Hay exposiciones de moda que funcionan como desfile congelado y otras que consiguen algo bastante más difícil: explicar por qué cierta ropa alteró la imaginación de una época. La nueva muestra del Victoria and Albert Museum dedicada a Elsa Schiaparelli parece ir por ese segundo camino. El V&A la presenta como la primera gran exposición en el Reino Unido centrada en la casa Schiaparelli y la organiza no sólo como un repaso de vestidos famosos, sino como una conversación entre moda, arte y una idea muy precisa del espectáculo.
La exhibición se llama *Schiaparelli: Fashion Becomes Art*, abrió en South Kensington y, según la información oficial del museo, podrá verse hasta el domingo 8 de noviembre de 2026. El planteo ya aparece en el subtítulo no escrito: no se trata simplemente de recordar a una diseñadora célebre, sino de mostrar cómo una marca de alta costura consiguió trabajar con la lógica del surrealismo sin convertirse en simple ilustración del movimiento. Ese matiz explica bastante del interés actual por Schiaparelli.
Elsa Schiaparelli fue una figura central en la moda del siglo XX porque entendió algo que hoy parece obvio y entonces no lo era tanto: la prenda podía funcionar como objeto cultural de alto voltaje. El V&A recuerda que la muestra recorre desde los años veinte hasta hoy y sigue la historia de la casa desde sus orígenes hasta la etapa contemporánea bajo la dirección creativa de Daniel Roseberry. Esa continuidad importa porque evita encerrar a Schiaparelli en la vitrina del “genio antiguo” y la devuelve al presente como una influencia todavía activa.
En los destacados oficiales aparecen piezas que resumen bastante bien el universo de la casa: el famoso abrigo de noche diseñado junto a Jean Cocteau en 1937, joyas y accesorios que empujaron la silueta femenina hacia zonas deliberadamente teatrales, y también el célebre *Lobster Telephone* de Salvador Dalí. Esa presencia no está ahí como adorno prestigioso. Sirve para recordar que Schiaparelli no trabajó en una frontera limpia entre disciplinas. Su lenguaje nació precisamente del cruce entre diseñadores, artistas, escenógrafos, fotógrafos y clientes capaces de aceptar el riesgo de llevar en el cuerpo algo ligeramente absurdo, incluso incómodo.
Lo interesante es que el V&A no presenta esa relación entre arte y moda como una anécdota de salón. Al poner a Schiaparelli en un museo de artes decorativas y diseño, la convierte en una pregunta de fondo: qué pasa cuando una casa de costura no busca sólo vestir sino producir imágenes inolvidables. Ahí aparece una diferencia fuerte con muchas marcas contemporáneas. Hoy abundan los gestos estridentes diseñados para circular bien en redes; Schiaparelli, en cambio, llegó a esa intensidad cuando la circulación era mucho más lenta y, por eso mismo, exigía invención real.
La etapa actual de la casa ayuda a que la muestra no quede encerrada en nostalgia. El museo señala que el recorrido llega hasta el presente y sigue la evolución del sello bajo Roseberry, algo lógico si se piensa en el modo en que la firma volvió a instalarse en la conversación global con siluetas desmesuradas, torsos-joya y cabezas animales esculpidas que empujaron otra vez el debate sobre el límite entre moda, performance y artificio. En vez de presentar ese regreso como ruptura, la muestra parece insistir en que la casa sigue trabajando sobre una misma obsesión: usar el cuerpo como escenario de ideas visuales extremas.
También hay un costado más humano en el atractivo de Schiaparelli. Muchas personas llegan a estas muestras buscando el vestido famoso, el bordado imposible o la colaboración con Dalí. Se quedan, a menudo, con algo más simple: la sensación de que cierta moda puede ser juguetona sin volverse tonta, sofisticada sin pedir disculpas y extraña sin esconderlo. Ese equilibrio es raro. Tal vez por eso sigue despertando curiosidad casi un siglo después.
La muestra londinense no intenta resolver de una vez la vieja discusión sobre si la moda es arte. Hace algo más útil: reúne suficientes pruebas para que la pregunta se vuelva menos abstracta. Cuando una prenda altera la mirada, reordena símbolos y sigue respirando décadas después, el debate empieza a parecer semántico. Schiaparelli ocupa ese borde desde hace mucho tiempo, y el V&A decidió dedicarle una exhibición completa justo porque ese borde todavía produce electricidad.
Imagen: campaña y piezas de Schiaparelli en contexto de exhibición del V&A.
Fuentes consultadas: Schiaparelli: Fashion Becomes Art, Five things you should know about Schiaparelli.
Fuente original: Victoria and Albert Museum