Un Mundo Loco ●

Le pidieron a una IA que escribiera como Borges. Lo que devolvió incomodó a los especialistas.

Le pidieron a una IA que escribiera como Borges. Lo que devolvió incomodó a los especialistas.

El experimento no era nuevo. Desde que los modelos de lenguaje grande llegaron al uso masivo, los investigadores vienen probando qué pasa cuando se les pide imitar estilos literarios específicos. Lo que hizo un grupo de lingüistas y críticos literarios en 2024 fue sistemático: tomaron los textos completos de Borges, los usaron como referencia, y le pidieron a distintos modelos de IA que generaran cuentos en su estilo.

Los resultados pasaron por un panel de expertos en literatura latinoamericana. La instrucción era simple: identifiquen cuáles son de Borges y cuáles son de la máquina.

El panel se equivocó en el treinta por ciento de los casos.

Lo que la IA captó

El estilo de Borges tiene elementos técnicos identificables: la estructura de laberinto, las citas apócrifas a autores inexistentes, el tono de enciclopedia erudita, la irrupción de lo fantástico en un texto que parece académico. Los modelos aprendieron esas marcas con precisión notable.

Los textos generados tenían las citas inventadas. Tenían el laberinto. Tenían el tono enciclopédico. Algunos panelistas los describieron como "un Borges menor" o "un imitador muy bueno". Ninguno dijo que eran malos.

El problema vino cuando los mismos especialistas leyeron con más atención.

Lo que la IA no captó

Borges usaba la erudición falsa como un chiste filosófico. Las citas a autores inexistentes no eran un truco: eran una pregunta sobre qué hace real a un texto. La ficción dentro de la ficción tenía en Borges una función específica que no era decorativa.

Los textos de la IA usaban los mismos recursos pero sin la pregunta debajo. Eran la forma sin el contenido. La estructura del laberinto sin el problema filosófico que el laberinto estaba intentando resolver.

Un integrante del panel lo describió con una imagen precisa: es como una casa construida perfectamente según los planos de un arquitecto genial, donde cada material está en su lugar, pero en la que nadie quiere vivir porque no tiene ventanas.

Por qué incomodó

Lo incómodo no fue que la IA fallara. Lo incómodo fue que pasó el filtro de reconocimiento en el treinta por ciento de los casos, y ese porcentaje fue suficiente para abrir una pregunta que no tiene respuesta fácil: si la diferencia entre un texto de Borges y un texto que imita a Borges no es detectable por especialistas entrenados durante años, ¿qué es exactamente lo que estamos protegiendo cuando decimos que un texto tiene valor literario?

La pregunta no es nueva. La hicieron los surrealistas, los oulipistas, los conceptualistas. La IA la hizo de nuevo pero con una escala y una velocidad que cambian la naturaleza del problema.

El dato que cierra y abre

Borges escribió sobre máquinas que piensan décadas antes de que existieran. En Tlön, Uqbar, Orbis Tertius, el mundo es reescrito por una conspiración de intelectuales que fabrican una realidad alternativa con suficiente detalle como para que parezca verdadera.

Que una máquina entrenada con sus textos pueda generar algo que pasa por suyo en tres de cada diez casos es, dependiendo de cómo se mire, la confirmación más precisa que existe de que Borges ya había imaginado este problema.

Fuente original: MIT Technology Review

Fuente: MIT Technology Review