El San Francisco Museum of Modern Art anunció que presentará Graciela Iturbide: Between Two Worlds entre el 11 de julio y el 29 de noviembre de 2026, una retrospectiva dedicada a más de cinco décadas de trabajo de la fotógrafa mexicana. La muestra importa porque no se limita a reunir una carrera consagrada: vuelve sobre una artista que hizo de la vida cotidiana, los rituales, los mercados, los cuerpos y los animales una forma de conocimiento visual, sin separar del todo documentó, poesía y antropología.
El dato central es doble. La exposición incluye más de 150 fotografías realizadas entre las décadas de 1960 y 2010, y marca el regreso de Iturbide a una institución que fue la primera en Estados Unidos en dedicarle una muestra monografica, en 1990. SFMOMA organiza el proyecto junto con Fundacion MAPFRE y lo presenta como un recorrido por México, Juchitán, el desierto de Sonora, la Casa Azul de Frida Kahlo y los viajes internacionales de una autora nacida en Ciudad de México en 1942.
Una cámara entre cine y fotografía
Iturbide llegó a la fotografía por un desvio. A fines de los años sesenta estudio en el Centro de Estudios Cinematograficos, pero su relación con Manuel Alvarez Bravo termino empujandola hacia la imagen fija. Ese dato importa porque su fotografía conserva algo de escena y de tiempo suspendido: no parece buscar solamente el instante decisivo, sino un clima donde los objetos, los gestos y las presencias quedan cargados de sentido.
SFMOMA subraya que la muestra pondra obras de Iturbide y Alvarez Bravo en dialogo, apoyandose también en la colección del museo. La relación no es de copia. Alvarez Bravo ayudó a fijar una tradicion moderna de fotografía mexicana capaz de mirar lo popular sin reducirlo a postal; Iturbide tomo esa herencia y la llevo hacia un registró más corporal, ritual y ambiguo.
Sus primeras imágenes recorren mercados y calles de Ciudad de México, fiestas regionales y prácticas donde lo catolico se mezcla con tradiciones indigenas. En esas fotografías, el dato cultural no aparece como explicacion al pie, sino como tension dentro del encuadre: mascaras, aves, procesiones, comida, telas, miradas, silencios.
Juchitán, Sonora y la colaboración como método
Entre fines de los años setenta y comienzos de los ochenta, Iturbide produjo parte de su obra más conocida al vivir y trabajar con comunidades indigenas, incluidas las comunidades seri del desierto de Sonora y las mujeres zapotecas de Juchitán, en Oaxaca. SFMOMA destaca que paso varios años, de manera intermitente, entre las juchitecas, observando el rol central de mujeres y muxes en la vida social.
Ese punto es clave para entender por que sus imágenes resistieron el desgaste de la estetizacion fácil. Iturbide no fotografía desde la distancia del exotismo turistico, sino desde una convivencia parcial, imperfecta, pero sostenida. La cámara registra sin pretender borrar la distancia entre fotógrafa y fotografiado. La imagen final queda en un lugar delicado: es documentó, pero también construccion formal; es encuentro, pero también mediación.
La Nuestra Señora de las Iguanas, tomada en Juchitán en 1979, se volvió una de sus fotografías más reconocibles. La potencia de esa imagen no está solo en la rareza de las iguanas sobre la cabeza de una mujer, sino en la manera en que la figura se vuelve emblema sin perder presencia individual. La fotografía funciona como retrato, como icono y como escena comunitaria condensada.
La habitación sellada de Frida Kahlo
Uno de los núcleos más precisos de la retrospectiva será la serie que Iturbide realizó en 2008 en el baño de Frida Kahlo, dentro de la Casa Azul de Coyoacán. Según SFMOMA, fue la primera persona invitada a entrar y fotografiar ese cuarto, que había permanecido cerrado durante 50 años por pedido de Diego Rivera tras la muerte de Kahlo en 1954.
El episodio tiene una densidad particular. No se trata de fotografiar a Frida Kahlo, sino de fotografiar lo que quedó en pausa alrededor de su cuerpo: objetos personales, dispositivos médicos, restos de vida doméstica, huellas de enfermedad y trabajo. Iturbide entra en un archivo cerrado y lo transforma en imagen sin convertirlo en reliquia muda. La habitación aparece como un segundo retrato, armado con cosas.
La serie también dialoga con una obsesion mayor de su obra: la relación entre cuerpo, ausencia y simbolo. Donde otros podrían buscar fetiche biografico, Iturbide mira materia concreta. El mito de Kahlo no desaparece, pero queda obligado a pasar por objetos: vendas, protesis, frascos, luz, superficie.
Aves, paisajes y una fantasía cotidiana
SFMOMA describe otro tramo de la obra como Everyday Fantastic, una zona donde Iturbide explora la capacidad de la vida diaria para producir imágenes casi irreales sin abandonar el mundo. En sus viajes por Madagascar, India, Italia y Estados Unidos, la fotógrafa volvió una y otra vez sobre animales, en especial aves, y sobre el modo en que una presencia natural puede alterar el sentido de una escena.
En la década de 2010, una visita al sur de Estados Unidos desplazó parte de su mirada desde el cuerpo hacia paisajes más abstractos y expansivos. Ese cambio no rompe su obra: la prolonga. La pregunta sigue siendo como una imagen común puede abrir una zona de extrañeza precisa, sin efectos espectaculares.
La retrospectiva llega después de reconocimientos internacionales, incluido el Premio Princesa de Asturias de las Artes en 2025. Pero su interes no depende solo de la consagracion. Iturbide sigue siendo una figura central porque su fotografía muestra una rareza sin truco: la que aparece cuando una cámara mira de cerca una cultura, un rito o un objeto hasta que deja de parecer obvio.
Imagen: Graciela Iturbide, México, 1969; imagen de prensa de SFMOMA, colección Fundacion MAPFRE, copyright Graciela Iturbide.
Fuente original: SFMOMA