La arquitectura suele contarse a sí misma con un tono grandilocuente: récords, firmas célebres, metros cuadrados, premios y fachadas inolvidables. La exhibición que V&A Dundee dedicará a Maggie’s corre el eje hacia otro lugar mucho menos vistoso y bastante más humano: cómo se diseña un edificio para que alguien enfermo no se sienta expulsado por la institución que lo recibe. En tiempos en que gran parte de la conversación pública sobre arquitectura gira alrededor de iconos y renderizados, la idea tiene un peso especial.
La muestra se llama *Maggie’s: Architecture that Cares* y abrirá el 6 de marzo de 2026. El anuncio oficial del museo explica que se realiza por el 30 aniversario de Maggie’s, la red de centros de apoyo a personas con cáncer que nació a partir de la experiencia de Maggie Keswick Jencks. Según la información publicada por V&A Dundee, la exhibición será gratuita, formará parte del programa 2026 del museo y podrá verse hasta el 1 de noviembre de 2026.
Lo interesante no es sólo la cronología institucional. Maggie’s se volvió un caso singular porque convirtió una intuición íntima en una política espacial concreta. El sitio del museo recuerda que Maggie Keswick Jencks imaginó lugares donde las personas pudieran “no perder la alegría de vivir en el miedo a morir”. No es una frase ornamental. Resume una crítica profunda a la arquitectura sanitaria convencional: demasiadas veces, hospitales y áreas de tratamiento priorizan la eficiencia técnica y dejan en segundo plano el estado emocional de quien entra.
La red Maggie’s respondió con un principio muy directo: el diseño también puede ser cuidado. De acuerdo con el texto oficial, hoy existen más de 30 centros en el Reino Unido y otros países, y varios fueron proyectados por arquitectos de peso internacional como Frank Gehry, Zaha Hadid, Richard Rogers, Norman Foster y Benedetta Tagliabue. Que nombres tan visibles aparezcan asociados a esta red dice algo importante. La arquitectura de autor, tan acusada a veces de mirarse a sí misma, puede trabajar también sobre hospitalidad, escala doméstica y consuelo.
V&A Dundee plantea la exhibición como una exploración de esa filosofía. La muestra reunirá voces de visitantes y trabajadores de los centros, junto con las de los arquitectos involucrados. Ese cruce es clave porque evita dos trampas frecuentes. La primera sería convertir a Maggie’s en una colección de edificios bonitos. La segunda, tratar la experiencia del cáncer como un recurso sentimental. Entre ambos riesgos aparece una pregunta más exigente: qué decisiones concretas hacen que una persona se sienta mejor en un espacio.
La respuesta pasa por materiales, luz, circulación, relación con el jardín, tamaño de las salas, posibilidad de privacidad y también por algo más difícil de medir: la ausencia de amenaza. Muchos edificios sanitarios anuncian su autoridad antes de que el visitante se siente. Maggie’s trabajó al revés. Construyó lugares que bajan la guardia del entorno sin negar la gravedad de lo que ocurre alrededor. Esa combinación explica por qué el proyecto interesó tanto a arquitectos, cuidadores y pacientes.
Hay además un cambio cultural detrás de esta exposición. Durante mucho tiempo, el diseño fue presentado como valor agregado, lujo o mejora estética. Maggie’s ayudó a mostrar que puede ser infraestructura emocional. No sustituye tratamiento, no cura por sí solo, no disuelve el miedo. Pero puede modificar la forma en que ese miedo se atraviesa. Y eso, para una disciplina acostumbrada a hablar de monumentos, es una lección fuerte.
Que V&A Dundee le dedique una muestra también es una señal de época. El museo ya trabaja con diseño como herramienta social, y aquí encuentra un caso ejemplar: edificios hechos para sostener a personas vulnerables sin reducirlas a su vulnerabilidad. La arquitectura, cuando funciona de verdad, no sólo organiza muros. Organiza experiencias posibles.
Quizás por eso la idea resulta tan potente fuera del ámbito médico. Muchas personas no visitarán nunca un centro Maggie’s, pero entienden enseguida la intuición central: los espacios pueden empeorar una situación o volverla más habitable. Entre esas dos opciones se juega más política del diseño de la que a veces estamos dispuestos a admitir.
Imagen: Maggie’s Centre Dundee, diseñado por Frank Gehry, en material oficial del museo.
Fuentes consultadas: Maggie’s exhibition on healing architecture joins V&A Dundee programme for 2026, V&A Dundee home.
Fuente original: V&A Dundee