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Mbappé le dijo no al negocio más oscuro del fútbol: las apuestas que devoran la pelota

Futbolista anónimo rechazando anuncios de apuestas deportivas en un estadio
El fútbol se volvió una vidriera perfecta para las casas de apuestas: emoción, juventud, ídolos y resultados en vivo.Crédito: Imagen editorial generada con DALL·E para Un Mundo Loco
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Kylian Mbappé entendió algo que muchos prefieren no mirar: las apuestas deportivas no son un sponsor más. No son una marca de botines, una bebida o una aerolínea. Son un negocio que gana cuando el hincha deja de mirar fútbol como fútbol y empieza a mirarlo como una ruleta.

Por eso su posición importa. Mbappé ya se había plantado contra el uso automático de su imagen en campañas comerciales de la selección francesa y, según medios europeos, uno de los puntos sensibles era justamente la asociación con marcas de apuestas como Betclic, además de otros patrocinadores ligados a comida rápida. Su mensaje era simple: un futbolista no tiene que prestar su cara para cualquier cosa.

Y en tiempos donde cada córner, cada amarilla y cada remate al arco puede convertirse en una apuesta en vivo, esa negativa tiene más peso del que parece.

El gesto de Mbappé

Mbappé no hizo una campaña moralista. Hizo algo más incómodo para la industria: puso un límite.

El conflicto por los derechos de imagen de la selección francesa mostró una pregunta que el fútbol moderno evita: ¿el jugador está obligado a aparecer asociado a cualquier sponsor que firme una federación? ¿Puede una estrella decir que no quiere que su rostro venda apuestas, alcohol, comida basura o cualquier producto que considere socialmente dañino?

La respuesta de Mbappé fue política, aunque no usara ese lenguaje. Dijo que la imagen de un futbolista también tiene responsabilidad.

Eso rompe una lógica muy instalada: la idea de que si una marca paga, el jugador sonríe.

Cuándo el fútbol empezó a entrar en este negocio

El fútbol siempre tuvo publicidad. La diferencia es que las apuestas cambiaron la relación entre el hincha y el partido.

Durante décadas, apostar era algo periférico: una quiniela, una casa física, una jugada antes del partido. Con internet y los celulares, el negocio se volvió permanente. Ya no se apuesta sólo al resultado final. Se apuesta al próximo gol, al próximo tiro de esquina, al número de tarjetas, al autor de un remate, al minuto exacto de una jugada.

Ahí el fútbol dejó de ser sólo espectáculo y se convirtió en una máquina de microeventos apostables.

El gran salto llegó cuando las casas de apuestas entendieron que el fútbol les daba tres cosas imposibles de fabricar: emoción en vivo, audiencia masiva e ídolos con credibilidad. Entonces compraron camisetas, vallas, relatos, streamers, influencers y embajadores.

El partido siguió pareciendo el mismo. El negocio detrás ya no era el mismo.

El problema no es apostar una vez

El problema no es que un adulto haga una apuesta aislada. El problema es la arquitectura completa que rodea al fútbol actual.

Las plataformas no venden azar como azar. Venden conocimiento. Te hacen sentir que si mirás mucho fútbol, sabés más que el algoritmo. Que si seguís a un equipo, podés anticipar lo que va a pasar. Que tu pasión te da ventaja.

Esa es la trampa perfecta.

El hincha cree que está usando su amor por el fútbol. En realidad, muchas veces el sistema está usando su amor por el fútbol para empujarlo a apostar más.

Los jugadores que deberían alejarse

Acá hay que ser precisos. No es lo mismo un jugador adicto al juego, un jugador investigado por apuestas ilegales y un jugador que acepta ser embajador comercial de una casa de apuestas. Son situaciones distintas.

Pero hay una línea ética que el fútbol debería discutir: las figuras que prestan su imagen a plataformas de apuestas deberían alejarse de ese negocio.

Neymar Jr. fue una de las caras más visibles de campañas vinculadas a plataformas de apuestas y casino online como Blaze. Ronaldo Nazário, ya como exfutbolista y empresario, apareció asociado comercialmente a Betfair. Figuras históricas como Francesco Totti, Paolo Guerrero, Zé Roberto o René Higuita también fueron utilizadas por casas de apuestas en campañas regionales o de embajadores.

No se trata de acusarlos de cometer delitos. Se trata de otra cosa: cuando una gloria del fútbol recomienda o normaliza una marca de apuestas, no está hablando desde un lugar neutral. Está prestando confianza.

Y en este negocio, la confianza de un ídolo vale más que cualquier aviso.

Por qué es cruel

Es cruel porque el fútbol llega donde la publicidad común no llega.

Llega al chico que mira a su ídolo. Al joven que cree que una combinada puede pagarle el fin de semana. Al hincha que convierte la angustia del descenso en una apuesta. Al que ya perdió y sigue jugando para “recuperar”.

Las casas de apuestas no necesitan que todos pierdan la cabeza. Les alcanza con que una minoría pierda mucho y con que una mayoría normalice el gesto de apostar cada vez que hay partido.

El fútbol, que era una comunidad de pertenencia, empieza a funcionar como puerta de entrada a un casino permanente.

La responsabilidad de clubes y federaciones

El problema no termina en los jugadores. Clubes, ligas, federaciones y medios también tienen responsabilidad.

Si una camiseta lleva una casa de apuestas en el pecho, el mensaje es claro: esto forma parte natural del juego. Si una transmisión mete cuotas antes de un penal, el mensaje es claro: la emoción no alcanza, hay que monetizarla. Si un streamer hace apuestas mientras comenta fútbol para una audiencia joven, el mensaje es todavía más peligroso.

El fútbol no cayó en este negocio por accidente. Entró porque había dinero.

Y salió caro: ahora cuesta distinguir dónde termina la pasión y dónde empieza la extracción.

Lo que Mbappé vio antes que otros

Mbappé no va a limpiar solo al fútbol. Ningún jugador puede hacerlo solo.

Pero su postura deja una señal: los futbolistas de élite pueden decir que no. Pueden preguntarse qué venden cuando venden su imagen. Pueden entender que no todo contrato es igual.

El próximo paso debería ser colectivo: más jugadores rechazando campañas de apuestas, más sindicatos discutiendo derechos de imagen, más federaciones limitando sponsors y más medios dejando de presentar cuotas como si fueran información deportiva.

La idea final

El fútbol pasó a ser parte de este negocio cuando aceptó que la emoción del hincha podía convertirse en una fuente infinita de apuestas.

Mbappé hizo algo simple y enorme: recordó que una cara famosa también puede decir no.

Y en un deporte que vendió casi todo, ese no empieza a sonar como una forma de resistencia.

Fuentes consultadas: Cadena SER · AS · The Guardian · The Lancet Public Health

Fuente: Cadena SER / AS / The Guardian / The Lancet Public Health

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