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La otra cara del Mundial: visas, detenciones y protestas

Un estadio dividido entre controles migratorios, protestas y luces policiales en la previa del Mundial
La Copa del Mundo también empieza en migración, seguridad y clima político, no sólo en la cancha.Crédito: Imagen original generada por Un Mundo Loco
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El Mundial 2026 todavía no empezó y ya mostró una de sus caras menos televisables: aeropuertos, controles migratorios, visas demoradas, protestas contra ICE, tiroteos cerca del clima del torneo y una tensión política que le queda encima a todo.

La idea de una fiesta global se mezcla con otra realidad. En Estados Unidos, la previa del torneo no está marcada sólo por la logística de estadios y transmisiones. También está atravesada por la política migratoria de Donald Trump, por la inseguridad en ciudades anfitrionas y por el malestar de grupos de derechos humanos que ven al Mundial como un evento atrapado en un clima de miedo.

El caso de Irak

Uno de los episodios más duros fue el de Aymen Hussein, delantero de la selección de Irak. Reuters informó que el jugador fue retenido y cuestionado durante casi siete horas en el aeropuerto O'Hare de Chicago cuando llegó con el plantel. La delegación iraquí viajó a Estados Unidos para el Mundial y, además del caso del futbolista, un fotógrafo del equipo fue rechazado en la entrada.

El detalle importa porque Irak no llega a un torneo cualquiera. Vuelve al Mundial tras décadas de ausencia y comparte el Grupo I con Francia, Senegal y Noruega. La escena de un futbolista internacional detenido durante horas en el aeropuerto dice bastante sobre el clima alrededor del certamen.

No es un problema deportivo. Es un problema de frontera.

Irán y Trump

El otro foco grande es Irán. Reuters informó que sus jugadores obtuvieron las visas para entrar a Estados Unidos apenas diez días antes de su primer partido en Los Ángeles. Antes, el propio Trump había dicho que no le parecía apropiado que Irán estuviera en el Mundial, aunque después suavizó el tono y dijo: "let them play".

La frase condensa la contradicción. Por un lado, el discurso duro, el viaje como sospecha y el torneo como extensión del conflicto. Por el otro, la necesidad de que el evento salga adelante sin romperse del todo.

Reuters también reportó que el entorno de la selección iraní tuvo que pelear hasta último momento por permisos, sedes de entrenamiento y logística. En otras palabras: el Mundial empieza mucho antes del saque inicial cuando el contexto geopolítico mete la mano.

Senegal también entra en la escena

La selección de Senegal aparece en ese mismo grupo con Francia e Irak, y eso vuelve visible otro costado de la historia: el Mundial como mapa de fricción entre países, viajes y controles.

Senegal no es el centro del conflicto, pero sí forma parte de esa zona donde el torneo se cruza con la política migratoria estadounidense y con la lista de países sobre los que pesan más sospechas, restricciones o revisiones. En un Mundial normal, Senegal sería una selección fuerte y punto. En este Mundial, además, es una pieza más en la discusión sobre quién entra, quién tarda y quién queda bajo la lupa.

Protestas, ICE y clima de miedo

Mientras los equipos intentan llegar, en Estados Unidos se acumulan señales de incomodidad alrededor del torneo.

Reuters informó que grupos de derechos humanos advirtieron sobre un "climate of fear" en la previa del Mundial en suelo estadounidense. La preocupación no es abstracta: temen que fans, periodistas y trabajadores del evento terminen atrapados entre seguridad extrema, controles migratorios y un discurso político que endurece todo.

En Newark, Nueva Jersey, las protestas frente a un centro de detención migratoria crecieron al punto de obligar a intervenir a la policía estatal. En San Antonio, también hubo protestas contra redadas federales de inmigración. Y en México se registraron manifestaciones anti-Mundial y anti-ICE que muestran que la tensión no se queda dentro de las fronteras estadounidenses.

La clave es esa: el Mundial no está entrando en una burbuja deportiva. Está entrando en un país que ya viene polarizado y que discute, al mismo tiempo, migración, seguridad, orden público y autoridad federal.

Ohio y la violencia de fondo

A eso se suma otro dato incómodo: la violencia armada sigue apareciendo alrededor del clima social del torneo. Reuters reportó un tiroteo en Toledo, Ohio, con al menos una docena de heridos. No es un incidente futbolero, pero sí forma parte de la atmósfera general de un país donde la seguridad se convirtió en una conversación permanente.

Cuando un Mundial llega a un país así, la competencia deja de ser sólo deporte. También se vuelve un test de capacidad estatal, de control fronterizo, de coordinación policial y de manejo político de la calle.

La frase que lo resume todo

La imagen más clara de esta previa no es un gol. Es un aeropuerto. Un control. Una protesta. Un plantel esperando. Un político usando el torneo para marcar posición.

Trump intentó mostrarse como anfitrión del espectáculo, pero el Mundial se le convirtió también en una extensión de su agenda migratoria y de su estilo de poder. Entre Irak, Irán, Senegal, Newark, San Antonio y Ohio, la copa ya dejó de ser sólo una copa.

La pelota todavía no empezó a rodar y el Mundial ya está mostrando su lado más áspero.

Fuentes

Fuente: Reuters / AP

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