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Los salarios del CONICET se acercan al piso de 2001. Mil quinientos investigadores ya abandonaron el sistema.

Los salarios del CONICET se acercan al piso de 2001. Mil quinientos investigadores ya abandonaron el sistema.

En noviembre de 2023, cuando Javier Milei ganó el ballotage, un investigador del CONICET en carrera de investigador adjunto cobraba un salario que representaba el equivalente a varios salarios mínimos. Hoy ese mismo investigador cobra un 40 por ciento menos en términos reales. El año que viene, según proyecciones del sector científico, los salarios alcanzarán su nivel más bajo desde la crisis de 2001.

El dato lo publicó Perfil hace algunos meses y fue confirmado por múltiples análisis del sector: la combinación de ajuste nominal y desfasaje inflacionario llevó los sueldos del sistema científico a un piso histórico. Para Agustina López Villar, secretaria general de ATE-CONICET La Plata, el problema va más allá del presente inmediato: "El golpe que está recibiendo la ciencia y la tecnología en este momento en nuestro país va a haber su producto en diez años. Y es casi irreversible."

Los números del desmantelamiento

El presupuesto total del sistema científico argentino cayó un 95 por ciento en términos reales desde diciembre de 2023. No es un error tipográfico. La combinación de congelamiento nominal y devaluación produjo ese resultado en dos años. En 2026, la inversión en ciencia y tecnología representa el 0,14 por ciento del PBI —el nivel más bajo desde 1972— cuando los estándares internacionales recomiendan al menos el 0,52 por ciento para sostener un sistema de investigación funcional.

El CONICET perdió el 41 por ciento de su financiamiento respecto a 2024. La Agencia I+D+i, que financia proyectos de investigación, sufrió una caída del 67 por ciento en el año, con una pérdida acumulada del 84,5 por ciento en tres años. El INTI cayó un 46 por ciento. El INTA un 39,6 por ciento. La CONAE —la agencia espacial— un 40 por ciento.

Las transferencias a universidades públicas y al sector científico estatal cayeron un 82 por ciento en el período. Las becas doctorales se redujeron un 39 por ciento. Solo quedan activos 700 becarios de jornada completa.

Quién se fue y quién se va

Desde diciembre de 2023, el sistema científico argentino perdió 5.701 puestos de trabajo considerando CONICET, la Comisión Nacional de Energía Atómica, los servicios meteorológicos, el INTI y el INTA. Solo en el CONICET, la dotación bajó de 11.079 a aproximadamente 9.500 personas —una caída del 14 por ciento—. Unos 1.580 investigadores abandonaron el sistema.

El biólogo molecular Pablo Manavella emigró a España, al Instituto "La Mayora". Desde allí describe una tendencia que los datos confirman: "Muchos investigadores argentinos vienen a España. Tengo dos colegas en mi grupo y cuatro más esperando sumarse." Un microbiólogo de la Universidad de Buenos Aires estimó que aproximadamente el 40 por ciento de los científicos de su departamento —unas 24 personas— estaban buscando activamente irse del país.

En Santa Fe, la pérdida fue de 42 investigadores del CONICET en dos años. Son cifras locales que se replican en cada nodo del sistema federal.

Lo que se cierra y lo que se vacía

El impacto del recorte no es abstracto. Un grupo de investigación recibió 60.000 pesos como cuota de un proyecto importante —menos de cincuenta dólares al tipo de cambio oficial. Los laboratorios operan con heladeras vacías: sin reactivos, sin medicamentos para experimentos, sin posibilidad de reemplazar microscopios dañados. Hace más de dos años que no se aprueban nuevas líneas de investigación. Los PICT —proyectos de investigación del Fondo para la Investigación Científica y Tecnológica— están discontinuados. Los concursos para ingresar a la carrera del investigador científico están cerrados.

El resultado es una interrupción de la continuidad institucional. En ciencia, las carreras se construyen en décadas. Un doctorando que empieza hoy depende de una estructura que tiene que estar funcionando en cinco, diez, quince años. Cuando esa estructura se interrumpe, la cadena de formación se rompe de maneras que no se reparan rápido.

El argumento del gobierno y su límite

El gobierno de Milei enmarca estos recortes dentro de la política de ajuste fiscal que eliminó el déficit primario en 2024 y llevó a Argentina a un superávit. El argumento es que el Estado gastaba por encima de sus posibilidades y que la racionalización era inevitable.

Lo que ese argumento no responde es la asimetría temporal del daño. Un laboratorio que pierde a su investigador principal no recupera esa capacidad cuando el presupuesto se normalice. Una cohorte de doctorandos que emigra lleva consigo el capital formativo que el Estado argentino invirtió durante años. Pablo Manavella no va a volver al día siguiente de que el CONICET aumente sus sueldos.

Los sistemas científicos tienen umbrales de irreversibilidad. Bajo cierto nivel de financiamiento y masa crítica de investigadores, no se degradan gradualmente —colapsan. El debate en el sector hoy no es si hubo daño sino si ya se cruzó ese umbral.

El costo diferido

Argentina tiene una historia de reconstruir su sistema científico después de cada crisis. Lo hizo después de 1976, después de 2001, después de cada etapa de ajuste. Pero cada reconstrucción tardó años y cada una partió de una base más baja que la anterior.

La advertencia de ATE-CONICET es precisa en su formulación: el daño se va a ver en diez años. No en los balances del próximo trimestre, no en las elecciones del año que viene. En la generación de investigadores que no se formó, en los proyectos que no se iniciaron, en los instrumentos que nadie compró y que ya no existen en el mercado a ese precio.

Ese costo no aparece en ninguna planilla del ajuste.

Fuente original: CIICTI / Realpolitik / Perfil / El Cronista

Fuente: CIICTI / Realpolitik / El Cronista / Perfil