El riego volvió a entrar en conversación en la Argentina no por una sequía puntual, sino por una cuenta. El 22 de abril de 2026, especialistas del INTA Manfredi explicaron cuánto cuesta incorporar esta tecnología después de la aprobación del Régimen de Incentivo para Medianas Inversiones, y la respuesta no es pequeña: un sistema de pivote de dos o tres posiciones puede rondar los 2500 dólares por hectárea, mientras que el goteo enterrado se ubica entre 3200 y 3300 dólares. Es decir, el agua planificada sigue siendo una inversión pesada, pero ahora aparece acompañada por beneficios fiscales y financieros que cambian la ecuación.
La nota oficial vincula dos movimientos al mismo tiempo: la baja de impuestos a la importación de equipos y el nuevo régimen. Según INTA, esa combinación podría ampliar de manera importante el área irrigada. Martín Giletta, jefe de Economía de la experimental de Manfredi, estimó un potencial de expansión desde las 2 millones de hectáreas actuales hacia 6 millones de hectáreas sembradas con cultivos extensivos. Si el cálculo se concreta, el país estaría triplicando en pocos años su superficie potencial irrigable con acceso al recurso.
El riego dejó de ser bombero
Hay una frase del director de INTA Manfredi, Aquiles Salinas, que ordena bien el cambio de enfoque: el riego ya no debería pensarse como “el bombero que apaga el incendio de la sequía de un año”, sino como una herramienta para planificar la próxima década. Esa idea vale más que cualquier slogan técnico porque describe un giro mental. Durante mucho tiempo, el riego apareció en la conversación pública como respuesta de emergencia. Hoy empieza a ser discutido como infraestructura de estabilidad.
En Manfredi ese aprendizaje tiene historia. El primer pivote se instaló en 1996 sobre 30 hectáreas. Hoy la experimental cuenta con 700 hectáreas irrigadas. No es un salto retórico. Es la diferencia entre usar el agua como ensayo y convertirla en sistema de trabajo.
La ventaja, según el INTA, no pasa solo por subir rindes. Pasa por reducir el riesgo frente a una variabilidad climática más marcada. Un planteo en secano puede quedar seriamente comprometido en ciclos con déficit hídrico; uno con riego puede sostener planificación, márgenes y continuidad.
Los números que cambian la conversación
La parte más fuerte del informe está en los rendimientos. Noelia Barberis, del Departamento de Economía de INTA Manfredi, aportó cifras de la experimental donde el salto productivo se vuelve muy visible. En trigo, el rendimiento promedio pasa de 2341 a 6976 kilos por hectárea. En maíz sube de 7740 a 14.890. En soja de segunda crece de 2550 a 3543.
Esos aumentos se alcanzan, según el informe, con aplicaciones promedio de 300 milímetros en trigo, 250 en maíz y 150 en soja de segunda mediante goteo enterrado. Cuando esos rindes se traducen a valor bruto de producción, la diferencia escala rápido: 1029 dólares por hectárea en trigo, 1330 en maíz y 327 en soja, sin considerar costos de producción y tomando como referencia precios vigentes del mercado a término al momento del análisis.
La clave es que el riego deja de verse como una obra costosa y empieza a leerse como una máquina de previsibilidad. El productor no compra solo agua aplicada; compra margen, regularidad y menor exposición al azar.
Energía, impuestos y caja
El otro frente del análisis está en la energía. Con la implementación del RIMI, la electricidad usada por sistemas de riego pasaría a tributar IVA del 10,5 por ciento, en lugar del 27 por ciento general. Sobre la base de consumos observados en equipos de la Cooperadora del INTA Manfredi, Barberis estimó que esa modificación podría ahorrar alrededor de 11 por ciento en el costo de cada milímetro aplicado.
No es un detalle. La energía sigue siendo el principal componente del costo operativo del riego. Por eso el alivio fiscal y la posibilidad de amortización acelerada de la inversión importan tanto. El régimen también permite computar antes créditos fiscales de IVA, lo que mejora disponibilidad de efectivo en los primeros años, el momento más sensible para cualquier inversión intensiva.
Incluso con esos beneficios, nadie en el INTA vende magia. El informe insiste en que conviene evaluar generación en origen con biomasa o renovables, como paneles solares, para bajar dependencia del costo eléctrico. Otra vez aparece la misma idea: el riego no es un equipo aislado. Es una red de infraestructura, energía, financiamiento y manejo agronómico.
La noticia de hoy sirve porque aterriza una discusión que suele quedar en promesa. Hablar de riego en la Argentina es hablar de agua, sí, pero también de impuestos, caja, horizonte temporal y apetito por el riesgo. Esperar la lluvia es gratis hasta que deja de ser viable. A partir de ahí, cada milímetro aplicado tiene precio. La pregunta nueva es si el país está dispuesto a pagar por dejar de improvisar.
Imagen: sistema de riego en establecimiento agrícola, en fotografía difundida por Argentina.gob.ar para la nota sobre el RIMI y el análisis de INTA Manfredi.
Fuente original: Argentina.gob.ar