Acabás de leer la palabra "bostezo" y probablemente ya sentiste el impulso. Si no lo sentiste todavía, lo vas a sentir en algún momento de este párrafo. Eso es exactamente de lo que trata esta nota.
El bostezo contagioso —el que se activa al ver, escuchar o incluso leer sobre otro bostezo— no tiene nada que ver con el cansancio. Funciona cuando estás completamente despierto. Funciona por teléfono, con solo escuchar a alguien bostezar. Funciona leyendo. Y la razón por la que funciona dice algo sobre cómo el cerebro procesa la experiencia de los demás.

Qué es el bostezo original (no el contagioso)
Antes de hablar del contagio, conviene separar los dos fenómenos.
El bostezo espontáneo —el que ocurre sin estímulo externo— es un comportamiento primitivo que aparece en casi todos los vertebrados. Aparece en los fetos humanos a las 11 semanas de gestación. Los peces bostezan. Los pájaros bostezan. Los perros y gatos bostezan.
La función del bostezo original sigue siendo debatida, pero la hipótesis más respaldada por evidencia reciente es termorregulatoria: el bostezo enfría el cerebro. Andrew Gallup, investigador de la State University of New York, demostró que las personas bostezan menos en ambientes fríos y más en ambientes calientes, y que aplicar compresas frías en la frente reduce la frecuencia de bostezos. La inhalación profunda y el estiramiento mandibular del bostezo aumentan el flujo de sangre fría hacia el cerebro.
Esto explica por qué bostezás cuando estás cansado (el cerebro caliente necesita enfriarse), cuando te despertás (transición entre estados) o cuando estás aburrido (menor arousal, menor regulación térmica activa).
Pero no explica el contagio.
El bostezo contagioso y la empatía
El bostezo contagioso es un fenómeno distinto, con una neurobiología distinta y una historia evolutiva distinta.
Apareció mucho más tarde en la evolución que el bostezo espontáneo. Solo ocurre en especies con capacidades sociales complejas: humanos, chimpancés, bonobos, perros domésticos —y no en lobos, que son menos sociales que los perros domesticados.
La primera pista de que el bostezo contagioso está ligado a la empatía vino de estudios con niños. En adultos neurotípicos, el bostezo contagioso aparece alrededor de los 4 a 5 años. Molly Helt, investigadora de la Universidad de Connecticut, encontró en 2010 que los niños con trastorno del espectro autista muestran significativamente menos bostezo contagioso que los niños neurotípicos —independientemente de su edad o nivel cognitivo. Como el autismo implica diferencias en los mecanismos de empatía y cognición social, la correlación señala en una dirección clara.
Los adultos con puntuaciones más altas en escalas de empatía son más susceptibles al bostezo contagioso. Los adultos con rasgos psicopáticos —que incluyen menor empatía— muestran menor contagio de bostezo.
Por qué los perros bostezan cuando los mirás
Una de las demostraciones más llamativas de este mecanismo es el perro doméstico.
Los perros muestran bostezo contagioso en respuesta al bostezo humano —y específicamente al de personas que conocen. En un estudio de la Universidad de Tokyo, los perros bostezaban con mayor frecuencia al ver bostezar a su dueño que al ver bostezar a un extraño. No ocurría con movimientos de boca similares al bostezo que no fueran bostezos reales.
El perro doméstico lleva entre 15.000 y 40.000 años coevolucionando con humanos. En ese tiempo desarrolló capacidades de lectura de señales sociales humanas que superan incluso a las de los chimpancés en ciertos contextos. El bostezo contagioso parece ser parte de ese repertorio de sincronización social.
La neurociencia del contagio: las neuronas espejo
El mecanismo neurológico propuesto para el bostezo contagioso involucra el sistema de neuronas espejo —células cerebrales que se activan tanto cuando realizamos una acción como cuando observamos a otro realizarla.
Las neuronas espejo fueron descubiertas en los años 90 por Giacomo Rizzolatti y su equipo en la Universidad de Parma, originalmente en monos macacos. Cuando un mono veía a un experimentador agarrar un maní, las mismas neuronas que se activarían si el mono agarrara el maní él mismo se disparaban. El cerebro simulaba la acción del otro.
En humanos, hay evidencia de sistemas de espejamiento más complejos que incluyen no solo acciones motoras sino también emociones y sensaciones. Ver a alguien con dolor activa áreas cerebrales asociadas al dolor en el observador. Ver bostezar activa áreas motoras del bostezo en quien observa.
La simulación neurológica de la experiencia ajena es uno de los sustratos del mecanismo que llamamos empatía.
El contagio funciona incluso sin ver el bostezo
Una de las propiedades más extrañas del bostezo contagioso es su alcance. No necesitás ver el bostezo para que funcione:
- Escucharlo es suficiente. En experimentos con participantes con los ojos tapados, el audio de un bostezo desencadena el contagio.
- Leer sobre él puede funcionar, como probablemente estás experimentando ahora mismo.
- Pensarlo también. El simple hecho de prestarle atención al concepto de bostezo activa el mecanismo en muchas personas.
Esto sugiere que el contagio no es una respuesta refleja a un estímulo sensorial específico sino algo más abstracto: una activación del concepto que el cerebro tiene del bostezo, con todas sus asociaciones motoras y viscerales.
Lo que el bostezo contagioso dice de vos
Si sos muy susceptible al bostezo contagioso —si bostezás seguido con solo leer esto— hay evidencia de que eso se correlaciona con mayor capacidad de empatía y mayor reconocimiento de las emociones en otros.
Si no bostezaste durante toda la nota, no te preocupes. Hay un 40-60% de adultos que no muestran contagio de bostezo en estudios de laboratorio. Las razones no están del todo claras, pero incluyen variabilidad individual en los umbrales de activación del sistema de espejamiento.
El bostezo que compartís con alguien sin hablar —ese pequeño momento de sincronía involuntaria— es, según la evidencia actual, una forma primitiva de resonancia social. Tu cerebro imitando el estado del otro para entenderlo.
Fuente original: Current Biology — Contagious Yawning and Empathy (Helt et al., 2010)