Reforma electoral: PASO, boleta única y ficha limpia entran en la misma pelea

Reforma electoral: PASO, boleta única y ficha limpia entran en la misma pelea

El Poder Ejecutivo envió al Senado un proyecto de reforma electoral que concentra varias discusiones de alto impacto: eliminación de las PASO, cambios en el financiamiento partidario, boleta única de papel, ficha limpia y requisitos más estrictos para formar o conservar partidos políticos. El paquete llega con calendario preciso: modificar reglas antes del tramo que ordenará la competencia presidencial de 2027.

El punto más visible es la supresión de las primarias abiertas, simultáneas y obligatorias. Desde 2009, las PASO funcionaron como filtro, encuesta nacional obligatoria y mecanismo para resolver internas. Su costo fiscal fue siempre un argumento en contra. Su utilidad política, en cambio, dependió de cada elección: a veces ordenó frentes, a veces confirmó candidaturas ya definidas y a veces produjo daños anticipados.

Cambiar la regla cambia el tablero

Una reforma electoral nunca es puramente administrativa. Cada modificación altera incentivos: quién puede competir, cómo se financia, qué alianzas se vuelven viables, qué partidos sobreviven y qué costos debe pagar una fuerza nueva para llegar a la boleta.

La boleta única de papel introduce otra capa. Puede reducir arrastre, robo de boletas y dependencia territorial de aparatos partidarios. Pero también cambia la manera en que el votante visualiza la oferta electoral. La forma material del voto no es menor: una sábana partidaria y una grilla de candidatos producen experiencias políticas distintas.

Ficha limpia dentro de un paquete mayor

La inclusión de ficha limpia agrega una discusión jurídica y política sensible. La propuesta apunta a impedir candidaturas de personas condenadas en segunda instancia por delitos graves, aun sin sentencia firme. Sus defensores la presentan como límite contra la impunidad; sus críticos advierten que puede tensionar garantías, judicializar candidaturas y desplazar decisiones de la arena electoral hacia tribunales.

La pregunta de fondo es qué se protege primero: la competencia abierta, la presunción de inocencia, la integridad pública o la confianza social en las instituciones. El problema no admite una consigna simple. Una democracia necesita candidatos elegibles, pero también reglas que no puedan usarse como arma de exclusión circunstancial.

Financiamiento y supervivencia partidaria

El proyecto también apunta al financiamiento y a la publicidad electoral gratuita. Allí se juega una parte menos visible pero decisiva. Si el Estado reduce herramientas de apoyo a campañas, las fuerzas con más recursos privados o mayor exposición mediática pueden ganar ventaja. Si mantiene un sistema demasiado laxo, abre espacio para opacidad, dependencia económica y favores cruzados.

El endurecimiento de requisitos para partidos completa el mapa. Puede limpiar sellos sin vida real, pero también puede achicar pluralismo. Argentina tiene una historia larga de fragmentación, frentes electorales móviles y partidos provinciales con peso territorial. Modificar esas reglas no ordena solamente una boleta; reorganiza el sistema de representación.

La reforma recién empieza su recorrido parlamentario. Su discusión debería medirse menos por el eslogan del ahorro y más por una pregunta institucional: qué tipo de competencia política quiere producir Argentina para la próxima década.

Imagen: Congreso de la Nación Argentina, fotografía de Abeljorge disponible en Wikimedia Commons.

Fuente original: El País

Fuente: El País