Neymar plenamente dueño de Brasil, probablemente fue el de la Copa América 2021. No ganó el título, porque Argentina venció 1-0 en el Maracaná con gol de Ángel Di María. Pero Neymar jugó ese torneo con una claridad particular: menos adolescente, más conductor, menos promesa, más eje.
Terminó con dos goles y tres asistencias. La CONMEBOL lo eligió entre los mejores jugadores del torneo junto a Lionel Messi. En esa Copa se vio una versión muy precisa de lo que Brasil necesitaba de él: no un gambeteador suelto esperando una genialidad, sino un organizador ofensivo que atraía rivales, aceleraba cuando debía y juntaba al equipo alrededor de su zurda y su pausa.
Fue, para muchos, lo mejor que jugó Neymar con la camiseta de Brasil. No por la copa que no levantó, sino por el tipo de autoridad que tuvo. Ya no era la promesa de 2014. Era el futbolista que entendía cómo mandar en un partido grande.
El cuerpo como adversario
El problema es que Neymar casi nunca pudo separar su historia de las lesiones. En Rusia 2018 llegó después de una lesión en el pie y terminó atrapado entre faltas, exageraciones, críticas y una eliminación ante Bélgica. En Qatar 2022 se lastimó el tobillo en el debut contra Serbia, volvió para los cruces y marcó un golazo contra Croacia en el alargue. Brasil quedó afuera por penales antes de que él pateara.
En octubre de 2023, jugando para Brasil contra Uruguay por Eliminatorias, sufrió la rotura del ligamento cruzado anterior y del menisco de la rodilla izquierda. Fue una lesión larga, de cirugía y recuperación pesada. Quedó afuera de la Copa América 2024 y su etapa en Arabia Saudita se desarmó casi sin continuidad. El regreso a Santos en 2025 tuvo más valor emocional que garantía física.
Por eso su presencia en el Mundial 2026 ya venía cargada de duda. No era el Neymar que llegaba para dominar todo. Era un jugador de 34 años intentando entrar una vez más en la historia antes de que la historia cerrara la puerta.
El Mundial que casi no entraba en el plan
FourFourTwo contó en la previa que una molestia en la pantorrilla lo dejó fuera de los dos primeros partidos de Brasil en la fase de grupos. Su primera aparición fue un cameo de 15 minutos ante Escocia, con el resultado ya resuelto. Después llegó Noruega, el cruce que debía darle un papel mayor y terminó reduciéndolo a media hora de emergencia.
Ese fue el rasgo más triste de su último baile: no se jugó como una película larga, sino como escenas sueltas. Un rato en Miami. Un ingreso a los 68 minutos en New Jersey. Un penal en el 90+10. Pocos minutos para una carrera que alguna vez prometía ocupar torneos enteros.
Neymar había llamado a este Mundial su "Last Dance" en redes, según registró FourFourTwo. Si ese anuncio se sostiene, su final con Brasil no tendrá la imagen perfecta de una vuelta olímpica ni la épica de un gol decisivo. Tendrá algo más incómodo: un gol técnicamente limpio, emocionalmente enorme y competitivamente inútil.
Qué deja la escena
Neymar se va, si este fue realmente su cierre, con una contradicción difícil de ordenar. Fue el máximo goleador histórico de Brasil, jugó cuatro Mundiales, ganó la Confederaciones 2013 y el oro olímpico de Río 2016. También quedó asociado a una Copa del Mundo que nunca pudo ganar, a lesiones que interrumpieron sus mejores momentos y a una promesa que el imaginario brasileño siempre midió contra Pelé, Ronaldo, Ronaldinho y la camiseta más pesada del fútbol.
El penal ante Noruega condensa esa carrera. Hay talento, hay orgullo, hay gesto individual. Pero alrededor hay un equipo eliminado, un reloj sin margen y una sensación de oportunidad perdida. Neymar hizo lo que todavía podía hacer: patear, engañar al arquero y marcar. Lo demás ya no dependía de él.
El último baile terminó con gol. Eso lo vuelve menos vacío. Pero terminó con Brasil afuera. Eso lo vuelve Neymar.
Fuentes: The Guardian, crónica de Brasil 1-2 Noruega · The Guardian, minuto a minuto del partido · FourFourTwo, Neymar en el Mundial 2026 · AP, lesión de ligamento cruzado y menisco en 2023 · CONMEBOL Copa América 2021.
