Joy Milne es una enfermera escocesa que en los años ochenta notó que su marido olía diferente. Un olor almizclado que no había tenido antes. Años después, a su marido le diagnosticaron Parkinson. Milne empezó a preguntarse si el olor y la enfermedad estaban relacionados.
Lo estaban.
En 2019, investigadores de la Universidad de Manchester confirmaron que las personas con Parkinson secretan a través de la piel niveles elevados de ciertas moléculas volátiles que producen un olor detectado por Milne mucho antes del diagnóstico clínico. En su caso, doce años antes.
El siguiente paso fue obvio: ¿puede una máquina aprender a detectar ese olor?
El sensor que olfatea como Milne
El grupo de investigación desarrolló un sistema de cromatografía de gases combinado con un modelo de machine learning entrenado con muestras de piel de pacientes con y sin Parkinson. El modelo aprendió a identificar la firma química específica que precede a la enfermedad.
En pruebas controladas, el sistema detectó Parkinson con una precisión mayor al noventa por ciento en personas que todavía no tenían síntomas motores visibles.
El Parkinson tarda entre diez y veinte años en desarrollarse hasta el punto en que los síntomas se vuelven evidentes. El diagnóstico clínico ocurre generalmente cuando ya hay daño neurológico significativo e irreversible. Un test de olor en etapa pre-sintomática cambia la ventana de intervención completamente.
Por qué el olfato tiene sentido biológico
La piel es el órgano más grande del cuerpo y secreta constantemente compuestos orgánicos volátiles que reflejan el estado metabólico interno. Las enfermedades que alteran el metabolismo celular —Parkinson, ciertos cánceres, infecciones— cambian esa composición química de maneras que en principio son detectables.
Los perros lo saben desde siempre. Hay estudios documentados de perros entrenados que detectan cáncer de próstata, hipoglucemia en diabéticos y convulsiones epilépticas inminentes con una precisión que supera los tests clínicos estándar.
La IA no reemplaza al perro en el mecanismo. Replica la capacidad con sensores químicos escalables y reproducibles.
Qué otras enfermedades huelen diferente
La investigación derivada del trabajo con Parkinson identificó firmas olfativas potencialmente diagnósticas para varios tipos de cáncer, tuberculosis, diabetes tipo 2 y esquizofrenia.
Ninguno de esos sistemas está todavía en uso clínico masivo. Todos están en distintas etapas de investigación. Pero el concepto de diagnóstico por olor, que durante décadas fue anécdota de enfermeras con olfato excepcional, se convirtió en una línea de investigación seria con resultados replicables.
Joy Milne, la enfermera que empezó todo, tiene ahora setenta años y sigue colaborando con investigadores. Su capacidad olfativa no se explica del todo. La de la máquina, sí.
Fuente original: ACS Central Science