Ganímedes es el objeto más grande del sistema solar que no es un planeta ni una estrella. Es una luna de Júpiter — la más grande de todas las lunas conocidas, más grande que Mercurio — y tiene algo que no debería tener: un campo magnético propio.
Las lunas no tienen campos magnéticos. Para generar uno se necesita un núcleo metálico líquido en movimiento, y los núcleos de los cuerpos pequeños se solidifican rápido. La Tierra todavía tiene el suyo activo porque es grande. La Luna, Marte, Mercurio — todos los tuvieron y los perdieron. Una luna no debería poder mantenerlo.
Ganímedes lo tiene. Y esta semana, investigadores publicaron en Phys.org la explicación: el núcleo metálico de Ganímedes todavía se está formando.
Por qué eso es extraordinario
Los modelos estándar de formación planetaria dicen que los núcleos se diferencian — los metales pesados se hunden hacia el centro, los silicatos flotan hacia la superficie — en los primeros 100 a 200 millones de años de vida de un cuerpo. Es un proceso rápido geológicamente, impulsado por el calor residual de la formación y la energía liberada por el propio hundimiento del metal.
Ganímedes tiene 4.500 millones de años. La misma edad que el sistema solar. Debería tener un núcleo completamente formado, sólido o parcialmente líquido, pero terminado.
La nueva investigación sugiere que no. La diferenciación todavía está en curso, impulsada por una combinación de dos fuentes de calor que se mantienen activas mucho más tiempo de lo que los modelos habituales contemplan: la desintegración de elementos radiactivos de vida larga en el interior, y el calentamiento de marea producido por la interacción gravitacional con Júpiter y las otras lunas galileanas.
La resonancia que lo hace posible
Ganímedes orbita Júpiter en resonancia 1:2:4 con Europa e Ío — por cada vuelta de Ganímedes, Europa da dos y Ío da cuatro. Esa resonancia no es coincidencia: es estable y se mantiene sola por millones de años.
Lo que hace es estirar y comprimir el interior de cada luna de manera periódica, generando calor por fricción. En Ío, el efecto es extremo: volcanes activos por todo el cuerpo. En Europa, mantiene un océano líquido bajo el hielo. En Ganímedes, el efecto es más moderado, pero suficiente para ralentizar el enfriamiento del interior durante miles de millones de años más de lo esperado.
Combinado con el calor radiactivo, eso mantiene el núcleo lo suficientemente cálido como para que la diferenciación metálica continúe. El metal sigue hundiéndose. El movimiento genera el campo magnético.
Lo que abre
Si Ganímedes puede mantener un proceso de formación planetaria activo durante 4.500 millones de años gracias a una combinación de calor radiactivo y calentamiento de marea, la pregunta es cuántos otros objetos del sistema solar — y de otros sistemas planetarios — están en estados intermedios de formación que nunca detectamos porque asumíamos que todo estaba terminado.
La formación planetaria es un proceso, no un evento. Ganímedes es la demostración más clara que tenemos de que ese proceso puede durar mucho más de lo que los modelos predicen.
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Fuente original: Un Mundo Loco
Fuentes consultadas: Phys.org — Ganymede's unique magnetic field powered by ongoing core formation