Hubble volvió a la Nebulosa Trífida y encontró movimiento en una foto de 29 años

Hubble volvió a la Nebulosa Trífida y encontró movimiento en una foto de 29 años

NASA difundió el 20 de abril de 2026 una nueva imagen del telescopio espacial Hubble de la Nebulosa Trífida, también conocida como Messier 20, una región de formación estelar ubicada a unos 5.000 años luz de la Tierra. La publicación marca el 36 aniversario del lanzamiento de Hubble y no importa solo por la belleza de la imagen: vuelve sobre una zona que el telescopio ya había observado en 1997, lo que permite comparar cambios reales en una nube de gas y polvo a escala humana.

El dato más fuerte es justamente esa distancia temporal. Entre la observación de 1997 y la de 2026 pasaron 29 años, suficientes para detectar cómo se expandieron chorros de plasma asociados a estrellas jóvenes. La nueva toma fue realizada con la Wide Field Camera 3, instalada durante la misión de servicio 4, y usa filtros estrechos para mapear oxígeno, hidrógeno y azufre en colores asignados. En una nebulosa que mide años luz, Hubble encontró movimiento porque miró dos veces con paciencia.

Una nube que parece animal marino

La imagen cercana de Hubble se concentra en una estructura de gas y polvo oxidado que NASA comparó con una babosa marina o "sea lemon" cósmico. Esa lectura visual no es un adorno: sirve para ubicar piezas concretas dentro de una escena extremadamente compleja. La cabeza, los cuernos y el cuerpo de esa forma oscura son regiones densas donde el polvo bloquea parte de la luz visible y conserva señales de estrellas en formación.

La zona pertenece a la Trífida, una nebulosa de emisión catalogada como M20. En la publicación asociada, NASA señala que varias estrellas masivas, fuera del campo principal de la imagen, llevan al menos 300.000 años moldeando la región. Sus vientos y radiación ultravioleta empujan el gas, abren cavidades y comprimen material, generando condiciones para nuevas oleadas de formación estelar.

Ese mecanismo explica la doble condición de la imagen. Parece una escena quieta, casi pictórica, pero en realidad registra fuerzas que erosionan y reorganizan materia. Donde el azul aparece más claro, la radiación de estrellas masivas ioniza gas y barre polvo. Donde el marrón se vuelve más oscuro, el material sigue siendo denso y puede ocultar protoestrellas.

Herbig-Haro 399 como una aguja en movimiento

Uno de los puntos científicos de la comparación es Herbig-Haro 399, un chorro de plasma asociado a una protoestrella escondida en la cabeza de la estructura. NASA explica que el chorro fue expulsado durante siglos y aparece como una línea ondulante que apunta hacia el extremo superior izquierdo. Al comparar 1997 con 2026, los investigadores pueden medir su expansión y estimar cuánta energía inyecta la protoestrella en el entorno.

Los objetos Herbig-Haro son una clase de evidencia muy física: aparecen cuando chorros de material expulsados por estrellas jóvenes chocan con el gas circundante. No son decoraciones de nebulosa, sino marcas de nacimiento estelar. En la Trífida, esos trazos permiten estudiar cómo una estrella que todavía está formándose altera la nube que la rodea.

También hay una contra-señal en la zona inferior derecha de la estructura principal: líneas anaranjadas y rojas donde NASA identifica evidencia del contra-chorro. La imagen no muestra una sola dirección de actividad, sino un sistema de expulsiones, choques y cavidades.

Filtros estrechos para fabricar color verificable

La imagen no es una fotografía en color natural en el sentido cotidiano. Hubble capturó datos con WFC3/UVIS y filtros específicos: F502N para oxígeno, F656N para hidrógeno alfa y F673N para azufre. Luego esos canales se asignaron a azul, verde y rojo. El resultado es una imagen legible para el ojo humano, pero anclada en datos de emisión de elementos concretos.

Ese detalle importa porque muchas imágenes astronómicas se consumen como postales. En este caso, el color funciona como una traducción técnica. El azul, el verde y el rojo no buscan imitar cómo veríamos la Trífida desde una nave, sino separar señales físicas que de otra manera quedarían mezcladas. La belleza viene de una decisión instrumental.

La toma completa publicada por NASA incluye un recuadro de contexto con una imagen del Observatorio Vera C. Rubin, en Chile. Ese encuadre muestra que el close-up de Hubble cubre una parte pequeña de una estructura mucho mayor: el campo de Rubin abarca cerca de 56 años luz, mientras que la vista de Hubble se concentra en unos cuatro años luz.

Un telescopio viejo que todavía mide presente

La historia de Hubble suele contarse como una sucesión de imágenes icónicas, pero esta comparación muestra otra virtud: la duración. NASA recuerda que el telescopio superó 1,7 millones de observaciones y que casi 29.000 astrónomos publicaron trabajos revisados por pares con sus datos. La cifra acumulada supera las 23.000 publicaciones, con casi 1.100 solo en 2025.

Esa longevidad convierte al telescopio en algo más que una cámara espacial. Es un archivo temporal. Una observación aislada muestra estructura; dos observaciones separadas por décadas muestran cambio. La Nebulosa Trífida deja de ser una postal de gas a 5.000 años luz y se vuelve una escena en desarrollo.

El punto raro no es que una nube cósmica tenga forma de criatura marina. Lo raro es que un instrumento lanzado en 1990 siga produciendo series comparables con suficiente calidad para detectar cómo se mueven chorros de plasma en una guardería estelar. El tiempo, en este caso, no gastó la imagen: la volvió más informativa.

Imagen: composición de la Nebulosa Trífida con una vista amplia del Observatorio Vera C. Rubin y un acercamiento de Hubble; imagen de Rubin Observatory, NASA, ESA y STScI.

Fuente original: NASA Science

Fuente: NASA Science