El telescopio TESS lleva desde 2018 mirando el cielo. En sus primeros cuatro años observó 2,2 millones de estrellas. Los astrónomos procesaron esa información con los métodos disponibles, publicaron sus catálogos y siguieron adelante. Lo que no sabían —hasta marzo de 2026— es que en esos mismos datos había 118 planetas que nadie había visto.

El descubrimiento no vino de nuevas observaciones ni de un telescopio más potente. Vino de leer los datos existentes de otra manera. El sistema que lo hizo se llama RAVEN —Rapid Automated Vetting and Ensemble validatioN— y fue desarrollado por astrónomos de la Universidad de Warwick. El 25 de marzo de 2026, los resultados se publicaron en el Monthly Notices of the Royal Astronomical Society: 118 planetas validados, más de 2.000 candidatos de alta calidad, y alrededor de mil de ellos completamente nuevos, sin ningún registro anterior en los catálogos existentes.
El problema que RAVEN resuelve
Detectar planetas extrasolaresno es como encontrar un objeto en una foto. El método principal, llamado tránsito fotométrico, mide diminutas caídas en el brillo de una estrella cuando un planeta pasa por delante de ella. Esa caída puede ser de décimas de un uno por ciento. Para confirmarlo como planeta y no como una estrella binaria, un artefacto instrumental o ruido estadístico, un equipo de astrónomos tiene que revisar curvas de luz, cruzar con otras fuentes de datos y descartar explicaciones alternativas. El proceso lleva semanas por candidato.
Con 2,2 millones de estrellas y miles de candidatos por procesar, el cuello de botella no es la capacidad de observación. Es la capacidad humana de analizar.
RAVEN ataca ese cuello de botella. El sistema combina dos elementos. Primero, un detector automatizado de tránsitos que escanea las curvas de luz de cada estrella y extrae señales candidatas. Segundo, un conjunto de modelos de inteligencia artificial —un ensemble— entrenados sobre simulaciones realistas de lo que se ve cuando hay un planeta genuino versus cuando hay una señal falsa. Ese segundo paso es el que cambia todo: en lugar de que un astrónomo evalúe manualmente si una señal es real, el sistema aprendió a reconocer los patrones con una precisión suficiente para validar planetas sin intervención humana directa.
Lo que hace el método particularmente robusto es que no usa un solo clasificador sino varios, cruzando sus veredictos. Un planeta validado por RAVEN es un planeta que pasó un filtro múltiple diseñado para ser conservador.
Qué encontró: planetas en lugares donde no deberían estar
De los 118 planetas validados, los más llamativos no son los más parecidos a la Tierra. Son los más raros.
Hay planetas con órbitas tan cortas que completan una vuelta alrededor de su estrella en menos de 24 horas terrestres. Un año en esos mundos dura menos que un día aquí. Para lograrlo, orbitan a distancias de su estrella que en el sistema solar serían interiores a la órbita de Mercurio, sometidos a temperaturas de miles de grados.
Más importantes son los planetas encontrados en lo que los astrónomos llaman el desierto de Neptuno: una zona de órbitas cercanas donde los planetas del tamaño de Neptuno son estadísticamente escasos. La hipótesis es que a esas distancias de la estrella, la radiación intensa evapora las atmósferas de los planetas gaseosos medianos, dejando solo planetas pequeños y rocosos o gigantes gaseosos lo suficientemente masivos para retener su atmósfera a pesar de todo. Los planetas en el desierto son los que no deberían estar ahí, lo que los convierte en los más útiles para entender cómo evolucionan los planetas a lo largo del tiempo.
El catálogo también incluye planetas en sistemas con múltiples cuerpos, lo que permite medir interacciones gravitacionales y afinar los modelos de formación planetaria.
El problema de los datos que ya tenemos
El descubrimiento de 118 planetas en un archivo de datos existente tiene una implicación que va más allá de la astronomía. Sugiere que el problema no siempre es acumular más información. A menudo es tener mejores herramientas para leer la que ya existe.
TESS va a seguir operando. El Observatorio Vera Rubin, en Chile, entrará en operaciones plenas en 2026 y producirá en cada noche de observación más datos de los que el telescopio Sloan generó en toda su primera década. La siguiente misión de caza de exoplanetas de la ESA, PLATO, está proyectada para finales de esta década. Cada uno de esos instrumentos va a generar volúmenes de datos que ningún equipo humano puede procesar manualmente.
RAVEN es una respuesta parcial a ese problema: un sistema automatizado que puede operar continuamente sobre datos nuevos y existentes, sin los sesgos de selección que introduce el proceso manual de elegir qué candidatos revisar primero. En la práctica, significa que el universo conocido de planetas confirmados puede crecer no solo cuando lleguen nuevas observaciones, sino cuando se vuelva a leer lo que ya estaba guardado.
El equipo de Warwick ya está aplicando RAVEN a los años más recientes de datos de TESS. No anunciaron cuántos planetas adicionales esperan encontrar. Pero el número de candidatos sin revisar todavía en los archivos del telescopio es, por ahora, mucho mayor que los 118 que ya aparecieron.
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Fuente original: Un Mundo Loco
Fuentes: ScienceDaily — Powerful AI finds 100+ hidden planets in NASA data · Universe Today — Scouring TESS Data With AI Reveals A Hundred New Exoplanets · Space.com — 100 new alien worlds · Monthly Notices of the Royal Astronomical Society — RAVEN paper · University of Warwick press release