Irán ganó dos Oscars a Mejor Película Extranjera en doce años. El mismo director —Asghar Farhadi— ganó ambos, con A Separation (2011) y The Salesman (2016). Sus películas no tienen efectos especiales, no tienen estrellas internacionales, fueron filmadas con recursos mínimos bajo restricciones impuestas por el gobierno iraní.
¿Qué está pasando ahí?
El contexto que explica el cine iraní
Después de la Revolución Islámica de 1979, el cine en Irán quedó sujeto a una censura estricta: no se pueden mostrar mujeres sin velo, no hay contacto físico entre géneros no casados, no hay violencia explícita ni lenguaje vulgar.
Pero en lugar de matar al cine, esas restricciones lo forzaron a ser más ingenioso.
Sin poder mostrar directamente muchas situaciones de la vida real, los directores iraníes desarrollaron formas oblicuas de contar. El drama aparece en lo que no se dice, en lo que pasa fuera de cámara, en lo que se deduce de una pausa. Esta economía narrativa, impuesta por la censura, se convirtió en una virtud estética.
Los tres directores imprescindibles
Abbas Kiarostami (1940–2016)
El más influyente. Sus películas borran la línea entre documental y ficción. Where is the Friend's Home? (1987), Close-Up (1990), Taste of Cherry (1997). Jean-Luc Godard dijo que el cine comenzó con Griffith y terminó con Kiarostami. Exagerado y no del todo incorrecto.
Asghar Farhadi
Sus películas son dramas domésticos de una precisión moral aplastante. No hay villanos ni héroes, solo personas razonables tomando decisiones razonables que generan consecuencias devastadoras. A Separation es probablemente la mejor película iraní accesible para quien empieza.
Jafar Panahi
Tiene prohibido filmar desde 2010 por el gobierno iraní. Sigue filmando. This is Not a Film la hizo dentro de su departamento bajo arresto domiciliario y la sacó de Irán en una memoria USB escondida en una torta. Taxi Tehran la filmó desde el interior de un taxi con cámaras ocultas. Su cine bajo censura extrema es un argumento en sí mismo sobre por qué el arte importa.
Por qué resuena fuera de Irán
El cine iraní habla de temas universales a través de situaciones específicas: la división entre generaciones, la tensión entre obligación familiar e individualismo, la honestidad y sus costos, la diferencia entre lo que la gente dice y lo que hace.
A Separation trata sobre un divorcio. Pero también trata sobre la clase social, la religión, la mentira que se convierte en catástrofe, la imposibilidad de saber quién tiene razón cuando todos tienen un poco de razón.
Por dónde empezar
Si nunca viste cine iraní:
1. A Separation (Farhadi, 2011) — el mejor punto de entrada. Enganchante como un thriller, profundo como un drama moral.
2. Close-Up (Kiarostami, 1990) — un hombre se hace pasar por el director Mohsen Makhmalbaf. Real y filmado. Uno de los mejores documentales-ficción de la historia.
3. Taxi Tehran (Panahi, 2015) — fácil de ver, políticamente urgente, hecha en condiciones que agregan una capa de sentido a cada imagen.
4. The White Balloon (Panahi, 1995) — una niña intenta comprar un pez de colores antes del Año Nuevo iraní. Simple y perfecta.
Todas están disponibles en plataformas de streaming o en YouTube con subtítulos.
El cine que se hace desde la prohibición
Hay algo que el cine iraní enseña que difícilmente aprendés en otro lugar: que las restricciones no destruyen necesariamente la creatividad, y que las obras más libres a veces vienen de los contextos más opresivos.
No porque la censura sea buena. Sino porque hay personas que encuentran la forma de decir lo que tienen que decir a pesar de todo.
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Fuente original: Un Mundo Loco
Fuentes consultadas: Criterion Collection — Iranian Cinema