Un Mundo Loco ●

Implantaron un esófago hecho en laboratorio y el cuerpo lo aceptó como propio. Sin drogas inmunosupresoras

Implantaron un esófago hecho en laboratorio y el cuerpo lo aceptó como propio. Sin drogas inmunosupresoras

Todos los trasplantes de órganos comparten el mismo problema: el sistema inmune del receptor reconoce el tejido ajeno como una amenaza y lo ataca. Para evitarlo, los pacientes trasplantados toman inmunosupresores el resto de sus vidas — medicamentos que suprimen las defensas del cuerpo y los dejan vulnerables a infecciones que para cualquier otra persona serían triviales.

Es el costo inevitable de recibir tejido de otro organismo.

Investigadores acaban de publicar el primer caso en que ese costo no existió. Implantaron un esófago fabricado en laboratorio en un organismo vivo. El cuerpo lo aceptó como propio. No hubo rechazo. No hubo inmunosupresores. El órgano funciona.

Cómo se fabrica un órgano sin provocar rechazo

El secreto está en el andamiaje. Los investigadores tomaron un esófago donado y lo sometieron a un proceso de "descelularización": eliminaron todas las células del tejido, dejando solo la matriz extracelular — la estructura proteica que le da forma al órgano, sin ninguna información biológica que el sistema inmune pueda reconocer como ajena.

Esa matriz vacía es, inmunológicamente, neutral. No tiene marcadores de identidad. El cuerpo no sabe de quién era.

Sobre esa estructura, sembraron células madre del propio receptor — células que el sistema inmune reconoce como propias porque lo son. Las células proliferaron, colonizaron el andamiaje, y produjeron un esófago funcional con la biología del receptor.

El resultado: un órgano con la estructura de un donante y las células de quien lo va a recibir. El sistema inmune ve sus propias células. No ataca.

Por qué el esófago es un hito específico

Los ingenieros de tejidos llevan décadas trabajando en órganos artificiales. Ya existen piel, cartílago y vejiga fabricados en laboratorio con distintos grados de éxito. Pero los órganos huecos — aquellos que tienen que contraerse, expandirse y transportar fluidos o alimentos — son extraordinariamente más difíciles de replicar.

El esófago tiene que coordinar contracciones musculares precisas para empujar el alimento hacia el estómago. Tiene que ser flexible, resistente, y estar conectado a un sistema nervioso que lo controle. Que funcione correctamente después de un implante, sin drogas, es un escalón completamente distinto a lo que se había logrado antes.

Lo que abre

El esófago es el primer órgano hueco muscular funcional fabricado en laboratorio. Si el método escala, la lista de lo que se puede fabricar crece: traquea, intestino, vejiga completa, eventualmente estructuras más complejas.

El problema de los inmunosupresores afecta a todos los trasplantados del mundo — cientos de miles de personas que viven con el sistema inmune deliberadamente dañado para mantener un órgano ajeno. Si los órganos de laboratorio pueden fabricarse con las células del propio receptor, ese problema desaparece.

No hoy. No en cinco años. Pero la dirección está trazada y el primer paso funcionó.

---

Fuente original: Un Mundo Loco

Fuentes consultadas: ScienceDaily — Lab-grown esophagus successfully implanted

Fuente: ScienceDaily

seguir en curiosidades

Más notas de esta sección