Un Mundo Loco ●

EE.UU. apostó $2.000 millones a la computación cuántica. Sin saber cuál tecnología va a ganar.

EE.UU. apostó $2.000 millones a la computación cuántica. Sin saber cuál tecnología va a ganar.
0 / 0

El 21 de mayo de 2026, el Departamento de Comercio de Estados Unidos anunció que distribuirá 2.013 millones de dólares entre nueve empresas de computación cuántica bajo la Ley CHIPS y Ciencia. No es un único ganador. No es una única tecnología. Es una apuesta distribuida sobre cinco enfoques distintos para construir computadoras cuánticas, porque nadie en el mundo sabe todavía cuál de esos cinco enfoques va a producir la máquina que finalmente funcione a escala industrial.

Esa incertidumbre no es una debilidad de la política. Es, en cierto modo, su lógica central: el gobierno federal tomará participaciones accionarias minoritarias en cada empresa financiada, es decir que si alguna de las nueve gana, el Estado recupera parte de lo invertido. Es el mismo modelo que usó con los semiconductores en 1987, cuando financió Sematech para que las empresas estadounidenses no perdieran la carrera de los chips frente a Japón.

Las nueve empresas y lo que hacen

La distribución del dinero refleja la jerarquía del campo. IBM recibe 1.000 millones de dólares — la mayor porción — para su nueva subsidiaria Anderon, con sede en Albany, Nueva York, destinada a fabricar obleas superconductoras para circuitos cuánticos. IBM aportó además 1.000 millones propios en efectivo, patentes e infraestructura como contraparte. GlobalFoundries recibe 375 millones para operar como fundición multi-arquitectura: fabricará chips para empresas que trabajen con tecnologías de iones atrapados, fotónica y silicio-espín, entre otras.

Las otras siete empresas reciben hasta 100 millones de dólares cada una:

  • Atom Computing — computación con átomos neutros
  • D-Wave Quantum — recocido cuántico (annealing)
  • Infleqtion — tecnología de átomos neutros e iones
  • PsiQuantum — fotónica cuántica
  • Quantinuum — iones atrapados
  • Rigetti — superconductores
  • Diraq — silicio-espín (hasta 38 millones)

Cinco modalidades distintas. Cinco apuestas simultáneas sobre cómo controlar un qubit a temperatura operativa y hacerlo escalar hasta millones de unidades sin que el ruido destruya el cálculo.

Por qué cinco tecnologías y no una

En semiconductores clásicos, la industria convergió hace décadas en silicio y litografía óptica. En computación cuántica, esa convergencia todavía no ocurrió. Cada modalidad tiene ventajas distintas y problemas distintos:

Los superconductores — la tecnología de IBM, Google y Rigetti — operan cerca del cero absoluto y logran tiempos de compuerta muy rápidos, pero son difíciles de fabricar a escala y sensibles al ruido térmico. Los iones atrapados — Quantinuum, IonQ — tienen tasas de error más bajas pero son lentos para operaciones en paralelo. La fotónica — PsiQuantum — usa fotones en lugar de electrones y puede operar a temperatura ambiente, pero necesita detectores de fotones individuales que aún no existen en volumen industrial. Los átomos neutros tienen un potencial de escala alto porque se pueden organizar en arreglos bidimensionales, pero su control individual todavía es menos preciso. El silicio-espín usa la infraestructura de fábricas de semiconductores existentes, lo que lo hace manufacturablemente atractivo, pero los tiempos de coherencia son cortos.

No hay consenso científico sobre cuál de estas rutas producirá primero una computadora cuántica tolerante a fallas con millones de qubits. Por eso el gobierno financia todas.

El antecedente: Sematech y los semiconductores

En 1987, la industria estadounidense de semiconductores estaba perdiendo participación frente a fabricantes japoneses. El Departamento de Defensa y catorce empresas — entre ellas Intel, AMD y Motorola — crearon Sematech, un consorcio de investigación con financiamiento federal. El objetivo era mantener la base de fabricación doméstica de chips como infraestructura estratégica, no solo como negocio privado.

Sematech funcionó. La industria estadounidense recuperó terreno. Tres décadas después, cuando el gobierno chino empezó a subsidiar masivamente su industria de semiconductores y la pandemia de COVID-19 reveló la fragilidad de las cadenas de suministro globales, Estados Unidos aprobó en 2022 la Ley CHIPS, con 52.000 millones de dólares para relocalizar fabricación de chips avanzados. Las inversiones en computación cuántica de 2026 son la extensión lógica de esa política: identificar la próxima capa de infraestructura tecnológica crítica y financiarla antes de depender de otros.

Qué significa para el campo

Para las empresas involucradas, el financiamiento federal implica obligaciones: reportes de avance, hitos técnicos verificables, restricciones sobre transferencia de tecnología a entidades extranjeras. No es dinero sin condiciones. Para el campo en su conjunto, señala que el gobierno de EE.UU. considera la computación cuántica una infraestructura estratégica, no una apuesta especulativa de capital de riesgo.

La pregunta que el anuncio no responde es la más importante: ¿cuándo? IBM estimó en 2023 que una computadora cuántica tolerante a fallas — capaz de resolver problemas que ninguna computadora clásica puede — requería entre diez y quince años más de desarrollo. Las otras empresas tienen estimaciones distintas, más optimistas en algunos casos, más cautelosas en otros. Los 2.013 millones de dólares compran tiempo de investigación y capacidad de fabricación. No compran certeza sobre cuándo llegará la máquina que cambie el campo.

Imagen: Demostración de computadora cuántica de IBM en la ITU-WTSA 2024, Delhi. Wikimedia Commons, CC BY-SA.

Fuente original: NIST — Departamento de Comercio de EE.UU.

Fuente: NIST / Departamento de Comercio de EE.UU.

seguir por tema

Rutas relacionadas con esta búsqueda

seguir leyendo

Rutas internas para ampliar contexto

seguir en tecnología

Más notas de esta sección