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La carta de Bukowski sobre el trabajo: lo que le escribió a su editor en 1986 y sigue siendo verdad

La carta de Bukowski sobre el trabajo: lo que le escribió a su editor en 1986 y sigue siendo verdad
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En 1986, Charles Bukowski le escribió una carta a su editor John Martin explicando por qué no podía volver a tener un trabajo normal. La carta circula en internet desde hace décadas, compartida en millones de publicaciones. Acá está.


Hola, John:

Gracias por la carta. A veces no duele tanto recordar de dónde venimos. Y tú conoces los lugares de donde yo vengo. Incluso las personas que intentan escribir o hacer películas al respecto, no lo entienden bien. Lo llaman "De 9 a 5". Sólo que nunca es de 9 a 5. En esos lugares no hay hora de comida y, de hecho, si quieres conservar tu trabajo, no sales a comer. Y está el tiempo extra, pero el tiempo extra nunca se registra correctamente en los libros, y si te quejas de eso hay otro zoquete dispuesto a tomar tu lugar.

Ya conoces mi viejo dicho: "La esclavitud nunca fue abolida, sólo se amplió para incluir todos los colores".

Lo que duele es la pérdida constante de humanidad en aquellos que pelean para mantener trabajos que no quieren pero temen una alternativa peor. Pasa, simplemente, que las personas se vacían. Son cuerpos con mentes temerosas y obedientes. El color abandona sus ojos. La voz se afea. Y el cuerpo. El cabello. Las uñas. Los zapatos. Todo.

Cuando era joven no podía creer que la gente diera su vida a cambio de esas condiciones. Ahora que soy viejo sigo sin creerlo. ¿Por qué lo hacen? ¿Por sexo? ¿Por una televisión? ¿Por un automóvil a pagos fijos? ¿Por los niños? ¿Niños que harán justo las mismas cosas?

Desde siempre, cuando era bastante joven e iba de trabajo en trabajo, era suficientemente ingenuo para a veces decirle a mis compañeros: "¡Eh! El jefe podría venir en cualquier momento y echarnos, así como así, ¿no se dan cuenta?".

Ellos lo único que hacían era mirarme. Les estaba ofreciendo algo que ellos no querían hacer entrar a su mente.

Ahora, en la industria, hay muchísimos despidos (acererías muertas, cambios técnicos y otras circunstancias en el lugar de trabajo). Los despidos son por cientos de miles y sus rostros son de sorpresa:

"Estuve aquí 35 años…"

"No es justo…"

"No sé qué hacer…"

A los esclavos nunca se les paga tanto como para que se liberen, sino apenas lo necesario para que sobrevivan y regresen a trabajar. Yo podía verlo. ¿Por qué ellos no? Me di cuenta de que la banca del parque era igual de buena, que ser cantinero era igual de bueno. ¿Por qué no estar primero aquí antes de que me pusiera allá? ¿Por qué esperar?

Escribí con asco en contra de todo ello. Fue un alivio sacar de mi sistema toda esa mierda. Y ahora estoy aquí: un "escritor profesional". Pasados los primeros 50 años, he descubierto que hay otros ascos más allá del sistema.

Recuerdo que una vez, trabajando como empacador en una compañía de artículos de iluminación, uno de mis compañeros dijo de pronto: "¡Nunca seré libre!".

Uno de los jefes caminaba por ahí (su nombre era Morrie) y soltó una carcajada deliciosa, disfrutando el hecho de que ese sujeto estuviera atrapado de por vida.

Así que la suerte de, finalmente, haber salido de esos lugares, sin importar cuánto tiempo tomó, me ha dado una especie de felicidad, la felicidad alegre del milagro. Escribo ahora con una mente vieja y con un cuerpo viejo, mucho tiempo después del que la mayoría creería en continuar con esto, pero dado que empecé tan tarde, me debo a mí mismo ser persistente, y cuando las palabras comiencen a fallar y tenga que recibir ayuda para subir las escaleras y no pueda distinguir un azulejo de una grapa, todavía sentiré que algo dentro de mí recordará (sin importar qué tan lejos me haya ido) cómo llegué en medio del asesinato y la confusión y la pena hacia, al menos, una muerte generosa.

No haber desperdiciado por completo la vida parece ser un logro, al menos para mí.

Tu muchacho,

Hank.


La carta circula en internet desde hace décadas, traducida a docenas de idiomas, compartida en millones de publicaciones. Cada vez que alguien la lee un lunes por la mañana antes de entrar a la oficina, algo en ella sigue resonando exactamente igual que el día en que fue escrita.

