Ensayos del INTA Oliveros, en Santa Fe, muestran que incluir leguminosas como cultivos de cobertura antes del maíz puede modificar el balance de nitrógeno y mejorar su disponibilidad para el cultivo siguiente. La conclusión no es que una planta resuelva todo, sino que la mezcla correcta, con densidades y proporciones ajustadas, puede reducir pérdidas y optimizar fertilización.
La región pampeana tiene largos períodos de suelo descubierto entre cultivos de verano. Ese intervalo favorece erosión, pérdida de nutrientes y menor actividad biológica. Los cultivos de cobertura buscan mantener el suelo vivo durante otoño e invierno. En secuencias con maíz, la pregunta fina es qué especies conviene usar y en qué combinación.
Vicia, centeno y nabo
El equipo evaluó mezclas de vicia villosa, centeno y nabo forrajero. La vicia, como leguminosa, aporta nitrógeno por fijación biológica. El centeno y las brasicáceas pueden ayudar a reducir pérdidas de nitrógeno por lixiviación. La combinación permite que una especie aporte lo que otra no cubre.
En cultivos puros, las densidades óptimas fueron 65 plantas por metro cuadrado para vicia, 200 para centeno y 75 para nabo. Con esos valores se consiguieron coberturas rápidas y producciones de materia seca de 5.400, 6.300 y 4.900 kilos por hectárea respectivamente.
Maíz temprano y maíz tardío
Luego se probaron dieciséis combinaciones en secuencias con maíz temprano y tardío. Las mayores biomasas aparecieron cuando vicia o centeno superaron el 50 por ciento de la mezcla. Para maíz temprano, los valores se ubicaron entre 4.000 y 5.000 kilos por hectárea. Para maíz tardío, entre 5.500 y 7.500.
El manejo del agua marcó diferencias. El centeno consumió más, mientras que vicia y nabo tuvieron valores más bajos. Esa distinción es central, porque en maíz temprano la recarga hídrica del perfil puede ser menor que en maíz tardío. Una cobertura mal elegida puede ahorrar nitrógeno y, al mismo tiempo, penalizar agua disponible.
La agricultura como mezcla, no receta
La recomendación técnica cambia por secuencia. Para maíz temprano, el INTA ubica una proporción cercana a 70 por ciento de vicia y 30 por ciento de centeno como opción para reducir dosis de fertilizante nitrogenado. Para maíz tardío, la proporción de vicia baja hacia 50 por ciento, con participación similar de centeno. El nabo puede reemplazar parte del centeno, con porcentajes distintos en cada caso.
La noticia es valiosa porque baja una discusión ambiental a números de manejo. Menos nitrógeno perdido significa menos costo y menor impacto. Más cobertura significa suelo protegido. Pero nada de eso funciona con slogans. Funciona con densidades, especies, fechas, agua y respuesta del maíz.
La agricultura argentina necesita más de este tipo de datos: no una promesa general de sustentabilidad, sino instrucciones discutibles, medibles y adaptables a cada ambiente.
Imagen: cultivos de cobertura evaluados por INTA Oliveros, material difundido por INTA.
Fuente original: INTA