Pobreza infantil: el 53,6% marca una mejora estadística, pero no una salida

Pobreza infantil: el 53,6% marca una mejora estadística, pero no una salida

La pobreza entre niños, niñas y adolescentes llegó al 53,6% en 2025, según datos de la Encuesta de la Deuda Social Argentina de la UCA difundidos este miércoles 22 de abril de 2026. La cifra baja respecto del 59,7% del año previo, pero conserva una magnitud crítica: más de la mitad de la infancia argentina sigue viviendo en hogares pobres. La indigencia infantil se ubicó en 10,7%.

El informe también advierte sobre inseguridad alimentaria. Cerca de tres de cada diez chicos atravesaron dificultades para acceder a una alimentación adecuada. Esa dimensión cambia la lectura de cualquier mejora porcentual. Bajar desde un pico no equivale a resolver una estructura. La estadística mejora, pero la vida cotidiana sigue cargando una restricción básica.

La pobreza infantil no es una variable aislada

La pobreza en la infancia combina ingresos, vivienda, salud, educación, saneamiento, acceso a información y alimentación. Por eso un número monetario nunca alcanza para describir el problema completo. Un hogar puede superar una línea de ingreso y seguir teniendo hacinamiento, deuda, mala conectividad, controles médicos postergados o dependencia de comedores.

La UCA trabaja con una mirada multidimensional justamente porque la infancia no espera. Cada año de privación modifica trayectorias escolares, salud física, desarrollo cognitivo, vínculos familiares y posibilidades futuras. Una política que mejora tarde puede llegar después de que el daño ya quedó distribuido en el cuerpo y en la escuela.

La asistencia alimentaria como síntoma

El crecimiento de la ayuda alimentaria suele leerse como cobertura estatal o comunitaria. También debe leerse como síntoma. Cuando una mayoría de chicos necesita comedor, tarjeta, merienda reforzada o apoyo territorial para completar su alimentación, el ingreso familiar no alcanza para sostener lo elemental.

La asistencia puede ser indispensable, pero no reemplaza empleo de calidad, salarios suficientes, vivienda digna y acceso estable a salud. Si la política pública se limita a administrar emergencia, corre detrás de un problema que se reproduce antes de que llegue el alivio.

Una mejora que exige cuidado

La baja del indicador frente al año anterior tiene valor. Sería irresponsable ignorarla. Pero también sería irresponsable convertirla en victoria. La frase clave es distinguir coyuntura de estructura: una reducción porcentual puede convivir con privaciones persistentes y con hogares que apenas cruzan una línea estadística.

La infancia funciona como el indicador más exigente de una sociedad. Si el país mejora macrodatos pero mantiene a más de la mitad de sus chicos en pobreza, la recuperación queda incompleta. No hay orden económico estable si la niñez se acostumbra a vivir en déficit.

Imagen: fachada de Casa Nacional del Bicentenario, archivo visual local de Un Mundo Loco.

Fuente original: TN

Fuente: TN