Quién era Bukowski cuando la escribió

Charles Bukowski trabajó en casi todo durante décadas: lavaplatos, empleado de correos, obrero en una fábrica de galletas, portero, empleado de almacén. Tuvo más de cincuenta trabajos antes de que la literatura le diera algo parecido a una salida. Cuando escribió esa carta tenía sesenta y seis años y llevaba quince viviendo solo de escribir.

No era un bohemio romántico que nunca había trabajado. Era alguien que había trabajado demasiado y que conocía el costo desde adentro.

Lo que la carta dice sobre el trabajo

Bukowski no argumenta que el trabajo sea malo en abstracto. Argumenta que el tipo de trabajo que la mayoría de la gente hace —repetitivo, subordinado, intercambiable— destruye la energía creativa no porque sea agotador físicamente sino porque fragmenta la atención. Te enseña a no pensar. Te entrena para ejecutar, no para crear.

La observación no es nueva. La hicieron Marx, Thoreau, Bertrand Russell en "Elogio de la ociosidad". Lo que Bukowski agrega es la perspectiva de alguien que vivió en la parte de abajo del sistema económico, no en la comodidad académica desde donde otros criticaron el trabajo.

Sus personajes no son intelectuales atrapados en empleos indignos. Son personas sin red de seguridad, sin apellido, sin contactos, para quienes dejar el trabajo no era un gesto filosófico sino una apuesta real con consecuencias reales.

Por qué sigue circulando

La carta de Bukowski vive en internet porque nombra algo que mucha gente siente pero no sabe cómo articular. Hay una diferencia entre el agotamiento físico de trabajar y el agotamiento más difuso de trabajar en algo que no elegiste, que no te importa, que consume el tiempo en que podrías estar haciendo lo que sí importa.

Esa diferencia es difícil de defender en voz alta sin sonar ingrato o irresponsable. Bukowski la defiende sin disculpas y sin el vocabulario de la autoayuda que convierte el malestar en un problema personal con solución individual.

No dice "encontrá tu pasión". Dice que el sistema está diseñado para que no tengas energía para nada más que el sistema.

Lo que no dice la carta

Bukowski tuvo una red: John Martin, su editor en Black Sparrow Press, le ofreció un adelanto mensual que le permitió dejar el correo en 1969 a los cuarenta y nueve años. Sin eso, la carta no existe. La libertad que describe tuvo un precio que alguien más pagó primero.

Eso no invalida lo que dice. Pero lo completa. La crítica al trabajo como trampa es más fácil de hacer cuando hay alguien que te tiende una red. La mayoría de las personas que resuenan con Bukowski no tienen esa red.

Lo que la carta hace bien es nombrar el problema. Lo que no hace es resolverlo. Eso, también, es Bukowski siendo honesto.

¿Qué dice la carta de Bukowski a su editor sobre el trabajo?

En enero de 1986, Bukowski le escribió a John Martin (Black Sparrow Press) describiendo los años que pasó en la oficina de correos de Los Ángeles. Dice que el trabajo lo estaba matando: no por el esfuerzo físico sino por la trampa de seguir volviendo, de no tener energía para nada más después, de ver cómo el sistema estaba diseñado para consumir exactamente el tiempo y la vitalidad que necesitaría para hacer otra cosa. La carta circula en internet porque nombra esa diferencia entre el agotamiento físico y el agotamiento de trabajar en algo que no importa.

¿Cuándo dejó Bukowski el correo y por qué?

Bukowski trabajó en la oficina de correos de Los Ángeles intermitentemente durante años y de manera continua desde 1958 hasta 1969 — cuando tenía 49 años. Dejó el trabajo cuando su editor John Martin le ofreció un adelanto mensual fijo que le permitía vivir mientras escribía. Sin esa red económica, la carta no habría tenido fin. La libertad que describe tuvo un precio que alguien más pagó primero — algo que el propio texto deja implícito.

¿Por qué la carta de Bukowski sobre el trabajo sigue siendo tan compartida?

Porque articula algo que mucha gente siente pero no sabe cómo decir: hay una diferencia entre el cansancio de trabajar duro y el cansancio más difuso de trabajar en algo que no elegiste y que consume el tiempo en que podrías hacer lo que sí importa. Bukowski la defiende sin disculpas y sin el vocabulario de la autoayuda. No dice "encontrá tu pasión". Dice que el sistema está diseñado para que no tengas energía para nada más que el sistema.

Fuente original: Charles Bukowski - Selected Letters

Fuente: Charles Bukowski - Factotum / Selected Letters

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