Colombia llega al cierre de campaña para la elección presidencial del 31 de mayo con un clima que parece más literario que institucional. Drones, miedo, amenazas, polarización y un país que vuelve a votar bajo presión arman una escena que, si García Márquez la hubiera escrito hoy, probablemente habría sonado como una extensión de Macondo.
La elección no está cerrada todavía. Pero el tono del cierre sí: la campaña termina con candidatos hablando ante multitudes, mientras en varias regiones del país la seguridad sigue siendo el tema de fondo.
Por qué Colombia parece Macondo
La comparación con Cien años de soledad no es decorativa. En la novela, el país imaginario de Macondo vive entre lo extraordinario y lo cotidiano, entre la política, la violencia y la sensación de que el tiempo avanza en círculos.
La Colombia real de hoy no es una ficción. Pero el cierre electoral tiene algo de ese clima: una democracia que funciona, pero lo hace bajo presión; una campaña que llega a su final rodeada por amenazas; y una sociedad que parece acostumbrada a normalizar lo excepcional.
AP reportó que en Jamundí y otras zonas el miedo a los ataques con drones pesa tanto como la votación misma. Reuters añadió que grupos armados anunciaron ceses del fuego temporales para respetar la jornada, una señal rara de tregua en medio de la tensión.
Qué está en juego
La elección presidencial del 31 de mayo no es sólo una disputa entre candidatos. También funciona como un referéndum sobre la gestión de Gustavo Petro, especialmente sobre su política de “paz total” con grupos armados.
Eso hace que la campaña no sea sólo electoral, sino también moral y narrativa. Qué país se está votando, qué tipo de seguridad se acepta, qué lugar ocupa la violencia en la vida pública y qué tan cerca está Colombia de poder discutir política sin ruido de fondo.
La imagen final
Si el resultado electoral definirá el próximo ciclo político, el cierre de campaña ya dejó otro dato: Colombia sigue votando en una atmósfera donde el miedo y la esperanza conviven. Y esa mezcla, que en otras naciones sería una anomalía, en Colombia parece parte del paisaje.
Por eso la referencia a Macondo no exagera tanto. Sólo traduce en lenguaje literario una escena que sigue siendo profundamente colombiana: la del país que intenta elegir su futuro mientras el presente no termina de callarse.
