Un Mundo Loco ●

El hombre cubierto de oro existió. La ciudad de oro, nunca.

El hombre cubierto de oro existió. La ciudad de oro, nunca.
0 / 0

El Dorado empezó como una persona, no como un lugar. Alrededor de 1537, soldados españoles que operaban en el altiplano de la actual Colombia escucharon por primera vez la descripción de un ritual: un nuevo líder indígena se cubría el cuerpo entero con polvo de oro, navegaba hasta el centro de una laguna circular y se arrojaba al agua junto con ofrendas de esmeraldas y piezas de orfebrería. "El Dorado" — el dorado, el hombre recubierto en oro — era ese jefe. No una ciudad. No un reino. Un hombre.

En los cincuenta años siguientes, esa imagen se amplificó hasta volverse irreconocible. Para 1580, los mapas europeos mostraban una metrópolis llamada Manoa a orillas de un lago interior gigantesco —el lago Parime— en algún lugar entre el Orinoco y el Amazonas. Para 1595, Walter Raleigh publicaba en Londres un libro describiendo ese reino con suficiente detalle como para que otros financiaran expediciones en su búsqueda. El lago Parime apareció en cartografías oficiales hasta bien entrado el siglo XVIII. No existía.

El ritual muisca en la laguna de Guatavita

La laguna de Guatavita está en el altiplano cundiboyacense, a unos 3.000 metros de altura y 50 kilómetros al noreste de Bogotá. Es circular, de unos 350 metros de diámetro, y se formó en el cráter de un meteorito hace miles de años. El pueblo muisca la consideraba sagrada.

La ceremonia que los españoles describieron —y que los arqueólogos han confirmado a través de la orfebrería recuperada— correspondía al ritual de entronización de un nuevo zipa, el gobernante de la confederación muisca del sur. El futuro líder se cubría con resina vegetal y encima se aplicaba polvo de oro fino. Subía a una balsa junto con sacerdotes y guerreros. La balsa avanzaba al centro de la laguna entre humo de incienso y el sonido de flautas y caracoles. Allí, el jefe arrojaba al agua piezas de oro y esmeraldas. Luego se sumergía para lavar el recubrimiento. El oro se iba al fondo. La ceremonia marcaba el inicio de su mandato.

La balsa de oro muisca conservada en el Museo del Oro de Bogotá —encontrada en 1969 en Pasca, Cundinamarca— representa exactamente esa escena. Mide 19,5 centímetros y está hecha en una aleación de oro, plata y cobre. Fue fabricada entre 1200 y 1500 d.C.

Cómo un hombre dorado se convirtió en ciudad

El mecanismo de amplificación fue sencillo: cada expedición que fracasaba no reportaba que El Dorado no existía, sino que estaba más lejos, río arriba, en el interior. Los cronistas que escribían desde España no podían verificar nada y tendían a exagerar para mantener el interés de sus mecenas. Cada generación heredaba la versión inflada de la anterior.

Gonzalo Pizarro salió de Quito en 1541 con 220 soldados españoles y unos 4.000 indígenas. Recorrió miles de kilómetros hacia el este, atravesó la cordillera y bajó hacia la Amazonía. De la expedición regresaron menos de la mitad. No encontraron ninguna ciudad de oro, pero el relato de Francisco de Orellana —que continuó río abajo y completó la primera travesía documentada del río Amazonas— surgió de ese fracaso.

Lope de Aguirre participó en otra expedición en 1560 y terminó en un colapso violento: mató a su propio comandante, a varios soldados y a su hija, y fue ejecutado en Venezuela en 1561. Su expedición es una de las más documentadas en crueldad y en fracaso.

Walter Raleigh hizo dos intentos: en 1595 y en 1617. El primero produjo The Discoverie of the Large, Rich and Bewtiful Empyre of Guiana, un relato de viaje que fue un éxito editorial en Londres y convenció a suficiente gente como para financiar el segundo. El segundo fue un desastre: los hombres de Raleigh atacaron un asentamiento español —violando una tregua— y Raleigh fue ejecutado al regresar a Inglaterra, en 1618.

Los intentos de drenar la laguna

Si El Dorado empezó en Guatavita, la lógica era simple: drenar la laguna y recuperar el oro del fondo. Lo intentaron tres veces.

En 1545, el conquistador Lázaro Fonte organizó una cadena humana de indígenas que sacaron agua en totumas durante semanas. Bajaron el nivel varios metros y encontraron algunas piezas de oro en la orilla. No suficientes para cubrir los costos.

En 1580, el empresario Antonio de Sepúlveda obtuvo una licencia de la Corona española e hizo cortar un tajo en el borde de la laguna para drenarla. El nivel bajó unos 20 metros antes de que el tajo colapsara, matando a varios trabajadores. Recuperaron esmeraldas y piezas de oro. Sepúlveda murió en la ruina.

En 1898, una empresa británica llamada Contractors Limited usó una bomba de vapor y un túnel para drenar casi por completo la laguna. Cuando el lodo del fondo se secó al sol, se volvió tan duro como cemento antes de que pudieran excavarlo. Recuperaron unas pocas piezas. La empresa quebró.

En 1965 el gobierno colombiano declaró la laguna monumento nacional y prohibió cualquier intervención. Hoy es un destino de senderismo dentro del santuario de fauna y flora de Iguaque.

El mapa del mundo como subproducto

Las expediciones a El Dorado no encontraron la ciudad, pero sí llenaron el mapa. El recorrido de Orellana en 1541-1542 fue el primer registro europeo del Amazonas completo. Las expediciones de Raleigh documentaron extensamente la geografía del río Orinoco y la costa de la actual Guyana. Los intentos por encontrar el lago Parime —que no existía— produjeron descripciones detalladas de los Llanos venezolanos y la cuenca del río Negro.

Alexander von Humboldt, que recorrió la región entre 1799 y 1804, fue el primero en demostrar con rigor científico que el lago Parime no existía. En su Viaje a las regiones equinocciales del Nuevo Continente documentó que las supuestas orillas del lago eran las inundaciones estacionales del río Parima —que en época de lluvias puede extenderse decenas de kilómetros— malinterpretadas y magnificadas durante generaciones.

El mito duró casi tres siglos. En ese tiempo movilizó más recursos humanos y cartográficos que cualquier expedición científica de la época, y terminó produciendo, como subproducto involuntario, el conocimiento geográfico más detallado del norte de Sudamérica que Europa tendría por siglos. La ciudad de oro nunca apareció. El mapa sí.

Imagen: Laguna de Guatavita, Cundinamarca, Colombia. Cráter de origen meteórico a 3.000 metros de altura. Centro del ritual muisca que originó la leyenda de El Dorado. Foto: Wikimedia Commons, CC BY-SA.

Fuente original: Museo del Oro — Banco de la República de Colombia

Fuente: Museo del Oro — Banco de la República de Colombia

seguir leyendo

Rutas internas para ampliar contexto

seguir en curiosidades

Más notas de esta sección