En la provincia de Corrientes hay localidades donde el padrón electoral parece el árbol genealógico de una sola familia. Apellidos de origen guaraní que se repiten en el setenta, el ochenta por ciento de los habitantes. El fenómeno no es único en Argentina: aparece en varias provincias del norte y del nordeste, en comunidades donde el mestizaje colonial siguió patrones que en el resto del país no se dieron.
La explicación demográfica es técnicamente simple. La historia detrás es más rara.
Cómo se forma un pueblo con un solo apellido
Durante la colonización española, las poblaciones indígenas del nordeste argentino fueron en parte integradas al sistema de reducciones jesuíticas, en parte dispersadas, en parte asimiladas a través del mestizaje. En ese proceso, los apellidos funcionaron de manera distinta a como lo hicieron en Europa.
En muchos casos, los apellidos guaraníes no se transmitían por línea paterna según el modelo europeo. Cuando el Estado colonial y luego el Estado nacional impusieron el registro civil, los oficiales asignaban apellidos de maneras que hoy serían impensables: a veces el apellido del patrón, a veces una traducción del nombre guaraní, a veces simplemente el apellido de quien administraba el padrón.
En comunidades pequeñas y relativamente aisladas, ese proceso de asignación produjo apellidos que se repitieron durante generaciones. No porque todos sean de la misma familia, sino porque en algún punto del siglo XIX o XX, a un grupo de personas que no tenían relación de sangre les pusieron el mismo apellido.
El problema que crea hoy
El sistema de identificación argentino supone que el apellido, combinado con el nombre, es un identificador relativamente único dentro de una comunidad. En estas localidades, ese supuesto falla.
Los registros civiles de algunos municipios correntinos tienen páginas enteras donde el apellido es el mismo y los nombres de pila son los que distinguen a las personas. Los sistemas de bases de datos del Estado, diseñados para poblaciones con mayor diversidad de apellidos, generan errores con frecuencia.
Un funcionario de uno de estos municipios lo describió en términos directos: en mi pueblo hay dieciséis personas que se llaman exactamente igual. El sistema no fue pensado para eso.
Lo que revela sobre cómo se construyó el país
Argentina tiene una narrativa de sí misma como país de inmigrantes europeos. Buenos Aires, Rosario, Bahía Blanca: ciudades con apellidos italianos, españoles, judíos, árabes que conviven en un mosaico que el imaginario nacional celebra.
Esa narrativa deja fuera una Argentina anterior y paralela: la del norte y nordeste, donde la mezcla fue con poblaciones originarias, donde los apellidos cuentan otra historia, donde la identidad no pasa por el barco que llegó de Génova sino por la reducción jesuítica, la misión, el río Paraná.
Los pueblos con un solo apellido son, entre otras cosas, evidencia geográfica de esa otra Argentina. No la de la inmigración masiva sino la del mestizaje silenciado.
El dato que más incomoda
Hay investigadores que trabajaron en reconstruir los árboles genealógicos de estas comunidades y encontraron algo que el propio dato del apellido compartido ya sugería: muchas de estas personas, que comparten apellido pero no creen ser parientes, efectivamente lo son. Las comunidades pequeñas y relativamente cerradas durante generaciones producen ese resultado.
El apellido que el Estado asignó arbitrariamente terminó siendo, con el tiempo, una descripción accidentalmente correcta.
Fuente original: INDEC - Censo Nacional