A 42 años de la muerte de Manuel Mujica Lainez, la pregunta no es si "Manucho" fue importante. Eso está resuelto por premios, traducciones, reediciones y una obra que atraviesa cuento, novela, crónica, biografía, viaje, crítica de arte y fantasía histórica. La pregunta buena es por qué la literatura argentina todavía parece leerlo con incomodidad.
Mujica Lainez nació en Buenos Aires en 1910, perteneció a una familia aristocrática y trabajó durante décadas en "La Nación". Podría quedar archivado como escritor de una clase social, pero esa etiqueta lo achica. Sus mejores libros no son una defensa sentimental del patriciado; son laboratorios narrativos donde casas, linajes, objetos, fantasmas y ciudades se cargan de tiempo.
Buenos Aires como máquina de espectros
"Aquí vivieron" y "Misteriosa Buenos Aires" siguen siendo puertas eficaces para entrar a su mundo. La ciudad no aparece como escenario quieto, sino como acumulación de vidas superpuestas. Una casa puede guardar más historia que una avenida; una anécdota mínima puede abrir una genealogía; un objeto puede sobrevivir a sus dueños y contar mejor que ellos.
Esa manera de narrar vuelve extraño lo cercano. Buenos Aires deja de ser costumbre y se convierte en arqueología doméstica. Mujica Lainez entendió que una ciudad no está hecha solo de planos, edificios y fechas oficiales, sino de rumores, herencias, muebles, apellidos, desapariciones y deseos.
El caso Bomarzo
"Bomarzo", publicada en 1962, marca su ambición mayor. La novela recrea la vida de Pier Francesco Orsini, noble italiano del siglo XVI, y mezcla documentación histórica con imaginación barroca. El libro fue elegido por el diario español "El Mundo" entre las cien mejores novelas en español del siglo XX. Alberto Ginastera lo llevó a la ópera.
Ese dato importa porque rompe el encierro local. Mujica Lainez no escribió solamente sobre Buenos Aires ni para Buenos Aires. Su literatura viajó por Renacimiento italiano, Francia medieval, España del siglo XVI y tradiciones fantásticas. La acusación de escritor decorativo se cae cuando se mira la ingeniería de sus novelas históricas.
Redescubrir sin absolver
La Secretaría de Cultura recuerda que parte de la crítica reciente viene revisando su obra más allá de la biografía y del origen social. Diego Niemetz, investigador del CONICET y autor de un libro sobre Mujica Lainez en el campo cultural argentino, señala un redescubrimiento en los últimos años, con reediciones y nuevas perspectivas de lectura.
Eso no implica convertirlo en monumento sin discusión. Al contrario: conviene leerlo mejor para discutirlo mejor. Su mundo aristocrático, su relación con "Sur", sus amistades con Bioy Casares, Victoria Ocampo, Silvina Ocampo, Borges y otros nombres centrales permiten estudiar poder cultural, gusto, canon y exclusión. Pero reducir la obra a esas coordenadas deja afuera lo literario.
Mujica Lainez murió en 1984 en "El Paraíso", su casa de Córdoba. Dijo alguna vez que había elegido vivir y crear en su país. Esa frase puede sonar solemne, pero en su caso contiene una clave: escribió desde una Argentina que miraba Europa, sí, pero lo hacía con obsesiones locales. Volver a leerlo hoy no es nostalgia. Es revisar cómo una literatura convierte memoria social en arquitectura verbal.
Imagen: retrato de Manuel Mujica Lainez difundido por la Secretaría de Cultura.
Fuente original: Secretaría de Cultura