Llevamos décadas enviando rovers a Marte con la misma estrategia: buscar moléculas específicas asociadas a la vida. Aminoácidos. Ácidos nucleicos. Lípidos. El problema es que la química abiótica —la que ocurre sin vida— también puede producir esas moléculas. Las encontrás en meteoritos, en cometas, en calderas volcánicas. Una molécula orgánica en Marte no prueba que hubo vida. Solo prueba que hubo química.
El 11 de mayo, investigadores de UC Riverside publicaron en Nature Astronomy un método distinto. No busca moléculas. Busca un patrón.
La firma que deja lo vivo
La idea central es esta: los sistemas vivos y los sistemas no vivos producen distribuciones de moléculas estadísticamente diferentes. No por las moléculas en sí sino por cómo las organizan.
En los seres vivos, los aminoácidos tienden a aparecer en distribuciones variadas y equilibradas — muchos tipos distintos, en proporciones que reflejan las necesidades metabólicas. Los sistemas abióticos tienden a producir distribuciones sesgadas, con unos pocos tipos de aminoácidos dominando sobre el resto.
Con los ácidos grasos pasa al revés: los sistemas vivos los producen con longitudes de cadena características y específicas; los sistemas abióticos los producen en distribuciones más aleatorias.
La combinación de esos dos patrones — aminoácidos equilibrados, ácidos grasos específicos — es la firma estadística de la vida. No de qué tipo de vida, no de qué metabolismo, no de qué planeta de origen. Solo de si algo estuvo vivo.
Por qué es un cambio conceptual importante
Hasta ahora, los astroBiólogos buscaban marcadores biológicos específicos. El problema de esa estrategia es que depende de asumir que la vida en otros planetas usa los mismos marcadores que la vida en la Tierra. Si la vida marciana usa aminoácidos distintos, o ácidos nucleicos diferentes, o ninguno de los dos, la búsqueda convencional no la encuentra.
Este método no asume nada sobre el tipo de vida. Solo asume que la vida, como principio físico, tiende a organizar la materia de manera estadísticamente distinguible de la no-vida. Es una búsqueda de organización, no de composición.
Es también, en cierta forma, una redefinición práctica de qué es la vida: algo que produce distribuciones moleculares no aleatorias de maneras específicas.
Lo que ya está en Marte
El Mars Organic Molecule Analyzer (MOMA), el instrumento del rover Rosalind Franklin actualmente en Marte, puede medir las distribuciones de aminoácidos y ácidos grasos con la precisión suficiente para aplicar este método.
Eso significa que los datos para detectar vida pasada en Marte podrían existir ya, o estar disponibles en cuanto el rover analice muestras de regiones con historia acuática. El método puede aplicarse retroactivamente a datos ya recolectados.
Uno de los investigadores lo dijo directamente: "No necesitamos saber qué tipo de vida buscar. Necesitamos saber cómo se ve la organización de la vida, y eso es universal."
La pregunta que abre
Si la vida deja una firma estadística en cómo organiza la materia — no en qué materia usa — entonces la pregunta de si hubo vida en Marte se vuelve más respondible de lo que era hace dos semanas.
No más fácil, necesariamente. Los depósitos marcianos son viejos, están degradados, y la señal puede haberse diluido en miles de millones de años. Pero al menos ahora sabemos con más precisión qué buscar.
Y los instrumentos para buscarlo ya están ahí.
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Fuente original: Un Mundo Loco
Fuentes consultadas: UC Riverside — New method sharpens the search for alien biology · Nature Astronomy