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La Piedra de Rosetta no era única, pero cambió para siempre la lectura de Egipto

La Piedra de Rosetta no era única, pero cambió para siempre la lectura de Egipto

El British Museum conserva en Londres la Piedra de Rosetta, un fragmento de estela que hizo posible leer de nuevo los jeroglíficos egipcios después de siglos de silencio. Fue descubierta en julio de 1799 cerca de Rashid, en el delta del Nilo, por soldados del ejercito de Napoleon Bonaparte, y llegó al museo en 1802. Su importancia no depende de la fama: convirtió una escritura pérdida en un problema resoluble por comparación, filologia y paciencia.

El dato decisivo es que el mismo decreto aparece inscrito en tres sistemas de escritura: jeroglíficos, demotico y griego antiguo. Según el British Museum, la piedra conserva 14 líneas de jeroglíficos, 32 de demotico y 54 de griego. Como los especialistas todavía podian leer el griego, esa tercera versión funciono como llave para entender las otras dos. La rareza no estaba en el mensaje, sino en la redundancia.

Un decreto de 196 antes de Cristo

La inscripcion fue tallada en 196 a. C., durante el reinado de Ptolomeo V, que gobernó Egipto entre 204 y 181 a. C. El texto forma parte de una serie de decretos sacerdotales destinados a afirmar el culto real del joven monarca. El British Museum explica que el decreto fue emitido por un consejo de sacerdotes y que debia colocarse en templos importantes de Egipto.

La piedra no está completa. Es un fragmento de una estela mayor. Esa condicion quebrada es parte de la historia: no se conservo un monumento perfecto, sino una porcion suficiente para abrir una lengua. La parte superior, con los jeroglíficos, es la más dañada. La sección griega, en cambio, ofrecio una base más legible para comenzar el trabajo comparativo.

La funcion original del objeto no era enseñar a futuros europeos a descifrar Egipto. Era administrativa, religiosa y politica. Confirmaba la posicion divina de Ptolomeo V en un reino gobernado por una dinastia greco-macedonia. Su fama moderna nació de un usó no previsto: servir como puente entre escrituras.

Jeroglíficos, demotico y griego en una misma piedra

Los jeroglíficos eran apropiados para un decreto sacerdotal y monumental. El demotico era una escritura cursiva usada para asuntos cotidianos en lengua egipcia. El griego era la lengua de los gobernantes instalados tras la conquista de Alejandro Magno. Tres escrituras, tres contextos sociales, un mismo texto.

Esa composición permitió identificar nombres reales, signos foneticos y equivalencias. Thomas Young, físico ingles, fue uno de los primeros en advertir que algunos jeroglíficos registraban sonidos asociados al nombre Ptolomeo. Jean-Francois Champollion avanzo después al comprender que los jeroglíficos no eran solo símbolos ideograficos, sino que también podian registrar sonidos del idioma egipcio.

Champollion anunció un paso crucial de su desciframiento el 27 de septiembre de 1822 en Paris, ante la Academie des Inscriptions et Belles Lettres. Ese episodio no fue un truco genial aislado, sino el resultado de comparar la Piedra de Rosetta con otros textos, nombres de gobernantes no egipcios y conocimiento del copto, lengua descendiente del egipcio antiguo.

El hallazgo militar que termino en museo

La historia moderna de la piedra empieza en una guerra. Napoleon llevo su campaña a Egipto entre 1798 y 1801, con objetivos militares, politicos y científicos. En ese contexto, soldados franceses hallaron la estela el 15 de julio de 1799 mientras trabajaban en una fortificacion cerca de Rashid, conocida por los franceses como Rosetta. El oficial Pierre-Francois Bouchard advirtio su importancia.

Tras la derrota francesa, la piedra paso a manos britanicas bajo los términos del Tratado de Alejandria de 1801, junto con otras antiguedades. Fue enviada a Inglaterra, llegó a Portsmouth en febrero de 1802 y fue presentada al British Museum por Jorge III en julio de ese año.

Desde entonces ha estado casi siempre en exhibición, con una excepcion notable: durante la Primera Guerra Mundial, en 1917, el museo la traslado por seguridad a una estacion del Postal Tube Railway, a unos 50 pies bajo tierra en Holborn, ante el riesgo de bombardeos sobre Londres.

Una llave que no era una pieza única

La Piedra de Rosetta suele contarse como si fuera un objeto irrepetible. En parte lo es por su historia, pero el propio British Museum aclara que existen tres copias casi exactas del decreto de Ptolomeo V y otros decretos similares de los reinados de Ptolomeo III, IV y VI. Hasta ahora se conocen 29 decretos sobre piedra de este tipo en Egipto; 22 permanecen en el pais.

Ese dato reduce el mito sin disminuir la importancia. La Rosetta fue la primera de esas estelas en ser descubierta y estudiada en un momento en que nadie sabía leer jeroglíficos. Su valor no depende de ser única en origen, sino de haber llegado en el momento exacto para transformar un problema intelectual.

También recuerda una leccion sobre los archivos: a veces un documentó se vuelve decisivo no por lo que quiso decir, sino por las relaciones que permite establecer. La Piedra de Rosetta no invento la egiptologia, pero le dio una herramienta concreta. Tres escrituras en una piedra rota bastaron para que una civilización empezara a hablar de nuevo en sus propios signos.

Imagen: la Piedra de Rosetta expuesta en el British Museum, fotografía de Hans Hillewaert en Wikimedia Commons bajo licencia CC BY-SA 4.0.

Fuente original: British Museum

Fuente: British Museum