La escena parece doméstica, pero la pregunta es enorme: ¿qué pasa si el agua que sale de la canilla trae partículas tan chicas que un filtro común no llega a retenerlas? Un equipo del CONICET en Mar del Plata está trabajando sobre esa zona difícil de ver. El proyecto, dirigido por la investigadora Carla di Luca en el Instituto de Investigaciones en Ciencia y Tecnología de Materiales (INTEMA, CONICET-UNMdP), busca desarrollar un dispositivo de uso doméstico para remover micro y nanoplásticos del agua de red.
La idea no es vender magia ni prometer una solución inmediata. El desarrollo todavía está en etapa de investigación y validación de laboratorio. Pero resulta interesante porque apunta a un problema muy concreto: muchos purificadores hogareños fueron pensados para sedimentos, cloro, bacterias, arsénico u otros compuestos, no para partículas plásticas de escala microscópica.
Dos pasos para un enemigo invisible
El dispositivo combina dos etapas. Primero, una fase de fotólisis UVC modifica la superficie externa de las partículas. No busca destruir por completo los microplásticos ni convertirlos en algo todavía más pequeño; el objetivo es activar su superficie para que se vuelvan más afines a otros materiales.
Después llega la captura. Allí entran en juego materiales adsorbentes de bajo costo, desarrollados a partir de residuos industriales locales. En palabras simples: se intenta preparar a las partículas para que puedan quedar retenidas en materiales porosos diseñados para atraerlas.
Ese detalle es clave porque los nanoplásticos son especialmente problemáticos. Al medir menos de un micrómetro, pueden atravesar mecanismos de filtrado convencionales. Algunas tecnologías avanzadas, como la ósmosis inversa o la ultrafiltración, tienen gran capacidad de remoción, pero pueden ser caras, demandar energía, gastar agua y no siempre resultan prácticas para una solución hogareña accesible.
La rareza argentina
Lo más curioso de este proyecto es su combinación de escalas. Por un lado, trabaja con partículas que no se ven a simple vista. Por otro, piensa en un objeto cotidiano: un complemento para purificadores de agua domésticos. Entre ambos extremos aparece una pregunta de diseño: cómo llevar una estrategia de laboratorio a una pieza que pueda usarse en casas reales.
La línea de investigación fue reconocida con la Distinción Franco-Argentina en Innovación 2025 en la categoría Senior. Ese dato no vuelve comercial al prototipo, pero muestra que el problema ya no pertenece solo al mundo académico. Agua, residuos industriales, materiales porosos y consumo cotidiano empiezan a cruzarse en una misma conversación.
Qué falta todavía
El equipo evalúa la eficiencia de remoción bajo condiciones representativas de agua de red. Los próximos pasos incluyen diseñar y construir un prototipo para probar el sistema híbrido en condiciones más cercanas al uso real.
La nota importante está en esa prudencia. Un filtro contra microplásticos no se vuelve relevante por sonar futurista, sino porque obliga a revisar qué entendemos por agua potable en una época donde la contaminación también puede ser microscópica. Si el desarrollo avanza, la innovación no estará solo en atrapar partículas: estará en hacerlo con bajo consumo energético, materiales baratos y una escala posible para hogares.
Fuente original: CONICET