El 23 de mayo de 1936 se inauguró el Obelisco de Buenos Aires. Nació como símbolo de la ciudad y terminó convirtiéndose en algo más raro: una especie de imán de historias, amenazas de demolición, mitos urbanos, leyendas de fantasmas y, ahora, proyecciones que lo vuelven pantalla.
A 90 años de su inauguración, el monumento sigue funcionando como una máquina de producir relato. Hay datos históricos precisos. Y hay otra capa, más porteña y más oscura, que lo vuelve todavía más interesante.
El monumento que casi no sobrevive
El Obelisco fue construido en tiempo récord para conmemorar los 400 años de la primera fundación de Buenos Aires. El proyecto fue del arquitecto Alberto Prebisch, y la obra se levantó sobre la Plaza de la República, en el cruce de la 9 de Julio y Corrientes.
Antes de eso, ahí estaba la iglesia de San Nicolás de Bari, donde en 1812 se izó por primera vez la bandera argentina en Buenos Aires.
Pero lo más raro es que el Obelisco no siempre fue intocable. En 1939, el Concejo Deliberante llegó a votar su demolición por una combinación de costo, mantenimiento y rechazo estético. La idea no prosperó, pero la sola posibilidad muestra que el monumento que hoy parece inevitable alguna vez estuvo en duda.
Las leyendas del lugar
La zona del Obelisco heredó muchas historias del viejo solar de San Nicolás. Allí aparecen relatos sobre túneles, tesoros, voces, presencias y fantasmas asociados al pasado religioso del lugar.
No hay evidencia seria de que el Obelisco esté “habitado” por fantasmas. Pero sí existe un folklore porteño que lo rodea desde hace décadas y que lo conecta con la iglesia demolida, con lo que quedó enterrado y con la sensación de que ciertos lugares nunca terminan de borrarse del todo.
Esa clase de mito funciona porque el Obelisco es, al mismo tiempo, demasiado visible y demasiado abstracto: todos lo ven, pero casi nadie piensa qué había antes.
Lali y los artistas de la noche
La imagen que más ruido hizo en la cobertura y en las redes fue la de Lali Espósito proyectada sobre el Obelisco. No fue la única presencia cultural de la noche: la celebración también reunió a Joaco Burgos, No Name DJs, la Orquesta de Cámara Mahler, Por Siempre Astor y el proyecto Arte en el Pecho.
Ese detalle explica por qué el aniversario no fue sólo una efeméride. Fue una noche donde el monumento se volvió pantalla, show y discusión pública al mismo tiempo.
Por qué sigue importando
El Obelisco sigue importando porque resume la ciudad mejor que casi cualquier otra cosa: velocidad, tensión, escala y cierta melancolía urbana.
Es una postal, un punto de encuentro y una pieza de memoria.
Pero también es una prueba de que Buenos Aires nunca termina de terminarse: debajo de cada símbolo hay una ciudad anterior, y debajo de esa otra, una historia más vieja todavía.
Fuente original: Buenos Aires Ciudad
